Techos altos, vigas de madera y enormes ventanales por donde penetra mucha luz natural cobijan Open Studio 79. Un espacio elegante que se ha ido transformando como lo hace cualquier proyecto que nace desde la creatividad. En sus inicios, en 2014, fue el estudio -abierto y diáfano- de Tatiana Sarasa, en el que la artista podía crear, expuesta al público, sus piezas instalativas de fibras naturales y papel, y explorar la fotografía. Después, se convirtió en un epicentro desde el cual compartir valores y reflexionar en torno a cómo consumimos ropa y mostrar que, sí, una manera de producir y vestir prendas más sostenible es posible.
Tatiana estudió Bellas Artes en Barcelona, así que la creatividad la ha acompañado siempre. «Empecé a ofrecer cursos para fomentar la parte creativa con materiales naturales, tinte, con otros creadores relacionados con el arte y la creatividad… y se convirtió en Open Studio 79», un proyecto artístico y conceptual que pretende inspirar a la gente y ofrecer, como tienda, «productos que quizá son difíciles de encontrar».
Esta evolución orgánica responde a una preocupación. La que la artista siente alrededor del mundo textil. «Noté que, así como había un discurso ecológico alrededor de la alimentación, no era así en el textil» así que aquí, ahora, crea prendas, complementos y objetos a partir de los materiales que la naturaleza le regala.
Y es que la naturaleza es la columna vertebral de Open Studio 79. Al final, «formamos parte de ella, somos naturaleza. Darle ese protagonismo y defenderla es fundamental. Nunca he concebido este proyecto como un proyecto de producción, un negocio para ganar dinero». Tiene razón. Es mucho más: es un espacio en el que la creatividad y el respeto por el entorno dictan las pautas.
«Estamos mal acostumbrados a que nos cueste muy poco un producto creado en condiciones duras para los trabajadores que, además, tiene un coste sostenible».
La artesanía es otro pilar fundamental, pues Tatiana, además de crear sus propias piezas, también colabora con artesanos cuyas piezas expone y vende en su espacio, como las del destilador Joan Canaves o los de la finca de Valldemossa SONMO. A modo de concept store -que puede visitarse con cita previa- el local se distancia de una tienda al uso en forma y contenido para ofrecer creaciones que se alejan de «los productos industriales, que son tan tóxicos».
En su espacio de Sant Magí, Tatiana reflexiona sobre el proceso de creación artesanal, el que se desarrolla a conciencia, pieza a pieza, al ritmo del creador. Replantearnos qué consumimos, pues, se convierte en el foco de nuestra conversación. «El precio es más elevado porque creo en tener menos cosas, pero que sean piezas que tienen alma, que disfrutes con ellas. Un jersey o un bol de cerámica deben aportar algo. Estamos mal acostumbrados a que nos cueste muy poco un producto creado en condiciones duras para los trabajadores que, además, tiene un coste sostenible».
Este alegato va mucho más allá de las palabras. Cobra sentido a través de sus actos. Para teñir, Tatiana utiliza siempre bases naturales: bellotas, flores e incluso pieles -de aguacate, cebolla o granada- que solo se adhieren a fibras también naturales, como la lana merino, la lana mallorquina, el algodón orgánico o el lino (qué sabia, la naturaleza). «La naturaleza nos regala muchas cosas y no somos muy conscientes desde que se inventaron los tintes sintéticos en 1845», reivindica Tatiana.
Aunque tiene claro que, hoy por hoy, es imposible teñir toda la ropa con tinte natural, de la misma forma cree y defiende, encarecidamente, que la transición no sólo es posible, sino necesaria para reducir el uso de fibras y tintes sintéticos «tóxicos para nosotros y para el medio ambiente».
Esta forma de pensar, que por suerte vuelve a estar boga en la actualidad, no siempre es fácil de transmitir, sobre todo cuando tienes un espacio que huye de lo convencional. «Siempre cuesta cuando ofreces algo diferente. Esto no es una mercería al uso ni una tienda de ropa. Al principio no fue fácil, pero con los años, a través de los talleres, intenté crear dinámicas que dieran la oportunidad de entrar en el espacio y disfrutar. Ha sido fluctuante, como la vida misma».


«Me siento orgullosa de hacer las cosas con intención. Creo mucho en compartir porque yo he aprendido mucho de la gente que ha compartido conmigo».
La visión de Tatiana ha atraído a personas que, como ella, tienen sensibilidad por los tejidos naturales y la artesanía y el arte. Una clientela que acude al estudio ex profeso desde cualquier parte de la isla y desde fuera de ella. «Viene gente de Berlín, Amsterdam y San Francisco, que conoce el proyecto por la web o Instagram y vienen a comprar las madejas de lana».
Como Open Studio no entiende de corsés, además de las fibras naturales teñidas, aquí Tatiana vende también sus piezas -chales, chaquetillas y piezas tejidas en telar-, que también estarán pronto disponibles en su tienda online, ahora en reconstrucción. «Me siento orgullosa de hacer las cosas con intención. Creo mucho en compartir porque yo he aprendido mucho de la gente que ha compartido conmigo y yo también quiero seguir compartiendo con los demás para que la gente pueda aprender procesos».
Mientras nos enseña la trastienda del local, una especie de taller y laboratorio alquimista, Tatiana proyecta su futuro, ligado siempre a la evolución natural y, por supuesto, a sus valores. Hace un tiempo aprendió a cultivar lino como se hacía antaño en Mallorca -plantar la semilla, ver cómo crece, entender cómo es la planta, cosechar en el tiempo adecuado y sacar la fibra para hilarla- y en su cabeza levita la idea de poner en marcha, de nuevo y a largo plazo, este ciclo para «desenterrar una historia que no se conoce».
Al mismo tiempo que este camino va tomando forma, Tatiana seguirá volcada en Open Studio 79. «Me encantaría que viniese más gente al estudio, ofrecer algún curso digital y continuar trabajando en mi carrera artística. En el espacio, me gustaría compartir cosas bellas. En este mundo hay cosas feas y la belleza es muy importante. El trabajo artesanal forma parte de nuestra identidad como cultura, como tradición».



