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Lafiore

Una artesanía más actual que nunca

Producto LocalSostenibilidadArte
Autor:
Aina Coll
Fotógrafo:
Jaume Oliver
07.17.2024
En S’Esgleieta, de camino a Valldemossa, se cobija una de las artesanías con más historia de Mallorca: la fábrica de vidrio soplado Lafiore. Siguiendo una técnica milimétrica que solo se domina a base de experiencia, esta empresa familiar crea objetos de colorida belleza desde 1964.

Con la técnica del maestro artesano y la precisión que solo otorga la experiencia, en Lafiore el vidrio desechado se transforma en objetos duraderos, únicos y de inestimable belleza. No es magia. Es una tradición heredada que nació en Murano y que la familia Tortella convirtió, hace seis décadas, en un modo de vida.

En esta histórica fábrica de S'Esgleieta, maestros y ayudantes trabajan en perfecta sintonía para dar forma a cada pieza como si bailaran un vals. Ambos «tienen que ir absolutamente sincronizados. Cada uno tiene una función en cada momento y si alguno de los dos no hace lo que tiene que hacer, la pieza puede perder temperatura y se tiene que desechar».

Quién los explica con sencillez pero con pasión y admiración es Sonia, directora de proyectos de la fábrica mallorquina y promotora de colaboraciones que hacen que Lafiore sea hoy más actual que nunca.

A pesar del paso del tiempo y del ritmo cambiante de las modas, Lafiore ha sabido actualizarse: los diseños y los colores de la producción se han diversificado, conscientes de que ‘cambiar y adaptarse a los gustos en decoración y diseño, estar al día y ofrecer más productos alineados con la demanda’ es vital para la supervivencia de cualquier artesanía.

«Tenemos la fortuna de que contactan con nosotros muchas empresas locales con proyectos compatibles con el nuestro y es un lujazo porque todos aprendemos».

Incapaces de calcular cuántas piezas componen un catálogo que va nutriéndose a base de pruebas e ideas novedosas, en Lafiore siguen fabricando productos convencionales en serie, pero también se han afianzado a través de pequeñas colecciones que nacen fruto de la colaboración con diseñadores locales, como Nico Guevara, y empresas de la isla del sector de la hostelería en un diálogo constante entre tradición e innovación. «Tenemos la fortuna de que contactan con nosotros muchas empresas locales con proyectos compatibles con el nuestro y es un lujazo porque todos aprendemos».

La sostenibilidad no es baladí en una fábrica como esta. «Siempre hemos utilizado vidrio reciclado como materia prima: de cristalerías de Mallorca y, a partir del año pasado, vamos a recoger botellas de vidrio no retornable a Playa de Palma, donde hay mucha densidad hotelera». Además, gracias a la instalación de placas, en verano son autosuficientes y han sometido su packaging a un proceso de involución -en el sentido más positivo de la palabra-: «ahora envolvemos las piezas con periódicos, como se hacía en los años 60. En aquel entonces no había plástico de bolitas».

Cuando el vidrio recogido llega a la fábrica, éste se pica y se funde a 1200 grados centígrados. Con el pie, el maestro abre el horno y saca el vidrio con una caña. ¿La cantidad? Una incógnita para el resto de los mortales. «Es fundamental saber qué cantidad de vidrio coger y el único modo de saberlo es la experiencia», afirma Sonia. Una vez extraído, no hay tiempo que perder. Es «una lucha contra el reloj porque cuando va perdiendo temperatura, no puedes moderarla».

De este modo, cinco artesanos de vidrio soplado y una artesana de vitrofusión trabajan con exactitud milimétrica para sacar nuevas piezas a un mercado difícil de catalogar. «No hay un perfil de cliente: local y extranjero; por la web, en la tienda o en puntos de venta; hombres y mujeres… producimos un producto muy apreciado».

«El siempre quiere avanzar, innovar, asumir nuevos retos. Lafiore es así’».

Que esta histórica industria fuese declarada Bien Inmaterial de la Humanidad en 2023 no es casualidad, opina Sonia. Es, más bien, «el reconocimiento a una técnica ancestral totalmente arraigada a Mallorca» ante la que Miquel Tortella -tercera generación de la familia y gerente de Lafiore en la actualidad- ha crecido desde niño y para la que ha impulsado «una evolución natural». «Él siempre quiere avanzar, innovar, asumir nuevos retos. Lafiore es así».

Gracias a este cambio -decidido, consciente y respetuoso-, Lafiore ha estrechado lazos con otras artesanías de la isla -como Teixits Riera- y proyectos tan especiales como el restaurante Ca na Toneta, para quien han creado una colección de vasos ad hoc. Pero los desafíos que asume, con gusto, la fábrica no acaban aquí.

Uno de los retos más recientes -e inaugurado con éxito- es su coworking, Sa Peixera, un espacio polivalente ubicado en el antiguo almacén que nace de un compromiso férreo con el arte, el diseño y la innovación, y acoge diferentes disciplinas y exposiciones de artistas residentes en una agenda abierta al público que se completa con talleres y cursos monográficos de cerámica, visitas guiadas y su última apuesta, Tardeart: una suerte de tardeo que aúna talleres, experiencias de torno, música y mucha conversación «en un ambiente fantástico».

Con una energía que, como el vidrio, se transforma, se moldea y se expande, el futuro de Lafiore es un mar de ilusionantes retos en los que, en realidad, ya trabajan con ahínco: afianzar su iniciativa de recogida y reutilización de vidrio Som Circulars, innovar -todavía más- en diseño y calcular la huella de carbono que genera su producción para saber qué supone Lafiore para el medioambiente marcan su camino más inmediato. Mientras tanto, en la fábrica, nuevos objetos toman forma y consistencia en un ejercicio artesanal hipnótico que hace de nuestros hogares lugares más bellos y de este oficio una tradición imperecedera.

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