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Mel Vici

Una miel única en su especie

Producto Local
Autor:
Joan Ramis Boscana
11.03.2022
Su amor al campo les ha convertido en apicultores, de los pocos en producir una miel que se autoproclama como 100 % mallorquina. Su proyecto se llama Mel Vici, una iniciativa apegada a la naturaleza y que requiere de unos conocimientos que Pau Queralt y Biel Coll han aprendido sobre la marcha.

Si las abejas desaparecieran del planeta, a los humanos solo nos quedarían cuatro años de vida. Algunos atribuyen esa frase de tono apocalíptico al físico de origen alemán Albert Einstein. Otros, sin embargo, prefieren arrebatarle la autoría para concedérsela a sus verdaderos dueños: a la Unión de Apicultores belga, que en 1994 protestaron porque veían peligrar su trabajo por culpa de un descenso en los precios de la miel importada. Esa versión de la historia es una realidad que bien podrían defender Pau y Biel, dos amigos de la infancia que no solo comparten una hermandad duradera y resistente. El amor que le profesan a la naturaleza no tiene límites; intentar describirlo sería como ponerle puertas al campo. Un campo que saben leer, descifrar. Lo han contemplado toda su vida y sobre sus cimientos siempre quisieron construir un proyecto. Una iniciativa local basada en la producción de miel mallorquina. Todo un reto, todo un logro.

Llegamos a Alaró y buscamos la sede central de Mel Vici, el proyecto que una pareja de intrépidos puso en marcha en 2014. En el corazón del pueblo, encontramos una casa que luce humilde, adosada a otras de apariencia similar. Pau nos abre la puerta amablemente y nos invita a entrar. Nos acomodamos en su obrador, repleto de tarros de miel que suben hasta el techo y bidones que se usan para el proceso de maduración. «Nosotros nos conocemos de toda la vida. Somos de Alaró y nos hicimos amigos ya de pequeños. Estuvimos una época trabajando juntos de jardineros. Nos encanta el campo y siempre quisimos montar algo en común». Ese algo al que se refiere Pau, en la mente de ambos, cobró diferentes formas: tener ovejas, criar corderos, confeccionar queso de cabra. No acababan de decidirse. Tras haberlo sopesado en largas conversaciones, apareció en escena un amigo del padre de Pau que tenía abejas. De ahí surgió la idea. «¿Por qué no instalamos algunas colmenas y hacemos miel?». Esa fue la pregunta que se formularon, una idea que jamás se plantearon como un negocio. Lo hicieron solo por probar.

«Cuando empiezas te das cuenta de que en Mallorca no hay apicultores profesionales».

Su intención nunca fue la de convertirse en apicultores. Los dos enfocaron sus estudios en disciplinas que nada tienen que ver con su profesión actual: Pau está licenciado en arquitectura y Biel tiene la diplomatura de turismo. Parece ser que la naturaleza y sus leyes ejercieron un poder de atracción muy superior al de sus carreras. «Este amigo de mi padre un día nos sentó en su casa y nos dio una pincelada de lo que hacían las abejas. Eso ya captó nuestra atención». El de la apicultura es un sector desconocido para el gran público, un mundo complejo regido por los caprichos del clima y una jerarquía – la de las abejas – meticulosa y organizada. A Biel y Pau les picó la curiosidad, y se matricularon a un curso de iniciación impartido por Gori Lladó y Juanma Vergara. Tras esas clases, sus conocimientos se ampliaron de manera notable. Tenían un vasto universo por explorar. 

Una de sus primeras tomas de contacto con las abejas la vivieron gracias a Protección Civil. Se apuntaron a una lista para conseguir enjambres silvestres, y en un solo año recibieron una enorme cantidad. Ese altísimo número de enjambres junto a las colmenas que ellos mismos dispusieron fueron el pistoletazo de salida para crecer. Lo que no sabíamos es que hoy pueden autoproclamarse como unos de los pocos en producir miel mallorquina. «Cuando empiezas te das cuenta de que en Mallorca no hay apicultores profesionales. Veíamos que había mucha miel con nombres de aquí, pero luego los botes solo indican que el país de origen es España. Eso significa que compran la miel de fuera. Es uno de los mayores timos que hay». Nos fijamos con detenimiento en la etiqueta de Mel Vici. En ella aparece una abeja sobrevolando el nombre del proyecto. Justo detrás, una frase en mayúsculas recorre verticalmente el papel. Reza lo siguiente: recogida y envasada en Mallorca. Ahí radica su diferencial.

Si valoramos la gigantesca demanda de miel que hay en la isla, su escasa producción local y los tristes engaños que inundan el sector – fraudes que el consumidor final desconoce –, los chicos de Mel Vici podrían alzarse como los pioneros de la miel autóctona balear. Más allá de algunos productores de corte más aficionado que cuentan con unas pocas colmenas. «Nosotros hemos conseguido una producción constante porque hacemos trashumancia. Movemos las colmenas a lugares con distinta floración». Y no solo eso. Biel y Pau viajaron hasta Barcelona para recibir una formación de la mano Gilles Fert, un avezado criador de reinas. De los más respetados que hay en todo el mundo. Gracias a su sabiduría, aprendieron técnicas de reproducción y pudieron hacer una selección genética de sus mejores colmenas. En la isla, también pueden considerarse precursores en la venta de reinas. Cuando Mel Vici aún no existía, conseguir abejas era un asunto muy intrincado.

«Lo difícil es tener niveles de población altos en el momento en que la floración está en su punto óptimo.»

Estos dos amigos de la infancia definen sus primeros años en la apicultura como muy intensos. Un trabajo en el que han prosperado gracias a la observación. Analizar el comportamiento de sus colmenas resulta crucial para una tarea que realizan sin guantes. Las manos desnudas para tocar, para palpar estos insectos de los que depende buena parte de nuestra alimentación. Tanto han medrado en lo suyo que Mel Vici ofrece también servicios de polinización. «La abeja melífera es una polinizadora excelente. Recoge polen y néctar de las plantas. Lo que ocurre es que el polen que se engancha a sus pelos, sin querer, cae en el óvulo de las flores y los fecunda. Eso lo que provoca es un aumento en la producción de los árboles». Por lo tanto, los agricultores que cuentan con extensiones de cultivo contratan a Pau y Biel para que les traigan sus abejas. Así incrementan el rendimiento de su producto.

Por otro lado, Mel Vici también facilita servicios de mantenimiento. Unos encargos que consisten en la producción de miel propia para hoteles, fincas o agroturismos. Esta diversificación de su trabajo les está convirtiendo en expertos. Antes no podían vivir de ello. Pero desde hace dos años, su proyecto les permite ser autosuficientes. «Lo difícil es tener niveles de población altos en el momento en que la floración está en el punto óptimo. La miel viene a ser la comida que las abejas tienen en su despensa cuando no encuentran otro alimento en el campo. Debemos lograr que produzcan mucha miel para que nosotros nos podamos quedar con el sobrante de esa despensa». Para eso hay que controlar la época de lluvias, las zonas de floración, los meses del año, la edad de sus reinas o la población de sus colmenas. Un trabajo contemplativo y romántico, a merced de la naturaleza, y que ya ha inspirado a otros jóvenes a elaborar su propia miel. También aquí. En Mallorca.