Actualmente, el foco de Save the Med se proyecta sobre dos vertientes: la regeneración de las áreas marinas de Formentor y Sa Dragonera y la reducción del uso de plásticos que acaban en el mar porque, como bien nos cuenta Estela Fernández, responsable de comunicación, «conservar y reciclar ya no es suficiente. El primer paso es prevenir y encontrar alternativas».
La regeneración marina del área de Formentor, que abarca 26 kilómetros de ecosistemas que van desde Punta Beca hasta el mismo faro de Formentor, es un proceso ambicioso pero motivador. En él trabaja el equipo científico de Save The Med con la fundación Arrels Marines en un plan integrativo que une ciencia, divulgación y compromiso e invita a todos los sectores implicados a sumarse a la causa. El proyecto es abierto porque, como explican Yaiza Santana y Patricia Puerta, «es importante que pescadores, instituciones, el sector náutico… todos se involucren en un proceso que empezó desde cero para lograr el compromiso de todas las partes».
La otra lucha de Save the Med persigue reducir el volumen de plástico que consumimos a diario a nivel individual y también empresarial. Para ello, en el marco de la iniciativa Balears sense plàstic, la organización diagnostica la situación de las empresas que recurren a ellos y realiza un informe que sirve de base para transitar hacia un modo de hacer que prescinda de plásticos. Su guía de alternativas honestas a los plásticos de un solo uso para empresas HORECA, que redactaron junto con IbizaPreservation, es el faro de muchas organizaciones empresariales que desean reducir e incluso eliminar el plástico en su día a día. «Las empresas que acuden a nosotros vienen ya motivadas, pero es curioso ver que, cuanto más avanzan, más crece su compromiso y su deseo de mejorar», nos cuenta Tupa Cárdenas.
En este reto, el greenwashing es un frente a combatir a través de la reflexión y la información. «Ni todos los plásticos son reciclables ni todas las bolsas son biodegradables y, por ello, no pueden procesarse junto con el residuo orgánico, pero mucha gente lo desconoce. Es, en pocas palabras, marketing engañoso», sentencian.
«Hay que quebrar el modelo de consumo actual, pues genera un gran impacto en nuestro entorno».
El modelo de consumo que impera en nuestros días es otro paradigma que ponen en cuestión. Un sistema volátil, sometido a las prisas y que se rige por el patrón de usar y tirar. “Los productos desechables, aparentemente respetuosos con el planeta, se venden como una alternativa al plástico, pero ¿en realidad necesitamos un producto que apenas utilizamos durante unos minutos como un vaso de café para llevar o una pajita para beber?”, reflexiona Cárdenas. Aquí está la clave. “Hay que quebrar el modelo de consumo actual, ese al que nos hemos habituado porque vivimos a un ritmo frenético, pero que genera un gran impacto en nuestro entorno” continúa.
Esta es una cuestión nada baladí que, en realidad, podemos cambiar todos con pequeños gestos. Aunque suene aparentemente a paradoja, la cuestión es ir hacia atrás para un futuro más sostenible. Adquirir solo lo que necesitamos, comprar producto local, apostar por alimentos a granel o tener siempre bolsas a mano son alternativas que tenemos a nuestro alcance. Sin embargo, desde Save the Med nos proponen otras ideas, todavía novedosas en Mallorca, como la creación de grupos de consumo. En estos, las personas involucradas se organizan para comprar directamente al productor solo lo que necesitan, por lo que se minimiza el desperdicio alimentario y se prescinde de los envases, reduciendo así el impacto ambiental.
La generación más joven también tiene mucho que decir al respecto, no solo porque es el futuro, sino porque los niños y los adolescentes están cada vez más concienciados y tienen mucha información a un solo clic de distancia. El proyecto educativo Dos Manos es una herramienta didáctica con la que Save the Med invita a los jóvenes a tomar parte en sesiones de tres días en las que reflexionan sobre cómo afecta el plástico al medio marino y a las personas.


«Nos ilusiona ver que los más jóvenes se involucran en los proyectos y se interesan para saber cómo pueden contribuir a la causa».
El programa les invita a ser parte activa de la solución y fomenta el cambio desde la creatividad y la vertiente más lúdica: durante dos días se identifica un reto, para el cual se exploran posibles soluciones innovadoras, y se hace una excursión a la playa para conocer la problemática sobre el terreno. Después, los equipos que presentan los proyectos de mayor impacto pueden unirse al equipo de Save the Med en una misión marina. «Nos ilusiona ver que se involucran, que tienen muchas preguntas y que cada vez se interesan más para saber cómo pueden contribuir a la causa».
Aunque queda mucho camino por recorrer, en Save the Med tienen claro que combinar acciones a corto, medio y largo plazo es imprescindible, así como abrir espacios de reflexión y puntos de información accesibles para personas de a pie y también para las empresas. «Se está avanzando mucho en este sentido porque la Ley de Residuos de las Islas Baleares es pionera, valiente y ambiciosa. Un marco que otras comunidades desearían tener», nos cuentan.
Entre tantos propósitos, resulta curioso pero también esperanzador que al preguntarles qué logro destacarían de su trayectoria elijan la alianza que están tejiendo entre distintas oenegés. «Durante mucho tiempo cada una ha ido por su lado, pero ahora colaboramos en lugar de competir y eso nos impulsa más lejos». En cuanto a los retos del futuro, también lo tienen claro: seguir trabajando en las áreas de Formentor y Sa Dragonera, despertar la conciencia colectiva e involucrar a toda la comunidad para una causa que, al fin y al cabo, es la de todos nosotros.



