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Sullerica

Sóller tiene un sabor muy especial

Nueve horas es el tiempo que se necesita para elaborar una cerveza Sullerica. Un sorbo nos ha bastado a nosotros para caer rendidos a sus pies.

Autor: Joan Ramis Boscana

Movernos hasta Sóller se está convirtiendo en una suerte de rutina, una costumbre a la que no le hacemos ascos porque el pueblo es una mina de proyectos que destilan solera, innovación, respeto. Iniciativas con un profundo arraigo a esta tierra que se asienta en la planicie de un valle protegido por las montañas. Han pasado las doce del mediodía cuando atravesamos las calles del centro, momento que aprovechamos para acercarnos a Miga de nube y así reservar mesa. En la carta que han colgado junto a la entrada, hay una bebida que capta nuestra atención porque figura en la oferta de muchos restaurantes de la zona. Su nombre es Sullerica, una cerveza artesana que hace burbujear la propuesta gastronómica de numerosos bares y terrazas. Como tenemos dos horas por delante, decidimos acercarnos hasta sus instalaciones para conocer a sus responsables y, de paso, sumergirnos en su espuma.

Casi nadie diría que el color dorado de Sullerica sale del Camí des Camp Llarg, una calle que pasa algo desapercibida y que está delimitada por un muro de piedra. Sobre esa pared se asoman las ramas de algunos naranjos, un árbol que en Sóller es casi sagrado, y que en mayo exhala su perfume por todas las coordenadas de la comarca. La dueña de esa fragancia es la flor de azahar, la esencia sobre la que descansa la primera cerveza que elaboró Guillem Coll. Una mente curiosa, un inconformista. La persona que pone sus conocimientos y su talento al servicio de Sullerica. Su proyecto vio la luz en 2012, un negocio fermentado con dosis de amor junto a Maria Bel Rotger, su pareja. Es en su obrador donde ella nos atiende, el espacio en el que brota la magia para que se celebren las catas que ambos organizan. Maria Bel nos relata el funcionamiento de la maquinaria que tenemos a nuestro alrededor, nos descubre las ventajas de un sistema en el que nada se desperdicia: la malta sobrante la recogen algunos ganaderos de la zona, el agua se reutiliza para la siguiente elaboración. Mientras nos explica esta genialidad de la economía circular, nos sirve una cerveza para que la degustemos.

Se trata de la Sullerica Original, el producto que los puso en el mapa de Mallorca y que colorea nuestro vaso con un tono castaño. Le damos un sorbo, un trago que desciende por nuestra garganta con una textura suave, casi sedosa, y que en el paladar deja un sabor floral cuya culpable es la hierbaluisa. Se agradece que el romero se note lo justo, que no eclipse el resto de los ingredientes con la potencia de su sabor. Para compensar la sutileza de esta Original, probamos una 1561 que es una oda a los viajes extremos en cortos lapsos de tiempo. Se acomoda en nuestra boca con una dulzura agradable, pero luego demuestra ser un culo inquieto y se desplaza hacia el amargor. Una transformación que viene dada por su carácter, pues es una IPA con una graduación de siete grados que se ha preparado con aceitunas verdes. De Sóller, por supuesto. Y ya para cerrar esta cata medio improvisada, terminamos con una birra que han denominado Valenta. Otra IPA que reivindica su fuerza con menos vigor que la anterior, pero que mantiene la chispa de esta familia de cervezas con un mayor grado de frescor. Aderezada, eso sí, con pétalos de rosa.

Sullerica tiene un catálogo de cinco productos, y nos hemos quedado sin probar la Blanca, que lleva trigo xeixa y piel de limón. También nos falta haber degustado la Fosca, su cerveza más laureada que se mezcla con cacao puro y que tiene el color de la noche. La buena noticia es que los puntos de venta de este proyecto se esparcen por toda la isla, desde los supermercados Agromart a tiendas tan concretas como Sa Madona de Ca’n Xinet. Estamos hablando de una cerveza artesana con identidad mallorquina que tiene cuerpo, aroma y que se consigue mediante un proceso de elaboración perfectamente controlado y natural. Nueve horas es el tiempo que se necesita para elaborar una cerveza Sullerica. Un sorbo nos ha bastado a nosotros para caer rendidos a sus pies.

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