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Little Jarana

(Pequeña) fiesta en casa

GastronomíaProducto LocalSostenibilidadVino
Autor:
Aina Coll
Fotógrafo:
Jaume Oliver
07.08.2026
El número 16 de la palmesana calle Menorca podría ser una vivienda, una oficina o un taller porque el portal, discreto, y la fachada, sin rotulación, pasan desapercibidos si uno va con prisas. Sin embargo, tras las cortinas blancas que cubren los ventanales, unas pocas mesas, una larga barra y el chef Abraham Artigas dan forma a Little Jarana, un bistró íntimo que celebra el placer aparentemente sencillo

Amante de la música, Abraham Artigas siempre había querido ser ingeniero de sonido. De hecho, lo tenía todo listo para mudarse a Barcelona y emprender sus estudios tras el verano. Con la idea de ahorrar algún dinero antes de partir, se metió a trabajar en la cocina de un amigo sin sospechar que esta decisión lo cambiaría todo.

Desde entonces, ha trabajado como consultor alrededor del mundo, tuvo su propia empresa en el sector I+D y se hizo un nombre con los pies en la arena de Ponderosa Beach, pero fue en Deià donde decidió emprender Jarana, un bistró europeo "muy ligado a un ambiente multicultural y cosmopolita", que encajaba como anillo al dedo en el pequeño pueblo de la Serra de Tramuntana.

Jarana resultó ser una suerte de testeo que se alargó tres meses (en los que Artigas reconoce que se lo pasó genial) y se acabó trasladando a un pequeño local de Palma, en asociación con The Wine Side. "Les estaré eternamente agradecido porque me dieron el empujoncito que necesitaba para que Little Jarana tuviera un lugar permanente", cuenta el chef, en un espacio tan discreto que ni luce cartelería en el exterior.

 

"Son los proveedores los que deciden qué cocinamos, y cada dos semanas cambiamos la carta según los vegetales, el marisco y el pescado que tienen"

Con diecinueve sillas para diecinueve comensales y una cocina abierta a las miradas curiosas, "Little Jarana ofrece cocina mediterránea, platos pequeños para compartir en mesa o barra". Que el propio creador del concepto elija una definición tan simple no sorprende a quién conoce la filosofía de Artigas, que huye de lo artificioso y prescinde de lo procesado. Lo suyo es la mínima intervención, entre fogones y también cuando habla, reflexivo, sobre el producto y la temporalidad. "Son los proveedores los que deciden qué cocinamos, y cada dos semanas cambiamos la carta según los vegetales, el marisco y el pescado que tienen" cuenta, bajo una estantería que reúne una excelsa selección de vinos locales e internacionales, vermut y Negroni -su bebida preferida-. Aquí no se bebe nada más, excepto agua.

2026 está siendo un año de alegrías para el proyecto, que ha sido reconocido por la guía Michelin. Artigas recibe el hecho con gratitud y admite que "da alas para seguir haciendo lo que queremos" pero no parece perder el foco: "lo que más nos llena es que nuestro establecimiento esté lleno cada día", sostiene quien concibe su restaurante como su propia casa y a los clientes como parte de la familia: "Lo que importa aquí es servir placer, lo que está en el plato y lo que sucede alrededor".

 

 "Lo que importa aquí es servir placer, lo que está en el plato y lo que sucede alrededor"

Esta mirada hedonista confirma que Little Jarana no es un restaurante al uso. Con un servicio personalísimo y empecinado en aportar algo a la comunidad, Artigas entiende su proyecto en sintonía con el término anglosajón neighborhood restaurant, es decir, un negocio que propicia una relación cercana con el comensal y fomenta la colaboración con productores e iniciativas locales. "Invitamos a chefs, productores de vino y proveedores a impartir workshops para que la gente no solo disfrute, también aprenda sobre otras regiones vinícolas y culturas de alrededor del mundo. Buscamos enriquecernos mutuamente con profesionales de cocinas diferentes pero que, como nosotros, buscan la excelencia del producto. Traer alguien de fuera trae alegría, rompe la monotonía".

La cocina de Artigas es fresca y creativa, una invitación al goce y una reivindicación de la pureza del buen producto, todo a la vez. O al menos así la definiríamos nosotros tras catar, en la barra, una refrescante gamba roja aliñada con cítricos y un delicioso melocotón con mascarpone casero y chili. Entre bocado y bocado, charlamos acerca de la importancia de estar donde uno quiere estar y alineado con lo que cree. "Para mí es muy importante que haya una relación entre lo que podemos hacer, queremos hacer y dar el mejor servicio. Para ello, tienes que enfocarte en dar a la persona que viene a tu casa algo que merezca el dinero que está pagando por ello. No es una fórmula matemática, cada persona es un mundo, hay que saber leer a quien viene y trabajar desde la excelencia. No hay otra posibilidad".