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David Campaner

Aquí y ahora

Autor:
Cristian Rodríguez Domínguez
Fotógrafo:
Jaume Oliver
11.07.2023
David Campaner es un artista autodidacta y multidisciplinar cuya obra es un reflejo de la (su) vida y la sociedad común, donde las siluetas y los colores neutros son el rasgo característico de sus creaciones. Familia, perfección, frustración o desengaño, como ejes centrales y fuente de inspiración.

Desde la llegada de las redes sociales y los móviles de última generación, vivimos en una sociedad donde la imagen juega un papel fundamental en nuestras relaciones. Nos ayuda a inmortalizar nuestro día a día, a capturar los momentos que vivimos. Sirve para recordar, no olvidar. Y a la vez nos obliga: pondremos los filtros que sean necesarios. Retoque por aquí, esa arruga fuera, esas sombras que me hacen rara, más saturación.

Debemos salir hermosos, todos iguales, no vayan a pensar que somos extravagantes. Pareciese como si la uniformidad y perfección fuesen tendencia. Es en esta sociedad y en este momento donde David Campaner se nutre para dar rienda suelta a su imaginación y crear.

David, nacido en Inca en 1977, es un artísta mallorquín contemporáneo que tiene su estudio en Sa Pobla. Licenciado en Filología Hispánica por la UIB (Universidad de las Illes Balears), actualmente ejerce como profesor de lengua y literatura castellana y lo compagina con su faceta artística. Apasionado de la pintura desde pequeño, su estilo y forma han ido evolucionando a lo largo de los años. Se inició a través de unas clases de pintura academicista, paso que considera necesario. Después se adentró en el arte abstracto y finalmente dio con un estilo propio y personal que sigue en constante evolución.

«El verde representa lo artificial, aquella necesidad de tener cada uno nuestro espacio».

Al igual que sucede con el resto de artistas plásticos, una vez que logran encontrar su estilo, luego es más fácil reconocer sus piezas allá donde estén expuestas. En primer lugar, tenemos los materiales que utiliza. Empezó a dibujar sobre tela, pero hace unos años cambió a la madera, ya que pinta por capas, algo que es más laborioso y, además, le permite realizar intervenciones más invasivas en el material. Es una persona metódica, lo que hace que sus pinturas no sean espontáneas en el buen sentido de la palabra. Medita mucho lo que quiere plasmar. Siempre lleva consigo una libreta y va tomando apuntes. Es un trabajo continuado.

En su obra siempre está presente la figura humana, una silueta sin rostro, que permite a los que contemplamos su obra ser capaces de identificarnos con la misma. Dependiendo de cada uno de nosotros y en el momento que nos encontremos, tendrá uno u otro significado. Utiliza como fuente de inspiración un álbum familiar. «No pinto a mi familia, no es ese el objetivo». Lo que trata de buscar es esa sencillez que muchas veces se nos olvida.

A pesar de que siempre predominan los no colores (gesso) y los acrílicos incoloros, de un tiempo a esta parte también podemos encontrar el verde y más recientemente el amarillo. «El verde representa lo artificial, aquella necesidad de tener cada uno nuestro espacio». Para darle más sentido a esta idea, utiliza no solo el color, sino también césped artificial, siendo todavía, si cabe, algo más evidente. En cambio, con el amarillo pretende representar la luz y a la vez lograr un contraste claro con el resto de la pieza.

Más allá de la madera, también tiene algunas colecciones que ha realizado en barro de baja intensidad, estas compuestas por siluetas y puntos, en color blanco y verde. También, rescata vajillas ya usadas, como lienzo para algunas de sus piezas. Deben haber sido usadas y conocer el por qué las descartan. Le encantan aquellas con muescas por el paso del tiempo o rayones del uso. Entran dentro de su discurso de perfección, frustración o desengaño. Por último, realiza intervenciones en algunas galerías o espacios donde expone. Cada intervención es diferente. Son efímeras, y para crearlas se basa en la temática de la exposición y el lugar.

«El arte sirve para involucrar a la sociedad y que la cultura llegue, y para que esto sea posible, la gente debe formar parte». 

Contar con una dilatada y prolífica carrera le ha permitido a Campaner tener la oportunidad de exponer en diversos espacios y ser seleccionado para participar en diferentes certámenes: Incart (Inca), Supermarket (Estocolmo), Art Athina (Atenas) o Sant Marçal (Marratxí). Y no solo eso, sus obras también han viajado fuera del país: Londres, Berlín, Moscú o México. En todas ellas siempre ha existido el miedo al rechazo por parte del público, esa sensación irracional que nos hace creer que no estamos a la altura. Aunque como nos dice: «cuando la expones, es porque crees que en ese momento es algo que está bien trabajado y merece la pena ser visto».

Además de su faceta artística, David también ha trabajado como comisariado para diferentes espacios artísticos: junto a un equipo diverso, trabajó durante años en Incart (Inca), después en Can Gelabert  (Binissalem) y en Art i Copes en Sa Pobla. Les gustó tanto el trabajo que había llevado a cabo en Inca y ante la necesidad de darle otro enfoque al Art i Copes, desde el ayuntamiento decidieron colaborar juntos. La planificación y organización de cada certamen suele durar unos seis meses. En cada edición, se trabaja sobre un mismo eje y es a partir de ahí donde se decide qué artistas participaran ese año.

También se trabaja con las escuelas para que elaboren proyectos didácticos y que los niños formen parte del evento. La participación de los más pequeños es parte indispensable del proyecto: «el arte sirve para involucrar a la sociedad y para que la cultura llegue, y para que esto sea posible, la gente debe formar parte».

Profesor, artista y comisario, cuando le preguntamos a Campaner sobre su futuro, su respuesta es clara: «vivo el momento, no me planteo el mañana. La pintura me sirve como distracción y es algo que me gusta hacer». Esperamos y deseamos que sean muchos más años de creación y que las musas nunca le abandonen.