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Natalia Tyrer

El arte del tatuaje

CulturaArte
Autor:
Aina Coll
Fotógrafo:
Jaume Oliver
01.16.2024
En un estudio repleto de libros de diseño de tatuajes e ilustraciones propias ubicado en Bartomeu Rosselló Porcel, en Palma, trabaja la artista Natalia Tyrer. La pasión por el dibujo corre por sus venas desde bien pequeña y, desde hace años ya, la plasma en la piel.

A Natalia Tyrer le dan «un poco de miedo las agujas», algo sorprendente si tenemos en cuenta que hablamos de una artista que empezó a tatuar a los diecinueve años. Todo empezó, nos cuenta mientras charlamos tranquilamente en su estudio de Palma, cuando su pareja de aquel entonces dejó que practicara sobre su cuerpo. «Él llevaba muchos tatuajes y no le importaba si hacía algún desastre», confiesa sonriendo. El gusanillo por el arte, sin embargo, venía de mucho antes: de niña ya dibujaba en cuadernos, de adolescente se adentró en el graffiti con sus amigos y después probó con el acrílico y el óleo. Siempre estuvo experimentando y aprendiendo de forma autodidacta hasta que, al terminar el bachillerato, empezó a cursar ilustración.

A los dos años, sin embargo, dejó la carrera y se mudó a Barcelona para estudiar Artes aplicadas al muro en Escola Massana y, mientras trabajaba de camarera de noche para costearse la vida en la capital catalana, un amigo le presentó a unos tatuadores. Entonces, por primera vez, la profesionalización empezó a presentarse como una posibilidad seria. Estuvo en su estudio durante un año y, como reconoce, «con ellos aprendí de verdad, porque hasta el momento nadie me había enseñado».

«Cuando tatúo en dotwork entro en un estado meditativo».

Al terminar su etapa de estudiante, Natalia estuvo viajando por el mundo una larga temporada y en Australia, relata, encontró «un estudio muy profesional, me quedé un año y medio allí y entendí que quería dedicarme a esto». Así fue. De regreso a Mallorca, se instaló en la isla y encontró trabajo por cuenta ajena, pero tenía claro que era algo temporal, pues «quería mi propio negocio. Mi sueño era trabajar sola, sin jefes, y encontré este local cerca de casa». Hace justo seis años se atrevió a dar el paso y montó el estudio en el que trabaja desde entonces en la calle Bartomeu Rosselló Porcel.

Los «nervios, el vértigo y la gran responsabilidad» que sentía cuando empezó, como Natalia dice, «por amor al arte» a los 19 años se han transformado en un talento que cautiva a los amantes de los tatuajes por su estilo, que define como ornamental y que bebe de influencias orientales y tibetanas. Sus ilustraciones que graba en la piel, siguen el estilo dotwork o puntillista, que consiste en hacer puntos sobre diseños geométricos, más o menos intensos, de forma que crea un potente efecto visual. Una manera de trabajar que exige la máxima concentración y que, explica Natalia, «te hace entrar en un estado meditativo».

«Para mí es increíble pensar que estás haciendo algo para toda la vida para esa persona y ver que está satisfecha».

Antes de ponerse a trabajar con las agujas, sin embargo, hay otra fase previa, más creativa, en la que Natalia dibuja el tatuaje. En el propio estudio, de hecho, cuenta con una habitación en la que pinta y se inspira porque, como reconoce, un tatuaje empieza mucho antes de plasmarlo y depende de la parte fundamental: el cliente que confía en ella. «Algunos vienen con las ideas muy claras, otros vienen con la mente muy abierta y me dan vía libre para crear», cuenta sobre un perfil de público que ha ido cambiando en estos seis años: «al principio venían, sobre todo, mujeres de entre 30 y 45 años, pero ahora cada vez vienen más hombres». Al terminar, claro, es el momento de recibir el feedback de quien se ha puesto en sus manos, un instante clave para Tyrer porque, cuenta, «para mí es increíble pensar que estás haciendo algo para toda la vida para esa persona y ver que está satisfecha».

Aunque el tatuaje se le da extraordinariamente bien y es el medio artístico al que dedica su vida laboral, el arte forma parte del modo de vida de Natalia Tyrer en todas sus formas. «Estoy todo el día pintando. Incluso entre tatuaje y tatuaje, pinto». Huyendo de las etiquetas, Tyrer experimenta y no quiere encasillarse, algo que demuestra la reciente exposición en la que ha participado, Diálogo, junto con el escultor madrileño Santiago Villanueva en la 2Q Art Gallery, en Palma, con una obra que empezó a crear hace tres años y en las que todas las piezas están conectadas entre sí.

Crear, crear, crear. Esta la pasión de Natalia Tyrer, que ha ilustrado la portada del último libro de Íñigo Gibernau, planea futuras exposiciones (sobrevuela, durante nuestra charla, una posible muestra en Tokio) e incluso, se auto tatúa. Porque alguien que respira arte a raudales, como ella, es capaz de crear obras increíbles en cualquier lienzo, incluso en su piel.