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Blanca Terra

Vinos nacidos en una tierra clara

Su curioso nombre, Blanca Terra, se debe a una característica peculiar del suelo que cultivan: es pálido y argiloso, lo que lo convierte en idóneo para trabajar con variedades foráneas.

Autor: Aina Coll

Fotógrafo: Jaume Oliver

En las afueras de Montuiri se encuentra una bodega familiar que, pese a su corto recorrido, ha logrado hacerse un hueco en el panorama vitícola de Mallorca. Hoy visitamos Blanca Terra, que abrió sus puertas en 2013 gracias a la ilusión de Bernat Febrer y continúa ahora su andadura con la incorporación apasionada de su familia y un equipo entregado. 

Hasta el kilómetro 30 de la carretera Palma - Manacor nos trasladamos para conocer la propuesta de Blanca Terra a través de una de las experiencias que la bodega propone. Nada más llegar, entendemos que aquí innovación y tradición conviven en armonía: la recepción es elegante, contemporánea y cuidada; la producción, ecológica, vegana y respetuosa con el medioambiente.  

La que será nuestra guía nos recibe con amabilidad y nos invita a entrar en una sala en la que un vídeo nos explica cómo nace el celler y su propósito: Febrer, impulsado por su amor al vino y sus orígenes payeses, decidió a los setenta años embarcarse en esta aventura asesorado por un enólogo. Tras analizar las tierras y equiparse de maquinaria puntera, con su hija Maria Antònia inauguraron el celler, en el que ya trabajan dos nietos de la familia. Su curioso nombre, Blanca Terra, se debe a una característica peculiar del suelo que cultivan: es pálido y argiloso, lo que lo convierte en idóneo para trabajar con variedades foráneas. 

Tras adentrarnos en el mundo de Blanca Terra, que hasta ahora desconocíamos, llegamos hasta un patio que alberga una exposición de máquinas, carros y herramientas que participan en el proceso de elaboración del vino y, a continuación, volvemos al interior para conocer en persona cada fase de la producción: podemos ver cómo se procesa la uva, se embotella el vino -al año, sacan a la venta unas sesenta mil unidades- y la bodega, repleta de barricas en las que el vino evoluciona, siguiendo su curso de maduración. 

En Blanca Terra se elaboran ocho vinos. La paleta de blancos la componen las variedades locales malvasía y giró ros en Origens; Foravila es una mezcla fresca y suave de chardonnay y riesling, y Ses Planes es un coupage de chardonnay y riesling que pasa por un depósito de cemento en lugar de la habitual barrica de roble. Passió es el único rosado de la bodega, que fusiona malvasía y cabernet sauvignon. Los tintos son tres: Son Roca, un Syrah joven; Febrer y Febrer Selecció, que aúnan merlot y monastrell. 

Después de un interesante recorrido por la bodega, nos dirigimos de nuevo hacia la recepción, donde descubrimos una tienda que, al entrar, nos había pasado desapercibida. En ella, Terra Blanca reúne productos locales que conocemos bien: la deliciosa miel de Mel Vici, el aceite de Algaida, Treuer; los históricos patés Munar y mermelada de Mallorca Verda, entre otras suculentas propuestas gastronómicas que se elaboran en la isla. Una tienda gourmet cien por cien Made in Mallorca. 

Justo al lado de la tienda se abre un espacio diáfano plagado de mesas y sillas en el que encontramos incluso un escenario. Los acordes de música jazz y los rayos del sol de mediodía envuelven la sala, que nos acoge para catar los vinos de Blanca Terra. Ansiosos por descubrir qué sorpresas nos depara este celler de Montuïri, tomamos asiento.  

Empezamos con Passió, el rosado de la casa, con un color anaranjado y un sabor suave pero gustoso en paladar que nos recuerda a los frutos rojos del bosque y a la fresa ácida. Después, vamos con Foravila, un blanco con destellos verdosos muy refrescante que sabe a verano. Para comparar, catamos Orígens, el único que contiene variedades autóctonas y sabe a fruta verde, un hecho que se delata en su carácter y cuerpo, que enseguida se notan en boca. 

Llega el momento de los tintos: Son Roca, el tinto joven, tiene un aroma intenso a fruta madura. Cien por cien syrah, es un vino fácil que elegiríamos para acompañar cualquier receta. Febrer, en cambio, tiene más cuerpo, pues pasa en depósito al menos seis meses. Acabamos la cata con una muy grata sorpresa: Ses Planes, un vino que, como nos indican, está pensado para degustar con tranquilidad. Es un vino seco y envolvente, persistente en el paladar, que nos recuerda a los aromas del mediterráneo: sal, hinojo y flor blanca. 

Cada pase va acompañado de pequeñas tapas: unas galletas saladas con pipas y paté Munar ensamblan con el rosado Passió, queso y mermelada de albaricoque casan a la perfección con los blancos, y la sobrasada, claro, es la aliada perfecta de los tintos.  

Hemos llegado a Blanca Terra sin demasiada información -a veces, uno simplemente debe abrirse a la experiencia y dejarse llevar- y nos vamos de Montuïri entusiasmados porque confirmamos que en esta isla de tradición vinícola las bodegas más jóvenes, a pesar de no contar con el legado histórico de los cellers de toda la vida, se están abriendo camino con buen gusto, calidad y excelencia. No se nos ocurre una forma mejor de honrar nuestra tierra. Baco puede estar orgulloso.    

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