GastronomíaYumee. Cocina de encuentro
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Leemos dos opciones para desayunar que comparten un denominador común, local y de temporada: el higo -¡cómo nos gusta!
Autor: Aina Coll
Fotógrafo: Jaume Oliver
En un entorno idílico e incomparable como es Biniaraix -un pueblecito de poco más de cuatrocientos habitantes perteneciente a Sóller- se encuentra una bodega que lleva su nombre. Hasta allí vamos un día de verano a desayunar porque nos han contado que los berenars en este lugar mágico tienen un encanto especial.
Tras pasear sin rumbo por las calles estrechas y empedradas de la localidad, en una calma abrumadora, llegamos a la plaça de la Concepció, un rinconcito cobijado a la sombra de un plátano descomunal. Aquí encontramos la Bodega de Biniaraix, que ofrece una carta extremamente cuidada en la que los productos frescos y naturales, de kilómetro cero, son los protagonistas. Un bar acogedor ubicado en una casa antigua de carácter rústico nos espera.
Una vez dentro, nos encontramos con estanterías copadas por los tés e infusiones de Dos Alquemistas. De hecho, Katja y Kate, las fundadoras de este proyecto, son las dueñas de la bodega. Los productos de Dos Alquemistas conviven con los chocolates de Maüa, botellas de vino y un aroma a dulce que llama nuestra atención. Proviene de una larga mesa en la que, a la vista del público, los empleados preparan dulces caseros. Sencillo pero acogedor, el interior nos encanta, pero aún así decidimos acomodarnos en la bella terraza. ¡Aprovechemos el buen tiempo antes de que llegue el invierno!
Una vez sentados, descubrimos unas pizarras que dictan las recomendaciones del día: banana bread, los clásicos scones y una focaccia de nueces y frutas. Tentador. En otra pizarra, leemos dos opciones para desayunar que comparten un denominador común, local y de temporada: el higo -¡cómo nos gusta!. La primera opción es un sándwich con queso manchego con pan de Uco y kimchi -que preparan en la bodega cuando llegamos- o dátil y chutney de higos o sobrasada; la segunda, granola con yogur, granada, ciruela e higo, claro.
Dispuestos a disfrutar, pedimos ambas y acompañamos el sándwich con una Rosa Blanca y el chutney con una kombucha de la marca Isla, que elabora el propietario del restaurante Brut, aunque después vemos que en la Bodega de Biniaraix también sirven la especialísima Adalt, la cerveza artesana palmesana cuya microfábrica tuvimos la suerte de conocer en primera persona.
Entusiasmados con los desayunos que llegan a nuestra mesa, los catamos con los sentidos bien despiertos bajo las sombrillas de la terraza de la Bodega de Biniaraix en la que, como en una torre de Babel, las conversaciones en múltiples idiomas conviven en armonía con la calma absoluta del lugar. Como si nadie quisiera romper la tranquilidad que habita el pueblo, a pesar de los numerosos comensales, la paz sigue reinando durante todo el desayuno.
El sándwich resulta sencillamente delicioso: pan crujiente por fuera pero esponjoso por dentro -como nos gusta- y un contraste espectacular pero equilibrado entre el sabor potente del queso manchego y el dulzor del chutney de temporada. Además, para rematar la combinación, entre bocado y bocado degustamos aceitunas trencades, que acompañan el plato. La granola, también casera, cruje en nuestra boca y ensambla a la perfección con el ligero sabor amargo del yogurt. Bien mezclado, la propuesta nos encanta.
En la carta que se exhibe en la entrada comprobamos que la Bodega de Biniaraix es también un lugar perfecto para tomar un buen vermut y un plato del día: su oferta de aperitivos, así como de sangría, cava y vino es extensa. Tendremos que volver, pues la hospitalidad del personal nos ha encandilado y el lugar, con vistas a la Serra de Tramuntana, es un enclave en el que vale la pena perderse -para encontrarse-.
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