Marcar como favorito

Belén Pez

Ilustraciones que llaman al verano

CulturaArte
Autor:
Joan Ramis Boscana
02.17.2023
Nos sentamos un mediodía con Belén Pez tras el mostrador de su puesto en el mercado de La Rambla, una ilustradora que llegó a Mallorca hace ya ocho años. Su obra ha podido contemplarse en varias exposiciones y sus murales han sido objeto de numerosas miradas en distintos festivales. Puro talento.

El Mediterráneo atesora un magnetismo al que es complicado hallarle explicación. ¿Qué clase de influjo ejercerá el mar que nos arrastra allá donde esté? Uno puede sentarse en la playa y dejarse mecer por el arrullo de las olas, perderse entre las tonalidades de azul que refulgen bajo el sol. Algunos aseguran que el mar infunde respeto; otros, en cambio, sondean sus profundidades, estudian sus texturas, caen rendidos ante su estética para percatarse de que es ahí, en las regiones bañadas por su belleza, donde quieren construir su hogar. Esa fue la decisión que tomó Belén Pez hace ocho años, una ilustradora que después de pasar tres lustros en Madrid – ella es de Toledo – fijó su vista en Baleares porque quería mudarse cerca del turquesa de sus aguas. «Esta era la meta: vivir al lado del mar. Así cogimos impulso. También queríamos un curro en el que no hubiese jefes y que nos apasionara, que nuestro modo de vida fuese nuestro trabajo e ilusión». Belén habla en plural porque en esos deseos también figura su pareja: Kilian Bermúdez. Un fotógrafo madrileño cuyo papel en el arte de Belén ha sido determinante, como también lo ha acabado siendo Mallorca. 

Y aunque un lugar pueda ser decisivo a la hora de influir en la obra de alguien, bien es cierto que sin talento ni esfuerzo es difícil llegar a buen puerto. Tal es el caso de Belén. «Yo desde pequeña he pintado. Estudié el bachillerato artístico y siempre tuve inquietudes hacia la pintura, pero nunca pensé que podría dedicarme a esto a nivel profesional». A pesar de la incredulidad que la asalta cuando contempla su presente, los inicios de Belén corresponden a los de una mente inquieta. Desde joven demostró tener un espíritu muy apegado a las artes, una ligazón temprana que explica su actual destreza como ilustradora. Nos encontramos rodeados de su obra en el puesto que tiene en un mercadillo de La Rambla, en Palma. «En un principio pensaba que iba a dedicarme a la música o al teatro. En Toledo iba a clases en el conservatorio y en Madrid estudié cine. Nunca creí que iba a llegar a vivir de mis pinturas». Resulta difícil ganarse la vida con el arte, de eso no hay duda; pero al ladear la cabeza para apreciar la obra de Belén Pez, entendemos que haya encontrado su lugar en los nichos que ofrece este romántico oficio. 

«La pintura tiene algo de desahogo y evasión, de no pensar en nada». 

En sus creaciones habita un elemento intangible que invita a la relajación, a la calma. Sus cuadros respiran una paz y un buen rollo que quizá se debe – aquí estamos adivinando – a la tranquilidad con la que ella misma los produce. «A diferencia de la música y el teatro, para mí la pintura ha sido siempre una vía de escape. Antes de rodar un corto o de dar un concierto yo tenía que preparármelo mucho, tenía que trabajar duro. En cambio, la pintura tiene algo de desahogo y evasión, de no pensar en nada». A veces existe una constante en el trabajo de todo artista, y creemos que el de Belén no es una excepción. Su obra está compuesta por láminas de distintas dimensiones en las que su imaginación, incansable, proyecta imágenes donde la presencia femenina juega un rol preeminente. Figuras de muchachas en bañador tocadas con una pamela, de chicas practicando skate iluminadas por el sol, de mujeres envueltas en albornoces luciendo gafas de sol. Todas ellas presentan un denominador común: sus rostros no tienen rasgos. Caras indefinidas que confieren un grado de anonimato que, por otro lado, facilita un enorme nivel de identificación con el público. Cualquiera podría ser una de ellas. 

Aunque el disparo que marca el arranque de su andadura se remonta desde muy atrás, la trayectoria artística de Belén – al menos la que ha divulgado al público – nació con el proyecto de Kilian, su compañero de vida. «En Kiliart él se encargaba de la parte fotográfica porque ese es su trabajo. Yo ahí me dedicaba a lo puramente artesano: cortar y lijar madera, dar betún, pintar los marcos. El acto de pintar siempre ha estado ahí. También elaboraba los diseños de las pegatinas y tarjetas. Al principio fue un proyecto en el que se necesitaban dos personas». El mar constituye el eje central del trabajo artístico de Kilian, que retrata las playas de Mallorca que, de alguna manera, fueron el imán para que esta pareja se mudara a Baleares. Sin embargo, la situación empezó a tomar otras formas cuando Kiliart echó andar por sí solo. Entonces llegó la pandemia, el confinamiento, y Belén se afanó en recuperar un talento que jamás desapareció, aunque le tuvo que dar lustre para mostrarlo en todo su esplendor. «No sé si fue por el aburrimiento de la pandemia, pero empecé a pintar un montón. Surgió solo, no fue una decisión planeada. De repente, empecé a publicar lo que hacía y llegaron los primeros encargos». 

«Empecé a fijarme en situaciones cotidianas de aquí. Me dio por dibujar más Mediterráneo».

Estas primeras peticiones por parte del público pillaron a Belén Pez por sorpresa; en aquel momento, su obra no estaba ni siquiera a la venta. Sus dibujos permearon en sus seguidores a través redes sociales, su nombre empezó a sonar y su estilo también evolucionó. En sus comienzos, Belén abordaba su proceso creativo con otros materiales, principalmente lápices y blocs de acuarelas. Fue ya más tarde, al descubrir algunos cursos muy útiles en Domestika, cuando la digitalización de su arte le alumbró nuevos caminos. En la actualidad, la tablet es para ella la herramienta con la que se expresa a golpe de historias, trazos y color. «Fue en ese momento cuando empecé a fijarme en situaciones cotidianas de aquí. Me dio por dibujar más Mediterráneo. Hago una mezcla de lo que ya me gustaba hacer con mis chicas y lo aplico a los elementos y tradiciones de Mallorca». Belén se refiere a las chumberas que se asoman a los bordes de las carreteras, a un plato de pa amb oli servido sobre una mesa, a uno de los búnkeres que flotan sobre la arena de Es Trenc. Así es cómo hoy funciona el ingenio artístico de Belén, que captó la atención de H&M para que pudiera exponer en las paredes de su tienda, en Palma. Un logro que acarreó un punto de inflexión en su carrera, pues «supuso un escaparate brutal que me ha lanzado a conseguir muchos trabajos». 

Cuando Belén Pez habla de esos trabajos hace mención a varios éxitos: al cartel de las Sunset Parties de HM Hotels, al container que pintó para el After Sun Market de Port Adriano, a la ilustración que le encargaron para el primer aniversario de Uco Bakery o al fantástico mural de quince metros que pintó en el Let’s Art Festival 2022. Los mercados son uno de los puntos de venta donde puede comprarse su obra. Mercados como este donde estamos hoy, entre bastidores, detrás del mostrador donde se detienen los curiosos. Las tiendas Estiu Concept Store, Rialto Living, Just Sant Elm, Rem Taller, La Insular y Etcétera también han apostado por su arte, que no para de crecer porque su talento y su modo de vida están siempre en movimiento. Para capturar su inspiración, Belén y Kilian meten sus enseres en su caravana y recorren la isla con sus perros en busca de las musas. «La última vez que estuvimos en Formentera me llevé la tablet. Un día estábamos tomando una cerveza y me levanté para dibujar una iglesia que había en medio de una plaza. Los viajes son lo que más me inspira».