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Treurer

Aceite con sabor familiar

Producto Local
Autor:
Aina Coll
06.23.2023
Miquel Miralles había trabajado 40 años en el sector hotelero cuando, en 2006, decidió cambiar de aires. Cansado del turismo de masas y de un modelo de gestión con el que no se sentía identificado, regresó a Pina, el pueblo de su familia, en busca de tranquilidad. Aquí plantó 3000 olivos en una finca que había adquirido 7 años atrás. Ese proyecto familiar -y en Es Treuer la palabra familia lo es todo- se convertiría en el germen de una pequeña empresa arraigada a las tradiciones de la isla.

Mientras contemplamos los olivos, que se extienden majestuosos ante nuestros ojos en una finca de Algaida, Miquel Miralles hijo nos recibe. Ahora están en plena transición generacional, nos cuenta, pues él -que hasta hace poco trabajaba en el hospital Son Espases- ahora se dedica a tiempo completo al negocio y ha asumido las riendas. «Muchas empresas así se pierden porque no tienen relevo generacional. Al final, tienes otro trabajo y debes renunciar a cosas para estar aquí, pero yo me siento privilegiado. Mi padre había arrancado, tenía sus clientes, y yo sabía que necesitábamos otros proyectos para darle más envergadura, eso sí, todos relacionados con los olivos». 

Y es que la columna vertebral de Treuer son, sin duda, estos árboles milenarios y sus frutos, emblema del paisaje mediterráneo. En 2010, los Miralles llevaron a cabo su primera -y pequeña- producción, que con el tiempo ha ido creciendo en volumen -este año han generado quince mil litros de aceite- al mismo tiempo que la empresa se ha profesionalizado hasta contar, por fin, con su propia almazara. Hasta la fecha, producían su aceite en Sóller y lo embotellaban en su finca, pero, como nos cuenta Xisco Blas, director de marketing y operaciones, «el objetivo era claro: tener el control de todo para hacer un producto KM 0 al cien por cien».

Aceite local, con aceituna arbequina -típica de la isla- y con denominación de origen. Un producto exquisito que aquí elaboran con delicadeza y empeño, como quien guarda un tesoro, desde que Miquel Miralles padre se lanzara a la aventura. De hecho, su nombre viene de ahí. Treurer tiene su origen etimológico en la palabra tresorer (tesorero) y lo eligieron porque, según nos cuentan, en la finca «vivía el tesorero de Algaida y entendimos que tenía mucho que ver con nuestro tesoro, rico y dorado, que es el aceite». 

La finca de la familia no ha sido siempre suya, aunque, como confiesa Miquel, «la sentimos como si lo hubiese sido toda la vida». No es para menos. En ella, además de la producción de aceite, vieron otra vía de negocio alrededor de los olivos: un pequeño agroturismo de nueve habitaciones a partir de la rehabilitación del antiguo edificio, que goza de unas vistas increíbles al valle de Randa.

El proyecto era necesario para asegurar la viabilidad de Treuer, sobre todo en unos tiempos en los que, como nos cuentan, están a un sesenta por ciento de la producción habitual «porque las temperaturas son muy altas». Ante la incertidumbre y las limitaciones de la parte agrícola del negocio, explica Miquel, «pensamos que había dos opciones: arrancar el proyecto de un agroturismo que nos diera estabilidad o abandonar la marca y vender aceite a granel».

«La gente que se hospede aquí encontrará la filosofía del campo: silencio y respeto por el medio ambiente».

Al final, emprendieron la primera opción y el resultado es un precioso conjunto de habitaciones espaciosas, fieles al estilo mediterráneo, que ha respetado la arquitectura del Pla de Mallorca. Estética y funcionalmente, el agroturismo se ha integrado a la perfección en su entorno para ofrecer una experiencia real de lo que es la vida en la naturaleza. «La gente que se hospede aquí encontrará la filosofía del campo: silencio y respeto por el medio ambiente», aseguran.

Una cosa que nos queda clara en nuestra visita a Treuer, mientras hablamos con Miquel y Xisco, es que aquí se respetan los principios tradicionales, pero sin miedo a probar, a innovar, en busca de los máximos estándares de calidad. Sobre esta necesidad de combinar nuevas alternativas sin perder de vista el respeto por la tradición, reflexiona Blas, que se incorporó a la empresa en abril de 2022: «una cosa que me gusta mucho de esta finca es que todo está enfocado en la calidad. Antes de la cosecha, cada semana enviamos una muestra a un laboratorio de la península para analizar qué momento era idóneo para la cosecha. Antes, se hacía a ojo, y coincidía con el envero».

«Estudiamos, probamos… pero no queremos transformar el campo. El campo es como es».

Esa calidad que han alcanzado les ha permitido abrirse a nuevos mercados. Su aceite viaja hasta Alemania, Inglaterra, Escandinavia, Singapur y Japón, pues su mayoría de clientes, nos confiesan, son extranjeros, igual que los curiosos que disfrutan de sus visitas guiadas. «En ellas explicamos las diferentes variedades de aceituna, cómo es el método de producción de aceite, organizamos una cata y una merienda KM 0 total, con vino y coca de verdura de Algaida». 

Lejos de idealizar el campo, y en un ejercicio de profundo respeto por él, en Treuer trabajan con visión de futuro pero con los pies en la tierra porque «cuánto más pequeño, más controlas. Conoces cada olivo y esto te permite trabajar mejor». Esta filosofía encaja absolutamente con lo que vemos mientras paseamos por la finca y descubrimos su nueva almazara. «Estudiamos, probamos… pero no queremos transformar el campo. El campo es como es», sentencian.

En Treuer son cálidos, cercanos, transparentes, familiares, y sopesan a conciencia cada decisión. También cuando les preguntamos por su futuro. «Con Pere -el agrónomo del equipo- estamos haciendo estudios para ver si podemos ser ecológicos o no, pero tenemos claro que el proyecto tiene que ser viable porque cinco familias viven de él».