Muchas veces no somos conscientes, pero todo a nuestro alrededor deja siempre una huella, para bien o incluso, en ocasiones, para mal, en nuestro interior: dónde hemos crecido, nuestra infancia, los estudios o simplemente un color. Es algo que está ahí. Es el caso de Balbina, que creció en el seno de una familia donde entendían que lo artesanal era condición indispensable a la hora de elaborar y crear. Algo lógico, por otra parte, teniendo en cuenta que su padre era carpintero y su madre aficionada a la cerámica.
Esto le llevaría a estudiar Bellas Artes en Barcelona, donde tuvo la oportunidad de poder adquirir nociones básicas de escultura y moldeado. Se especializó en fotografía, vídeo y marketing. Su primera empresa se dedicaba al diseño gráfico, web y redes sociales. Años más tarde, se embarcaría en otro proyecto empresarial, radicalmente diferente: venta online de muebles nórdicos.
Sería en ese entonces donde empezaría a darse cuenta de que necesita algo más, sentía la necesidad de crear algo. Quería y necesitaba volver a conectar consigo misma. Sin darse cuenta, había creado una burbuja digital que la mantenía apartada y desconectada de todo.
Mientras seguía dando vueltas en su cabeza de hacia dónde debía dirigir su vida profesional en ese momento, decidió ir a visitar a su madre, ya que recordaba que un tiempo atrás ella utilizaba la cerámica para desconectar y dar rienda suelta a su lado más artístico. Nada más empezar a moldear lo supo, esto era lo que necesitaba. «El mismo día que probé el torno de mi madre, me lo llevé a casa». También se llevaría consigo el horno y todos los materiales que tenía su madre en ese momento.
«Si a mí me gustaba el resultado, seguro que hay alguien a quien también le pueden gustar».
Con apenas las nociones básicas que había adquirido durante la carrera, empezó a elaborar piezas. Unas lámparas para su casa fue lo primero que moldeó. Contenta con el resultado final, pensó: «si a mí me gustaba el resultado, seguro que hay alguien a quien también le pueden gustar». Creó su marca, Bal Ceramics, y empezó a producir para los demás. Pronto llegarían los primeros pedidos.
Uno de esos primeros proyectos le supuso un reto personal interesante. Las piezas que le habían solicitado tenían unas formas muy características y ella, por aquel entonces, no había hecho nada parecido. Después de intentarlo de diversas formas, descubrió que la mejor manera para elaborarlas era mediante el uso de moldes. Pero claro, no tenía los conocimientos necesarios en ese momento. Pero no supuso ningún impedimento para ella. Se apuntó a un curso en Barcelona para poder aprender y a día de hoy, junto al torno y la técnica de los churros, son las tres formas de producción que utiliza.
Además de su método de creación, desde un primer momento tenía claro cómo serían sus piezas. Sus obras son minimalistas, hechas de materiales honestos (gres, porcelana y barro), apenas sin esmalte, con el uso de colores neutros o mate. Si observamos sus creaciones, el color predominante es el azul. Y tiene un porqué: este color, nos cuenta, le recuerda a Mallorca.


«Cada vez más gente valora y aprecia lo artesanal».
No solo es el color lo que le inspira de esta preciosa isla, también lo hace con la materia prima. Nos sorprende con dos proyectos: el primero, donde fusiona el barro con la llata– también conocido como palmito-, material que se usa para la elaboración de cestas, sombreros o alfombras. Y lo hace, nos dice, porque la cerámica es más fría y le gusta el contraste y el aporte que consigue con la fibra de los vegetales. En un futuro, le gustaría incorporar otros materiales, como, por ejemplo, la madera.
El segundo, es simplemente maravilloso. Un día, mientras paseaba por los alrededores de Lloseta, decidió coger el barro del suelo y lo usó para crear una nueva colección. Y es que la vida en los pueblos, sus ritmos más pausados, esa mayor conexión con la gente, la tranquilidad y el aire más limpio que se respira, son fuente inagotable de inspiración. Desde entonces, siempre que viaja a diferentes lugares, coge una muestra del suelo y la procesa para ver si sería posible utilizarlo.
Todas estas piezas se pueden comprar a través de su página web. Pero también podemos adquirirlas a través de las diferentes tiendas con las que colabora, como, por ejemplo: Artisteo Taller, Just Sant Elm o Rialto Living. Al principio, además de realizar encargos para estas y otras empresas, quien más compraba sus piezas eran extranjeros. Pero poco a poco, reconoce, «cada vez más gente valora y aprecia lo artesanal». Y no solo por el boom que está viviendo de un tiempo a esta parte la cerámica, sino porque cada vez somos más conscientes de la importancia de apoyar proyectos locales, no solo por las personas que forman parte del mismo, sino porque sirve de impulso al tejido social y económico del territorio y también damos a conocer la cultura y la artesanía de nuestra querida isla.



