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MegaRawBar

Barritas saludables para deportistas made in Mallorca

Producto LocalEcológico
Autor:
Aina Coll
Fotógrafo:
Jaume Oliver
09.27.2023
Paolo Tornarini siempre ha sentido interés por la nutrición. Descendiente de una familia de chefs y pasteleros, entender la forma en la que nos alimentamos y cómo ésta influye en nuestro bienestar es un tema que le apasiona. Ahora, a través de Megarawbar ha reinventado el concepto de barrita y, de paso, el de recuperación muscular.

Cuando le preguntamos a Paolo Tornarini cómo se ha gestado Megarawbar y, sobre todo, cómo ha sido el camino hasta llegar aquí, el italiano resopla y no puede disimular la enorme sonrisa que se dibuja en su cara. Quizá porque su historia es, como esas historias interesantes y apasionadas que tanto nos gustan, fruto de una idea que surgió sin grandes expectativas pero que fue, imparable y orgánica, cogiendo forma con esfuerzo y muchas ganas.

«La primera barrita que creé fue un experimento. Una prueba para mi hijo y para mí, que somos dos aficionados a las bicicletas», nos cuenta Paolo mientras conversamos en su local de Lloseta rodeados de referencias ciclistas. «Siempre me había interesado la alimentación. En mi familia hay chefs y pasteleros, y yo mismo, al llegar a Mallorca hace ocho años, empecé a trabajar en la cocina de un hotel». Sin embargo, su proyecto actual nació lejos de este entorno.

«Hice unas barritas con ingredientes naturales como un experimento. Me interesa mucho la nutrición y la salud, y quería probar una alternativa a la comida para deportistas a la que estamos acostumbrados». Así creó sus primeras elaboraciones y las dio a probar. El feedback no pudo ser mejor y cuando un amigo le propuso participar en un evento ciclista en Consell, no pudo negarse. Sin sospecharlo, Megaraw estaba a punto de dar su primer gran paso, pues la idea gustó -y mucho- a los ciclistas y a las marcas colaboradoras.

«Después del confinamiento la gente estaba muy receptiva emocionalmente ante ideas nuevas, sobre todo si estaban hechas aquí».

Animado por las críticas positivas, Paolo compró en Madrid una máquina para mejorar el formato de las barritas y pidió las cajas a una empresa de su país de origen. El día en el que el pedido llegó a la isla, nos confinamos y «allí se paró todo». O no. Encerrado en casa y con tiempo para investigar, Tornarini fue dando forma al proyecto y, por fin, en verano salieron a la venta las primeras unidades. «Tuve que hacer un trabajo comercial muy intenso para dar a conocernos, pero en ese momento la gente estaba muy receptiva emocionalmente ante ideas nuevas, sobre todo si estaban hechas aquí».

Después de esa llegaron cinco más, todas producidas a partir de ingredientes naturales y ecológicos como dátiles, naranjas o pistachos, porque Megarawbar no sólo es un producto pensado para la recuperación de deportistas, Megaraw es, también, una invitación a replantearnos qué comemos y cómo esta forma de alimentarnos afecta a nuestra salud, la de hoy y la de mañana. «Por eso no fabricamos en base a lo que nos cuesta la producción, lo hacemos en función de lo que necesita realmente un deportista», sentencia firmemente.

Enfocado en esta búsqueda de una alternativa saludable, la investigación es parte imprescindible de un proyecto que, recientemente, ha lanzado sus primeros recovery formulados con avena, plátano, proteína de guisante y superfoods como la maca, el baobab y el açaí, alimentos cargados de nutrientes, proteínas, minerales y fibra, y exentos de gluten, lactosa y de cualquier ingrediente de origen animal.

La producción de cada barrita se lleva a cabo en Lloseta. En este pueblo a los pies de la Serra de Tramuntana, Paolo vive con su familia y aquí encontraron, gracias a un amigo, el local ideal. «Nuestra idea era tener un obrador y una tienda, pero surgió la posibilidad de la cafetería y dijimos ¿por qué no?». Dicho y hecho. Al principio, «pensamos que no vendría nadie y que sería nuestra oficina, pero durante la temporada alta de ciclistas ha sido una locura y, aunque el concepto ha resultado difícil de explicar, cada vez viene más gente del pueblo y eso nos encanta», cuenta Paolo.

El escenario de la cafetería la conforman mesas, bicis, tostadas vegetales y repostería -increíblemente rica- que elabora Serena, la mujer de Paolo, y un equipo de trabajadores jóvenes del pueblo. Serena Sirini, que se une ahora a la conversación, también se dedicaba al mundo de la cocina antes de Megarawbar. Especialista en repostería crudivegana, ya regentó un local en el pueblo en el que elaboraba tartas y pasteles plant based por encargo. Ahora se encarga de la producción y la gestión de proveedores y, aunque «la técnica es muy diferente, cada pequeño desafío es un nuevo aprendizaje», nos cuenta.

«Hacer la revolución es difícil, pero nosotros sembramos nuestra semilla».

Entre reto y reto, la pareja teje alianzas con deportistas, empresas y emprendedores con los que comparten valores e inquietudes. De estas nacen colaboraciones made in Mallorca, como la barrita que han ideado con Johannis - Es Garrover -cuyo ingrediente estrella, claro, es la algarroba de la isla- o su última apuesta, la barrita que han creado junto al ciclista (y campeón del mundo de Gravel), Joan Horrach.

Creando comunidad, con deportistas profesionales y amateurs, de aquí y de allá, y con cada vez más público residente. Así va escribiendo su presente y sembrando su futuro Megaraw, que ya exporta a Italia y a Portugal, además de Madrid, Alicante y Cataluña, en España.

Conscientes de que «Mallorca es un escaparate», la vista está puesta en el crecimiento orgánico que trabajan desde las cinco de la mañana hasta la noche para abaratar costes sin renunciar a la mayor cantidad de producto de proximidad posible con un noble objetivo: aportar su granito de arena a la nutrición saludable e ir creando nuevos productos para que «los más jóvenes empiecen a entender la importancia de lo que comen», afirma Paolo.

Antes de despedirnos, catamos algunas delicias recién salidas del obrador. Aquí la producción es diaria para que el producto llegue al paladar lo más fresco posible en lugar de pasar meses en un almacén. Entre bocado y bocado, preguntamos por la parte más bonita de esta historia. Serena piensa apenas unos segundos. «Personalmente, lo que prefiero es el contacto con la gente, un intercambio que si no fuese por la cafetería nos perderíamos. Y el impacto que generamos, también». Sonreímos, pues ya lo había dejado caer, un rato antes, Paolo: «hacer la revolución es difícil, pero nosotros sembramos nuestra semilla». Que viva, entonces, esta deliciosa, nutritiva y saludable revolución.

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