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Doble Coffee

Café doble y brunch, ¡por favor!

Ahora entendemos por qué está tan de moda el brunch. Si siempre es como el que preparan en Doble, ¿quién puede resistirse a él?

Autor: Aina Coll

Fotógrafo: Jaume Oliver

Bocados salados y delicias dulces. Zumos, batidos y cócteles. A la carta o en forma de menú cerrado. Casi todo está permitido en un brunch, esa fusión entre el desayuno y el almuerzo que, dicen, se remonta al siglo XIX, cuando la alta sociedad británica la puso de moda. Y lo cierto es que, a nosotros, este espacio de indulgencia y placer, que siempre asociamos a un domingo relajado, nos seduce y encanta -cualquier día de la semana-.

Con el propósito de deleitarnos con una propuesta desconocida hasta la fecha, nos vamos hasta Esporles una mañana de enero bien soleada. En un espacio de estética minimalista pero acogedora, la luz atraviesa las ventanas y hace resplandecer el blanco que impera en el local. Acabamos de entrar en Doble Coffee y, de camino hacia la barra, nos encontramos en un expositor con buenos amigos de Travel to Zero: las barritas naturales hechas en Lloseta de Megaraw Bar y las camisetas estampadas artesanalmente de Molta Muntanya. Esto pinta bien.

Escogemos una mesa bajo los potos que cuelgan -nos encanta el verde- y observamos a la clientela, que conforman personas que teclean sin cesar sus portátiles y pequeños grupos que charlan distendidamente. Mientras, clásicos del rock de toda la vida suenan y envuelven la escena: Scar Tissue, de Red Hot Chili Peppers, y Have you ever seen the rain?, de Creedence Clearwater Revival, ponen la banda sonora. Inmejorable hilo musical para subir el ánimo.

La carta del Doble nos seduce al primer vistazo: tostas variadas, llonguets -amamos los llonguets, también-, pancakes, zumos naturales, cervezas -entre ellas, la vecina Sullerica- y café de especialidad. Mientras descubrimos un rinconcito para los más pequeños -con juguetes y pinturas- nos fijamos en las camareras, que van atendiendo a la clientela sin pausa y con una sonrisa contagiosa.

Cuando llega nuestro turno, pedimos: un zumo de naranja, jengibre y zanahoria -que ya avanzamos que sabe a gloria- y un capuccino que nos sienta a las mil maravillas: espumoso y sabroso, el café es de la marca barcelonesa Hidden. Para comer, encargamos unas tostas de pan de masa madre (difícil resistirse) con tomate, rúcula, pesto de almendras, burrata tibia y cebolla caramelizada. La propuesta ya es suculenta por sí misma, pero para acabar de redondearla, le añadimos sin problema un huevo poché.

Entregados al placer, pedimos un English Muffin con huevos benedictinos, salsa holandesa y bacon y, por si no es suficiente, rematamos la jugada con unos pancakes sin gluten con fruta de temporada (plátano y arándano), mermelada de frambuesa y sirope de arce. Todos los platos llegan con una presentación impoluta y mimada, y cada bocado sabe a gloria. Ahora entendemos por qué está tan de moda el brunch. Si siempre es como el que preparan en el Doble, ¿quién puede resistirse a él?

Doble se presenta como un café que apuesta por el comercio justo y el respeto por el medio ambiente. Un lugar en el que los valores rigen las elecciones diarias. En realidad, por eso decidimos venir aquí. Su filosofía se traduce en platos suculentos, buena música, un espacio contemporáneo y pet friendly, muy buen servicio y una carta que invita a regresar.

La tostada mallorquina, con tomate, espinacas, almendras, dátiles y amaretto con mermelada de tomate casera y el llonguet de camaiot y queso brie nos han guiñado el ojo. La carta, además, se extiende a almuerzos y cenas. A nosotros también nos encanta el café doble, así que volveremos a vernos muy pronto en Esporles.

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