Noraya Minnick trabajaba en el restaurante de su madre cuando, alentada por las ganas de cambiar de sector y sus inquietudes personales, empezó a interesarse por la sostenibilidad. Corría el año 2018 y, tras un proceso de reflexión e investigación, abrió Be Conscious, su primer negocio, justo un año después. «Una de las cosas que me impulsaron a abrir este proyecto fue lo difícil que me resultaba acceder a productos sostenibles a mi alrededor. Fue algo novedoso en ese momento, aunque las grandes superficies empezaron a sacar sus propios productos con los que era difícil competir».
La idea, en su origen, era crear una tienda que ofreciera productos -de cosmética, de limpieza del hogar, de baño y de cocina- respetuosos con el medio ambiente, pero, con la llegada de la pandemia y las consecuentes restricciones, a los pocos meses se vio obligada a cerrar. Sin embargo, la determinación de Noraya, en vez de apagarse, fue haciéndose más fuerte: quería «buscar una manera de ayudar a otras mujeres en su propio crecimiento, a encontrar herramientas para sentirse mejor. Yo había pasado una época de muchos cambios y esta era una manera de acompañar y crear comunidad».
Con esta visión humanística y profundamente sensible, en 2024, por fin, ha abierto las puertas de The Calma Concept, una tienda, pero también un refugio y oasis, todo a la vez, en el que compartir, charlar, cuidarse... y desconectar de lo de afuera para conectar con una misma. En definitiva, un cobijo en el que sentirse bien y crecer.
«Nos hemos vuelto individualistas, ya no hay esa sensación de tribu. Por eso me gustaría promover estar juntas y hacer algo para nosotras».
Aunque hace apenas seis meses que la tienda se inauguró, sus estanterías de madera lucen, con pulcritud milimétrica, artículos cuidadosamente seleccionados de autocuidado, cosmética natural y moda que pertenecen a proyectos que comparten una misma filosofía y, siempre que es posible, «en los que hay una o varias mujeres detrás». Su propuesta la conforman marcas -difíciles de encontrar en Mallorca hasta ahora- como las velas de P.F. Candle & Co, los jabones de Meraki o la cosmética de Rowse y Mamita Botanical.
Libros de cocina, medicina natural y espiritualidad, ropa confeccionada con fibras naturales y productos para disfrutar de un ritual de calma y conexión en casa complementan un catálogo creado desde una perspectiva holística del bienestar que se cultiva en casa, pero que se alimenta en compañía, porque para Noraya, The Calma Concept está destinado a ser un espacio de encuentro con una misma y con las demás. «Nos hemos vuelto individualistas, ya no hay esa sensación de tribu. Por eso me gustaría promover estar juntas y hacer algo para nosotras».


«Incluso he pensado en un club de croché para reunirnos y conversar mientras hacemos punto, como hacían antes nuestras abuelas y hemos perdido».
La necesidad de conocerse y cambiar aquello que no se ajustaba a la vida que quería llevar fue el motor de alguien que ahora anhela compartir lo aprendido y propiciar un lugar en el que otras mujeres se sientan cómodas y libres para recorrer su propio camino y encontrar las herramientas que a ella, en su día, le hicieron falta. De hecho, puede que se deba a su propia experiencia que la palabra comunidad tenga tanto peso en su voz y en el negocio que ha moldeado. «Incluso he pensado en un club de croché para reunirnos y conversar mientras hacemos punto, como hacían antes nuestras abuelas y hemos perdido», asegura.
Con este propósito en mente, desde el precioso local que regenta en Artà, ya planea un calendario de talleres y charlas que comenzarán a partir de otoño. Workshops en los que elaborar jabones o velas, compartir conocimientos de medicina natural o conversar acerca del crecimiento personal. Una propuesta transversal fiel al objetivo de The Calma Concept: fomentar un estilo de vida más saludable, responsable y sostenible, con una misma y con el medio ambiente.
Mientras charlamos en la entrada de la tienda, un lugar luminoso y acogedor, algo alejado del bullicio que reina en el centro del pueblo en la época estival, numerosas vecinas van y vienen por la calle peatonal y paran a saludar a Noraya. Lo hacen prácticamente a diario y reflejan bien la cercanía que transmite en una pose calmada mientras recibe a su clientela, un público que define como «muy variado: gente con curiosidad, de edades muy diferentes, local y turista de paso, pero que quiere cuidarse y está en un proceso de crecimiento».
Desconectar de lo de afuera y tener nuestros propios espacios -privados, pero también compartidos- es vital para que dedicarnos tiempo de amor y cuidado deje de ser una reivindicación o una suerte de recompensa para convertirse en un compromiso con nosotras mismas, con nuestro bienestar y con el de las demás. Al fin y al cabo, si hay algo más bonito que sentirse bien, tiene que ser, sin duda, contribuir a que nuestra comunidad también así se sienta.



