Hace unas semanas tuvimos el placer de sentarnos con Elena Zafón, la responsable de Biznaga Atelier. Elena es una ferviente admiradora de lo que Steve Wonder denominó, en uno de sus álbumes, como La Vida Secreta de las Plantas. Aquel mediodía que pasamos con ella se tocaron diferentes temáticas la mar de interesantes, pero la perla más valiosa que nos llevamos a casa tiene que ver con lo que dijo sobre la sociedad que los humanos tejen, de forma irremediable, con la naturaleza. Nos sentimos atraídos por ella, sugirió Elena.
Es justamente esa atracción, la influencia que la madre tierra ejerce sobre nosotros, la que ahora nos funciona como engarce para hablar de un proyecto que se celebra al aire libre, en un entorno silvestre y rindiendo tributo al paisaje mallorquín: The Glamping. Nahuel Signetto tiene la amabilidad de hacernos un hueco para explicarnos cómo su iniciativa, inaugurada junto a su pareja Antonella Kuni, se ha granjeado un éxito que se repite cada temporada. «Cuando llegamos aquí hace ocho años, nos dimos cuenta del enorme potencial que tiene Mallorca en cuanto a naturaleza y cultura. Es una isla con mucha historia que contar y pocos contadores, aunque cada vez son más». Llegados de Argentina y prendados por las vibraciones que emite la isla, los integrantes de The Glamping pueden considerarse como los narradores de esta historia. Su relato se transmite de forma contemplativa tras acampar en medio de parajes bucólicos. Una experiencia campestre que dura unas pocas noches y que nos acopla a lo más primario: a observar las aves anidando en los árboles, a recorrer a pie los senderos del bosque, a disfrutar de un atardecer antes de que canten los grillos. «Toda esta historia antes estaba tapada por el ruido de la masa, el alcohol y lo barato». Así lo ve Nahuel, y coincidimos con él.
El equipo de The Glamping siempre se ha mostrado sensible al daño que un turismo no regulado, el que viene practicándose en Baleares desde hace décadas, puede causar a la naturaleza. Estamos frente a una de las principales fuentes de riqueza a nivel global; los motivos de ese atropello, como siempre, son económicos. De ahí surge The Glamping. «Nació como una alternativa para el público que busca otra cosa. Cuando aparecen propuestas diferentes, el cliente cambia el chip y se replantea su forma de consumo». Después de que Mallorca les presentara sus capacidades, fraguaron una idea que huía de la prostitución a la que la isla se ve sometida por culpa de lobbies, decisiones políticas y grandes empresas: una clase de turismo respetuoso con la biodiversidad y en el que se conecta con uno mismo. «Nosotros venimos del mundo de los eventos, y enseguida detectamos una falta de proyectos hechos con alma y esencia. Por eso quisimos crear una oferta sostenible a largo plazo, mucho más responsable y consciente».
«Nos gusta el fuego, cocinar con leña, el olor a tierra mojada y los paseos por el bosque».
El modus operandi de The Glamping aglutina varios elementos que son indispensables para su desarrollo. Quienes lideran el proyecto deben encontrar personas con ganas de pernoctar en zonas salvajes, levantar un campamento envuelto en la vegetación y facilitar uno de sus mayores reclamos: tiendas de campaña. «Tenemos tiendas de cuatro y cinco metros de diámetro. El material del que están hechas es algodón orgánico. Protegen del calor y del frío. Los colchones para dormir son viscoelásticos». Todo un privilegio para sentir el lujo de pasar la noche en lugares casi secretos que se reparten por el Monestir de Miramar, un encinar centenario al lado de Inca o su próximo enclave, situado en algún punto cerca de Cala Falcó. Según Nahuel, lo que han hecho ha sido extrapolar sus inquietudes, aquellas que pertenecen a su vida privada, al proyecto. «Nosotros buscamos una vida simple y de campo. Nos gusta el fuego, cocinar con leña, el olor a tierra mojada y los paseos por el bosque». Y es que en The Glamping se puede encontrar todo eso y mucho más.
Durante las experiencias exclusivas que ofrecen – no duran más de tres noches –, el cliente puede disfrutar de distintas actividades, y todas ellas conectan con algo: la tierra, la gastronomía, las constelaciones o incluso nuestro propio ser. Se definen como una empresa de eventos pop up; para nada se parecen a una compañía de turismo convencional. Personalizan el contenido de su oferta considerando las prioridades de las personas que recurran a sus servicios. «No atendemos a particulares, sino a grupos. Organizamos retiros de yoga con Sadhana Works, tenemos un astrónomo que trae su telescopio para observar las estrellas, Tomeu Arbona participa con nosotros en la arqueología gastronómica, Deborah Piña colabora con el proyecto casi desde el principio y también trabajamos con Althea (Nom Nom Craft Bakery) en los desayunos». Como podemos comprobar, The Glamping le abre sus brazos a todo aquel que sume y aporte valor. Por eso en sus experiencias también dan entrada a la danza africana y a la música en directo.
En The Glamping se dedican a lanzar paquetes con todas estas ofertas en fechas concretas. El público, poco a poco, va llenando el cupo de esas experiencias. «La gente puede apuntarse individualmente a un grupo que nosotros formamos, de un máximo de veinte personas. Pero también hay parejas que vienen juntas, incluso con sus hijos. Estas personas duermen en la tienda que hayan elegido». Las comidas y las cenas son momentos para compartir. Por eso la mesa donde sirven los banquetes es alargada, no admite separaciones para que los participantes, aunque no se conozcan, experimenten ese instante de comunión con los demás. Por otro lado, el personal de The Glamping dispone de su propio equipo de cocina, que elabora recetas con conciencia vegana. Cuando no cuentan con la colaboración de otro profesional de la restauración, son ellos mismos quienes compran la materia prima de sus creaciones culinarias. La procedencia del producto, en ese sentido, está garantizada.


«Desde que fundamos esta idea, el mundo ha cambiado. La gente se preocupa por consumir de forma más ecológica».
Una de las claves del proyecto, sin ningún género de dudas, reside en su condición móvil. El campamento de The Glamping es transportable, eso significa que prescinde de una sede central fija. A pesar de que tengan algunas preferencias geográficas que ya hemos mencionado antes, se desplazan por distintas áreas de la isla para no perjudicar el ciclo vital del ecosistema. Así es su formato Nomadic Camp, que no deja huella en el entorno. El impacto negativo es cero. «Cualquier persona puede alquilar nuestras tiendas para alojarse con sus amigos en el lugar que quiera. Si alguien desea realizar un retiro de yoga o celebrar un cumpleaños en una finca privada en medio de la montaña, contrata a The Glamping. Entonces nosotros montamos las infraestructuras de un hotel nómada». Sus tiendas de lujo, fabricadas en Bélgica, no son el único equipamiento del que dispone este hotel: un remolque con algunas duchas fabricadas de forma artesanal, con vistas al exterior para contemplar el cielo y los árboles, representan otra de sus comodidades. Cada tienda no puede albergar su propia ducha porque «no sería sostenible», expresa Nahuel con firmeza.
La flexibilidad que tiene el proyecto ha creado una serie de productos diferentes para targets dispares. Si el extranjero que acude a Mallorca con una serie de actividades ya montadas – discoteca, sol y playa – disfruta de una experiencia con The Glamping, al menos volverá a su país con otra imagen de la isla. Sabrá cuál es el patrimonio natural que contiene esta tierra. De alguna manera, el proyecto creado por Nahuel y Antonella inoculará en la cabeza del consumidor una idea nueva, pero ancestral: el regreso al campo. «Desde que fundamos esta idea, el mundo ha cambiado. La gente se preocupa por consumir de forma más ecológica, más local. Cada vez hay más veganos ya no por salud, sino por respeto a los demás. El proyecto, por lo tanto, está alineado con lo que el mundo hoy ofrece». Cuando preguntamos a Nahuel si es optimista de cara al futuro, no titubea: «totalmente».



