Techos altos, mucha luz natural, espacios diáfanos y un patio con tres encinas inmensas nos sorprenden al llegar a la antigua casa de piedra rehabilitada que hoy alberga Sa Llavor. Rodeados de figuras de barro y llenos de curiosidad por conocer esta iniciativa, charlamos con Sofía y Gloria en una amplia sala en la que, de fondo, se escuchan alegres instrumentos sonar.
Sofía, una de las fundadoras de la escuela -que en un principio estaba ubicada en Mancor de la Vall- hace memoria y se remonta 2007, cuando un grupo de profesionales y familias decidieron iniciar un proyecto con un fin claro y contundente: «sembrar un cambio en la sociedad a través de la educación».
El primer curso escolar, nos cuenta, empezó con once alumnos y cinco profesionales, «pero pronto empezó a crecer». La propuesta fue muy bien recibida y en el 2017, diez años después, Sa Llavor «se configuró como escuela de Infantil y Primaria en pedagogía holística». De hecho, este fue el primer centro homologado por la Conselleria d’Educació i Universitat de les Illes Balears en esta disciplina metodológica.
Uno de los aspectos diferenciales de Sa Llavor, entendemos enseguida, es su forma de impartir clase: aquí se sigue el currículum común y reglado, pero las materias se interrelacionan y se desarrollan respetando los períodos de aprendizaje de los alumnos, cada una en una lengua vehicular -catalán, inglés y español-.
«Hay muchas formas de llegar a un objetivo, igual que para subir a una montaña»
En sintonía con esta visión, en Sa Llavor la libertad individual y el respeto profundo por los ritmos de cada uno son pilares incuestionables ya que, como reflexiona Sofía, «hay muchas formas de llegar a un objetivo, contenido o elemento igual que para subir a una montaña uno puede ir muy deprisa, otro entreteniéndose y alguien coger un camino alternativo».
Otra característica sorprendente de Sa Llavor es la formación de los grupos: aquí, las alumnas y los alumnos de infantil conviven y los de primaria hacen lo propio en grupos unitarios con diferencias de un año de edad, un sistema habitual en las escuelas rurales y que les permite trabajar en grupos pequeños, ya que el máximo de alumnos que puede congregar la escuela es de 145.
Sin embargo, son los valores que vertebran el proyecto educativo lo que sin duda llama más la atención. La filosofía de Sa Llavor se basa en cuatro pilares estrechamente relacionados con cuatro capacidades humanas: el desarrollo integral, la libertad y la confianza -«libertad en el proceso de aprendizaje y confianza en la capacidad del ser humano»-, la conexión con la vida, con uno mismo y con el entorno, y la comunidad y el servicio a los demás -entendiendo que «la educación es un proceso en el que el objetivo es dar lo que cada uno tiene como capacidad a la sociedad, como un árbol que ofrece sus manzanas»-.
Atendiendo a tantas particularidades, no es de extrañar que el proyecto -novedoso y singular- atrajera la atención de muchas familias desde sus inicios. «En Mallorca, en ese momento, no había opciones similares, así que la iniciativa fue bien acogida por las familias que buscaban un camino diferente», recuerda Sofía. El perfil de estas familias, asegura, es muy diverso -sobre todo a raíz de la pandemia- pero todas «apoyan la transformación en el sentido de la ecología y la sostenibilidad».


«Hemos iniciado una escuela de música integrada dentro del horario escolar»
El proyecto de Sa Llavor, «ambicioso y utópico», como lo califica Sofía con una sonrisa, se enmarca en una fundación en la que la rama educativa coexiste con la Escuela Cultura, una propuesta orientada al público adulto que propone formación enfocada a la creación artística y el intercambio cultural, siempre con la mirada puesta en la transformación social.
Estimular, inspirar y potenciar son verbos que adquieren todo su significado en esta escuela. Lo comprobamos mientras damos un paseo por sus instalaciones y descubrimos que, mientras los alumnos de secundaria experimentan a través de la música, los más pequeños elaboran su propio pan -con el que después almorzarán-. Los alumnos de primaria, en cambio, no están en el edificio: hoy es viernes y este día de la semana se trasladan al campo.
Música, arte y naturaleza son tres conceptos fundamentales en Sa Llavor, pues se entienden como formas de conectar con el ser humano. De hecho, nos cuenta Sofía, «hemos iniciado una escuela de música integrada dentro del horario escolar. Las niñas y los niños pueden elegir un instrumento y tocar durante media hora a la semana el instrumento que quieran: clarinete, trompeta, piano… incluso el violonchelo».
Desde que abriera sus puertas en 2007, el proyecto se ha expandido y ha evolucionado: en la actualidad, más de cien niños y niñas acuden a esta escuela a diario y el equipo de profesionales está compuesto por diecisiete docentes y ocho profesores de música. Sin embargo, el objetivo no es crecer en cantidad de alumnos, sino en sinergias e iniciativas: seguir estableciendo puentes con instituciones de diferentes países para llevar a cabo programas de colaboración dentro de Escuela Cultura y potenciando las relaciones humanas y profesionales.
Un dar y recibir -tan afín a su filosofía- que se desarrolla de forma consciente, dentro y fuera de las aulas, a través de la música, la creatividad y la cultura, gracias a esta voluntad incansable de transformar la sociedad de hoy y de mañana. Un reto ambicioso, como decía Sofía, sí, pero también admirable. Todo un logro que nos llena de esperanza.



