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Rehecho

Reimaginar la madera

Producto LocalSostenibilidad
Autor:
Aina Coll
Fotógrafo:
Jaume Oliver
02.28.2024
Re Hecho es una plataforma que recupera madera desechada, de palets y muebles en desuso, para darle una segunda vida, y crea objetos de cestería con fibras naturales de plantas silvestres que crecen en la isla. Un proyecto que reflexiona, investiga y recupera, pero que también revisa conceptos tan de moda como sostenibilidad, reciclaje o reutilización.

Val Castellet y su compañero, Juan Diego, llegaron a Mallorca porque un amigo les contó maravillas de este lugar. No conocían la isla ni sabían qué tipo de vida llevarían aquí, pero eran jóvenes y proyectaban una crianza «a la antigua, y aquí, por entonces, se podía. Nos dijeron que la isla nos encantaría y cogimos un avión».

Hasta entonces vivían en Buenos Aires. Val trabajaba la serigrafía, que en aquel momento, señala, «no era nada ecológica» y le provocaba «una dicotomía interna». Cuando, hacia el 2009, empezó a estudiar e investigar, y entró en contacto con las mimbreras de Córdoba, en su país, abandonó esta disciplina. «Juan Diego hacía muebles y yo luminarias tejidas con lana e hilo en desuso». Empezó a tejer, a aprender las técnicas artesanales de cestería y a introducirse en la construcción de tejidos y objetos. Todo manual, todo artesanal. Así surgió Re Hecho. 

Nos lo cuenta en su hogar de Llubí, una casa de madera, preciosa y modesta, en el Pla de Mallorca, que construyeron desde cero ellos mismos -como ya habían hecho con anterioridad en Argentina-. Unas pocas gallinas que pululan en un corral y muebles artesanales conforman un decorado austero que dice mucho de su forma de entender la vida. 

Re Hecho es una plataforma que otorga una segunda vida a la madera de palet y a muebles desechados, y crea objetos decorativos para el hogar, a la vez que participa en proyectos de interiorismo y arquitectura que ponen el foco en la sostenibilidad. Además, Val, como artista textil y amante de la cestería contemporánea, investiga las plantas de la isla, esas que crecen a su libre albedrío y muchas veces nos pasan desapercibidas, y analiza sus cualidades textiles. 

«Quizá ciertos cultivos ya no son representativos o tan fáciles o sostenibles en el marco en el que vivimos. Nos parece que todo lo que es tradición es sostenible, y puede coincidir o no».

Es un ejercicio creativo, pero también una revisión concienzuda de lo que consideramos, a día de hoy, sostenibilidad porque, aunque la llata y el palmito han resistido al paso del tiempo y están siendo recuperadas por manos artesanas en la isla, Val recuerda que «Mallorca era autosuficiente hasta el boom del turismo en los años 50. Había muchas plantas que se utilizaban para cestería, para tejer, para crear mobiliario… que con el plástico se dejaron de lado».  

Ahora, ella estudia si algunas de estas plantas fueron utilizadas en algún momento o si lo pueden ser en el futuro. Desde una perspectiva abierta a la reflexión, a Val, como reconoce ella misma, le interesa hablar de «lo que no se habla». Por eso, en un momento en el que como sociedad volvemos a poner en el centro cómo vivimos y cómo consumimos, nos invita a revisar conceptos como reciclaje, reutilización, sostenibilidad e incluso se pregunta qué y por qué consideramos que es basura y qué no.  

Al fin y al cabo, considera, «está bien volver a lo que se hacía antiguamente, pero también se debe ver si es viable. Quizá ciertos cultivos ya no son representativos o tan fáciles o sostenibles en el marco en el que vivimos. Nos parece que todo lo que es tradición es sostenible, y puede coincidir o no». 

Recientemente ha creado un puf con lana lavada y lana de colchón reutilizada sin tratar. Nos lo enseña orgullosa porque era una idea que llevaba tiempo rondándole en la cabeza. Es bello y es crudo porque a Val le interesan los materiales que transmiten esa crudeza, regalados directamente por la naturaleza. Con ellos crea multitud de objetos: cestas, tablas de madera, sillas, mesas, lámparas. Un sinfín de posibilidades que nos invitan a «reconciliarnos con el entorno». 

Su amor por el medio ambiente la acompaña desde los 16 años, cuando la «conmovió la ecología». Desde entonces, siempre le ha interesado. «Estudié media carrera de psicología y media de biología, y no las terminé, pero me sirvieron para conformar mi visión». Una visión que intenta transmitir con sus productos, que vende siempre directamente al cliente, pero también en workshops que imparte en su taller de Llubí y en colaboración con otros proyectos con los que se siente en sintonía, como Open Studio 79 o Escuela Artesana. 

«No reniego de todo el turismo, sé que todos vivimos directa o indirectamente de él, pero podría ser otro turismo, que lo hay, gente que tiene otra mirada».

Más que talleres, dice, «son una experiencia. Una forma de estar en contacto con la naturaleza» en los que reina el carácter lúdico y enseña técnicas de cestería y tejido. También los ofrece en el marco de retiros porque, como reconoce, Re Hecho tiene más éxito entre el público extranjero que entre el local. «Creo que por una cuestión de visión y que cuesta sacar de la cabeza de la gente que lo bueno es lo nuevo. Es una mentalidad difícil de combatir», reflexiona en voz alta.

Val y Juan Diego llevan más de 20 años en Mallorca. Aquí han conformado su hogar, primero en Bunyola y después en Llubí, y su modo de vida, y observan desde una perspectiva crítica la doble cara de la isla. Por un lado, la cotidiana, la del campo, la que ellos profesan. De otro, esa que alimenta «una masividad espantosa. No reniego de todo el turismo, sé que todos vivimos directa o indirectamente de él, pero podría ser otro turismo, que lo hay, gente que tiene otra mirada», sentencia. 

Re Hecho pone su granito de arena para que sea la cara más amable la que vaya ganando terreno a esa otra que contribuye a la masificación. Lo hace en una pequeña finca, investigando las múltiples posibilidades de las fibras naturales de plantas silvestres que Val recolecta para convertirlas en objetos contemporáneos que no solo hacen que los espacios que habitamos sean más respetuosos, sino también nos invitan a replantearnos la utopía, frenética y consumista, en la que vivimos. Nos emplaza a reflexionar y a poner nuestra atención en lo que nos rodea y, tantas veces, pasa desapercibido a nuestros ojos.