Diseñador gráfico de profesión desde hace más de veinte años, la pintura y la escultura le dan a David Martín la libertad para crear. «Ser diseñador gráfico es una forma de ganarme el pan con la creatividad, pero quizá no es tan divertido como la parte artística. Como diseñador debes adaptarte al cliente, pero con el arte encuentro la libertad», cuenta en su taller, cerca de la plaza Barcelona, en Palma, entre una colección de Robots invaders que nos vigilan, atentos.
Con piernas de tornillo, cabeza de bombilla y cuerpos multiformes, los robots son su colección más extensa, una idea que surgió de una de sus asiduas visitas al chatarrero donde el artista encuentra joyas entre lo que el resto de mortales desechamos. Él recupera piezas y les da una segunda vida a través de creaciones que interpelan al espectador. «Habrá más de 200 robots por el mundo», asegura, desde la primera vez que los expuso en el Espai d’Art Miquela Nicolau de Felanitx.
A años luz del purismo, su proceso creativo no entiende de métodos encorsetados. «A veces es el material el que te inspira a hacer algo, otras tienes la idea pero tienes que encontrar el material. Me encanta dar saltos y me lo paso pipa experimentando, es de las cosas que más me gusta». Prueba con porexpan, con cerámica, con hierro o con madera, prueba incansable porque precisamente en ese juego encuentra la posibilidad «de abarcar más y encontrar más soluciones».
«La mayoría de veces empiezo algo para mí o para regalar, y encuentro un filón o gente que aprecia ese trabajo… y ya se convierte en otra cosa».
De hecho, fue esa apertura la que lo introdujo en el mundo del arte. Su primera colección de cuadros debía decorar su casa, pero sus obras acabaron siendo una exposición. «La mayoría de veces empiezo algo para mí o para regalar, y encuentro un filón o gente que aprecia ese trabajo… y ya se convierte en otra cosa».
La figura humana es capital en la obra de David Martín. A través de ella escudriña nuestro comportamiento pero también nuestra fisiología desde una mirada provocativa, inquietante, revestida de un fino e irónico sentido del humor. Explorando el cuerpo humano, «lo que tenemos, lo que no tenemos, me di cuenta de que es un tema que uso para analizar diferentes aspectos de la vida. Estéticamente me parece que da mucho juego el tema anatómico y llevarlo al tema artístico, divertido, me parece fascinante».
De hecho, en 2019, participó en la exposición colectiva Huma(no) en S’Escorxador de Marratxí junto con David Campaner y Francisco García, una muestra en la que Martín exploró el nacimiento, la vida y la muerte como ciclo vital guiado por un hilo conductor común: la figura humana y las inquietudes existenciales.
Y es que Martín plantea interrogantes en forma de piezas de arte. Preguntas directas sin respuestas certeras que cuestionan nuestras obsesiones, ideologías, creencias e imposibilidades -la naturaleza humana, en definitiva- como su colección de esculturas «I can fly», en la que indaga en esas emociones que experimentamos cuando «las cosas no funcionan como uno quiere». Aviones largos, aviones pesados, aviones deformes, aviones que se derriten.


«Me interesa ver esas capas como en el cuerpo humano o las historias que muestra los edificios cuando los derrumban. Un escombro atractivo me permite jugar con esa idea».
Otra fisonomía cotidiana, la de la ciudad, también es una fuente inagotable de inspiración para este artista mallorquín que observa una obra o una excavación como quien asiste a una operación quirúrgica. «Me interesa ver esas capas como en el cuerpo humano o las historias que muestra los edificios cuando los derrumban. Un escombro atractivo me permite jugar con esa idea».
Los animales no escapan a su óptica, siempre dispuesta a jugar y alterar conceptos. Su escultura «Caballo ganador», un equino con forma de salchicha o una salchicha reconvertida en equino, representa esa búsqueda de lo estético y, a la vez, «busca llamar la atención del espectador, divertirle. El caballo es noble y siempre está vinculado a ganar. El hecho de hacerlo en forma de salchicha me hacía gracia».
Humanos, animales, ciudades. Todo lo que somos y todo lo que nos rodea tiene múltiples capas. La habilidad de David Martín para diseccionarlas, siempre desde su particular perspectiva, es su mejor aval. Provocativo, irónico, lúdico, al final, su ejercicio consiste en jugar, remover, experimentar, suscitar… para hablarnos de tú a tú y plantearnos preguntas trascendentes, serias, que consiguen divertirnos a la vez que removernos por dentro, capa a capa.



