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Mamalula

Joyería de autor a cuatro manos

Producto Local
Autor:
Aina Coll
Fotógrafo:
Jaume Oliver
04.06.2026
¿Qué se siente al desviarse de lo preestablecido para apostar por lo que uno desea? María y Mercedes Saura, dos hermanas de Alicante que viven entre Mallorca y Madrid, lo saben. Hace ya más de una década, la primera andaba combinando trabajos a media jornada con el diseño de joyas propias y la segunda en una agencia de publicidad cuando, en 2015, “se alinearon los astros” y se dijeron, la una a la otra, “es ahora o nunca”.

María y Mercedes sonríen recordando anécdotas y se preguntan quién va a responder a nuestras preguntas, aunque apenas importa quién lo haga porque se interrumpen con la complicidad de dos hermanas bien avenidas. En su taller, que comparten con Artisteo y Biznaga Atelier, reconocen que la entrevista les ha servido para rememorar sus inicios: María -formada en Bellas Artes y en joyería por la escuela Massana- y Mercedes -licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas- decidieron sumar sus talentos para escapar de “un mundo estresante” y arrancar un proyecto a cuatro manos.

En realidad, María, -inquieta y soñadora- ya creaba por entonces sus joyas, influenciada por una visión contemporánea conectada al arte. Mientras tanto, Mercedes -reflexiva y organizadora- le echaba un cable para montar un dosier, poner las palabras adecuadas y sacar unas fotos porque, reconoce, “siempre ha tenido los pies en la tierra”. Sin embargo, a nivel profesional, algo no acaba de encajar. 

Decididas a afrontar la situación, Mercedes se formó durante tres años, cambió el ordenador por el taller y juntas fundaron Mamalula, una firma de joyería artesanal que convierte la abstracción -el recuerdo, la resistencia íntima, el viaje interior- en piezas minimalistas y atemporales. “Somos tímidas, introvertidas y observadoras, nuestro entorno y lo cotidiano nos llena. Una sombra que se proyecta en una pared mientras nos tomamos un café, un libro, un poema… para nosotras son un motor”, cuenta María. 

Esa actitud curiosa que se detiene en el detalle se percibe en sus joyas, un ejercicio sutil, aparentemente simple, pero con mucho carácter, que las ha llevado a colaborar hasta en tres ocasiones con la galería de arte Hauser & Wirth y otra con el Museo Chillida Leku. “Un regalo en todos los sentidos. La vida te conecta con cosas con las que jamás imaginarías”.

“Somos tímidas, introvertidas y observadoras, nuestro entorno y lo cotidiano nos llena. Una sombra que se proyecta en una pared mientras nos tomamos un café, un libro, un poema… para nosotras son un motor”,

El desarrollo de las colecciones convive con la creación de joyas a medida, que afrontan desde el diálogo y la empatía. “Acabas creando un vínculo muy bonito con la gente e incluso algunos se convierten en nuestros amigos porque a veces vienen con ideas claras y otras no, y entonces ahí tienes que tener una conversación”, cuenta María.

Fieles a la filosofía con la que nació la marca -diseñar y producir artesanal y localmente con el propósito de fomentar la economía circular- han ido construyendo “una pequeña familia” con sus proveedores de confianza, aunque son conscientes de que el relevo generacional en oficios como el de grabador o soldador no pasa por un buen momento a pesar de la época de esplendor que vive el sector. “Antes era un gremio que pasaba de padres a hijos, y era muy masculino. Cuando yo estudié, casi todas éramos mujeres, y ahora ha habido un boom”.

La volatilidad del mercado de materias primas es otro de los retos a los que se enfrentan -de hecho, recientemente han tenido que actualizar sus precios-, pero las hermanas Saura buscan alternativas. “La plata y el oro son perdurables, se pueden heredar y transformar, así que invitamos a los clientes a recuperar una pieza heredada porque no solo es sostenible, hay un valor sentimental asociado, un carácter simbólico”.

Entre el concepto y el diseño, también sacan tiempo para organizar e impartir talleres concebidos con el fin de “mostrar la parte artesanal y poner en valor el proceso” y ofrecer, más que técnica o formación, un espacio en el que juntarse, compartir y jugar con las manos. “Una experiencia creativa con la ilusión de llevarse una pieza hecha por ti”, subraya Mercedes.

“Hemos conocido gente de Islandia, Nueva Zelanda, Australia… que vengan a conocerte y a decirte que tú trabajo les ha llegado es un subidón, te dices a ti misma que algo estás haciendo bien”.

Afín a su manera de entender la joyería, el público de Mamalula es en gran parte de la isla, pero también gozan de la confianza de los visitantes. Curiosamente, muchos llegan desde Es Baluard Museu d’Art Contemporani, donde se exhiben y venden sus joyas. “Hemos conocido gente de Islandia, Nueva Zelanda, Australia… que vengan a conocerte y a decirte que tú trabajo les ha llegado es un subidón, te dices a ti misma que algo estás haciendo bien”. 

María llegó a Mallorca por amor hace trece años y se quedó por amor a la isla. Mercedes pasaba largas temporadas en casa de su hermana antes de ser madre, aunque ahora, siempre que puede, coge un avión porque aquí, aseguran, han encontrado el ritmo que les permite crear y vivir con la calma que necesitan. Y eso se nota tanto en sus joyas como en su hospitalidad, risueña y acogedora, entre las plantas y los acrílicos del espacio compartido. “Este taller es la resistencia”, afirman, “nos apoyamos un montón y nos retroalimentamos. Aquí puedes disfrutar, mancharte, jugar. Venir fue un gran acierto”, sentencia María.