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Teixits Vicens

Artesanía textil milenaria

Producto LocalTextil
Autor:
Aina Coll
Fotógrafo:
Jaume Oliver
01.10.2024
La historia cuenta que la tradicional roba de llengües llegó a Mallorca a través de la Ruta de la Seda. De hecho, su nombre homenajea a las lenguas de fuego que se crean a través de la técnica milenaria del ikat, que sigue viva hoy en la isla en tres talleres locales. Uno de ellos es Teixits Vicens, que abrió sus puertas en Pollença en 1854 y recientemente ha incorporado a la quinta generación al negocio familiar.

El legado -empresarial, cultural y artesano- ha pasado de generación en generación en la familia Vicens hasta ahora, aunque el camino no ha sido llano: «Hemos pasado años complicados en los que hemos tenido que trabajar mucho para preservar la empresa y el producto. Es una gran responsabilidad que no desaparezca una empresa como esta». Quien nos recibe y recapitula más de 150 años de historia es Tomeu Fuster, General Manager de la empresa y representante de la tercera generación de la familia.

«Mis tíos, Martí y Antonia, fueron claves para poder seguir adelante. Martí ha sido el reinventor de la tela de llengües porque se habían perdido las fórmulas y él las recuperó. Además aportó mucho color», continúa, con una mirada cargada de orgullo. No es para menos. Esta técnica textil tradicional apenas se produce en tres fábricas actualmente (Teixits Bujosa, en Santa Maria; Teixits Riera, en Lloseta, y la pollencina Teixits Vicens) y para sobrevivir todas han tenido que reinventarse muchas veces y abrirse a nuevos productos sin, eso sí, renunciar a su esencia.

Lo cuenta con la pausa con la que afronta el presente alguien que ha visto cambiar el mercado muchas veces. Como Fuster reflexiona en el taller, donde el trabajo no cesa, «hacemos productos que no llegan a morir nunca, pero que viven en una montaña rusa: se ponen de moda y luego baja la demanda. Tienes que luchar constantemente».

La crisis de 2008 fue una prueba de fuego que sirvió como punto de inflexión para los Vicens. Una oportunidad para darse cuenta de que debían proponer algo diferente si querían seguir adelante. Hasta entonces, además de producir telas, en el taller confeccionaban tapicería, ropa de cama y de mesa, y cortinaje, y a partir de la crisis decidieron adentrarse en el mundo de la moda, creando con sus telas zapatos de esparto y plataforma, y complementos, siempre con este inconfundible sello isleño.

La evolución, en realidad, corresponde al cambio de prioridades de una sociedad que se estaba transformando. «Nos dimos cuenta de que la gente joven se hipotecaba y gastaba poco en decoración o apostaba por grandes superficies. Al ampliar nuestro abanico de productos, hemos ampliado el de consumidores».

«Antes de la pandemia ya notábamos un cambio de mentalidad, un deseo por lo auténtico y artesanal».

Asumir los tiempos de la era digital y ‘hacer sus deberes’, como afirma Fuster, en lugar de resistirse a ellos también ha jugado a su favor. «En 2010 empezamos a utilizar las redes sociales, que para una empresa pequeña como la nuestra resulta económico. Antes no podíamos promocionarnos ni luchar contra las imitaciones, que nos han hecho mucho daño durante este tiempo».

Decididos a seguir avanzando, apostaron por la transformación digital y Teixits Vicens emprendió, como marca, un plan estratégico internacional, creó una nueva página web y apostó por su presencia en las redes sociales. Luego, llegó la pandemia, pero se sintieron preparados tecnológicamente para poder seguir trabajando y, a través de la web, aumentaron sus ventas en un 50%.

La pandemia los pilló preparados, pero también aceleró «muchas cosas que estaban por venir. Nosotros ya notábamos un cambio de mentalidad, un deseo por lo auténtico y artesanal», asegura Fuster. Otro giro de guion para una empresa que sigue fabricando la parte básica de su proceso de forma manual, como se hacía antaño, con algodón blanco que se tiñe, en una paleta de color que ha ido creciendo, en dos caras idénticas. Luego, se compone el dibujo en un laborioso proceso y se pasa al telar para dar consistencia a la tela con lino. El mismo proceso desde 1854.

«Así que el secreto ha sido volver a nuestros inicios para seguir avanzando, que es lo que hace falta: volver atrás en muchos sentidos».

Paseando por la fábrica descubrimos la belleza de las telas, que se producen lisas, rayadas y con las tradicionales llengües. En ellas, cada hilo cuenta. ‘Esta’, dice Fuster mientras señala el urdidor, ‘tiene 1.008’. Una vez terminadas, cinco mujeres que trabajan en la misma fábrica las transforman en productos, pero esto tampoco es nuevo.

Aunque en Teixits Vicens se abrieron a la moda para expandir el negocio, hallaron una foto de los años 60 que les demostró que, como dice Fuster, «no habíamos inventado nada. Mis tíos ya lo hacían». En efecto, en la foto hay ropa y bolsos. «Así que el secreto ha sido volver a nuestros inicios para seguir avanzando, que es lo que hace falta: volver atrás en muchos sentidos».

Las telas de Teixits Vicens enamoran a muchos. Por eso su clientela es muy variada: el primer mercado es local, el segundo alemán y el tercero, francés, aunque también venden a Inglaterra y de forma más esporádica a Portugal y Países Bajos.

A pesar de que el camino andado es largo, también hay retos que asumir, como el de lograr teñir las telas con tintes naturales y uno que parece resistirse a la lógica común: el que supone afrontar las imitaciones, que en los últimos años no han parado de crecer. «Siempre que algo está de moda aparecen imitaciones que son competencia desleal», reflexiona Fuster, que desde Teixits Vicens ya se ha aliado con sus colegas de Santa Maria y Lloseta para reactivar la asociación que crearon en 2009 y luchar por la protección de su histórico trabajo desde una base legal.

Abiertos pero enraizados, el emprendimiento parece formar parte del ADN de la familia Vicens, que mira al futuro con optimismo y con ganas. «Nuestro trabajo ahora será pensar qué productos y estrategias podemos hacer de cara al futuro».

Una de esas vías por explorar es la de tender puentes con otros artesanos locales, en la que ya trabajan. De hecho, han creado una colección de joyas con Antic Mallorca uniendo dos artesanías milenarias -la llata y la roba de llengües-. Un ejercicio de cobranding que beneficia a ambas partes y rinde homenaje a una cultura, a una tradición, que está en nuestras manos mantener.

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