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Jaume de Puntiró

Cata de vinos con sabor a pueblo

Jaume descorcha la primera botella, un vino blanco de 2023 elaborado con una variedad de aquí, el prensal blanc, y que seremos los primeros en probar cuando aún nadie lo ha hecho.

Autor: Joan Ramis Boscana

Fotógrafo: Jaume Oliver

Hemos arrancado este 2024 con el mapa de Mallorca extendido sobre nuestra mesa de trabajo. Hemos puesto la vista en las chinchetas que ya habíamos clavado en nuestros itinerarios, una constelación de puntos que nos hace redescubrir proyectos que en su día nos dejaron un agradable sabor de boca. Ha sido en ese repaso cuando nos hemos fijado en la bodega de Jaume de Puntiró, un celler del que ya publicamos un artículo y que hoy, montados en nuestro coche, visitamos de nuevo con un objetivo entre ceja y ceja: queremos empezar el año con una cata de vinos que sepa a pueblo.  

Con el coche nos adentramos en Santa Maria del Camí y conseguimos aparcar justo enfrente de la bodega, en el seno de la Plaça Nova. Delante de su sencilla fachada ya se agolpan algunas personas: el resto de los participantes que compartirán esta experiencia con nosotros. Es Jaume quien nos recibe apostado al lado de la puerta, el hijo de uno de los socios de Jaume de Puntiró, que nada más arrancar la visita en este día frío de enero, nos dice que nos fijemos en el cuadrado mágico colgado junto a la entrada, un polígono plagado de números que sumados por columnas, filas o diagonales dan siempre el mismo resultado, que en este caso es cuarenta. Una cifra que homenajea los años desde que se produjo el primer vino en este celler. Impulsados por su historia, accedemos al interior de una bodega que respira humildad. 

Estamos rodeados por los depósitos donde se elabora un vino sostenible con nombre propio. La producción sostenible que practican en Jaume Puntiró se remonta hasta 1980. Es decir: hasta sus inicios. Una nobleza de espíritu que también se aprecia en las instalaciones del lugar, modestas en sus formas, pero ambiciosas en sus objetivos. En el centro de la estancia nos espera una mesa dispuesta para la ocasión, donde descansan unas diez copas y el tentempié que amenizará nuestros sorbos, compuesto de pa amb olis, quesos de las islas, aceitunas trencades y embutidos de la tierra. Una tierra donde germinan las uvas que conforman el néctar que estamos a un paso de degustar. Jaume descorcha la primera botella, un vino blanco de 2023 elaborado con una variedad de aquí, el prensal blanc, y que seremos los primeros en probar cuando aún nadie lo ha hecho. Nos sentimos honrados y le damos un primer trago, intentamos estar a la altura de un producto desconocido para el público con notas cítricas que saben ligeras. Una presentación alegre que nos recuerda al albariño gallego, y que da pie a la segunda propuesta de una cata en la que Jaume, solícito, nos lo explica todo al detalle. 

Este segundo vino se llama Daurat, otro blanco que brilla con un tono amarillento en el cristal de nuestra copa. Nos llena la boca con una sensación untuosa, golpea con ímpetu nuestro paladar y nos cuentan que ha descansado seis meses en barrica de roble francés. Lo hacemos bajar con placer cuando nos sirven la siguiente remesa, un Amicamat que rinde culto a la figura de Ramon Llull. Ojalá tras un primer trago pudiésemos absorber una ínfima parte de su sabiduría, pero lo que sentimos en la lengua es la potencia de un vino que ha fermentado en tanques de acero inoxidable. Tiene más cuerpo que el anterior, mayor fuerza gracias a la variedad del giró ros. Una uva que también se ha trabajado para un cuarto vino que pertenece a la rama Divertimento, una sección de este celler que tiende a la osadía y que produce vinos como el Brisat de Puntiró, un orange producido a base de pieles y que refulge con un color anaranjado. Un blanco bien potente en cuya etiqueta aparece una foto de los dos socios principales de la marca, enmarcados en una imagen melancólica de cuando eran niños. 

Entre bocados de pan regados con el aceite ecológico que también elaboran en el propio celler, – cuentan con un pequeño olivar que les permite cierta producción –, nos presentan el vino más añejo que tienen, que es un coupage entre mantonegro y sirah que empezó a embotellarse en 2001. Se llama Carmesí, y al contemplar el pigmento que rellena nuestra copa, entendemos el significado de su nombre. Un tinto que ya tiene dos o tres años y que nos hace pensar en frutos rojos, en cerezas y fresas. Engullimos un trozo de botifarró, el cielo de la boca nos escuece lo justo y el sexto vino aparece ante nosotros. Lo han apodado Buc, una mezcla de mantonegro y cabernet que destila pureza y homogeneidad. Lo probamos a sorbos muy cortos y tomamos una decisión: este se viene a casa con nosotros. Lo acabaremos comprando en la tienda que alberga la bodega justo en su entrada, donde asimismo venden la miel Es Begot, la Flor de Sal de Es Trenc y otros prodigios artesanos. 

Hacia el final de esta experiencia, Jaume saca un mapa de Mallorca dividido en denominaciones de origen. Nos desgrana los secretos de esos territorios mientras paladeamos el Vi de segle, una edición especial que han rescatado especialmente para estas Navidades. Tiene aromas más oxidativos y contrasta con el penúltimo, que es casi un cava. Su sabor es idóneo para estas fiestas que ya terminan, y que ha fermentado en depósito y luego en botella para su gasificación. Tiene poca aguja y mucho dinamismo. Casi lo contrario al último trago del día, un vermut con vino blanco macerado en piel de naranja, limón, hierbaluisa, romero y otras hierbas. El broche perfecto de la jornada.

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