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Es Garrover de Mallorca

Las bondades de la algarroba

Producto LocalGastronomíaCulturaSostenibilidad
Autor:
Aina Coll
Fotógrafo:
Jaume Oliver
11.06.2024
Bajo la sombra de los árboles, Joana habla de sus algarrobos como quien alberga un tesoro y no lo hace en vano. Tanto su padre como su abuelo ya supieron intuir las bondades de este fruto autóctono de las Islas Baleares y ella, que creció conectada con el campo, ha ido un paso más allá.

Tras una estancia en Perú en 2012, en la que investigó los productos que allí se elaboran con la algarroba, y después de analizar estudios que abordan sus propiedades, en 2015 Joana impulsó, con el apoyo de sus padres, la primera producción de harina de algarroba. Un giro, pero en forma de continuidad, a una historia ligada al campo.

Hasta no hace mucho, ‘la algarroba era comida para pobres y ahora es uno de los productos más importantes a nivel mundial en comparación con el cacao’, afirma Joana en una visita guiada, un encuentro informal, distendido y enriquecedor con una asociación de jubilados que hoy disfruta de una mañana en Ca S’Hereu, el campo familiar reconvertido a ecológico que da parte del fruto a Es Garrover de Mallorca. El resto de algarroba que la empresa necesita, se compra a agricultores locales.

Tanto los oyentes como Joana coinciden: la algarroba ha sido en la isla, tradicionalmente, un producto asociado a la alimentación de los animales. Un ingrediente devaluado que, en realidad, contiene innumerables beneficios. Fuente de fibra, calcio y magnesio, aporta minerales y vitaminas, y regula el sistema cardiovascular y el tránsito intestinal. Y luego está su delicioso sabor, claro, que ha convencido a reputados chefs de la isla como Santi Taura, Andreu Genestra o Miquel Calent, que incorporan su harina en sus postres.

 

«En 2012 visualicé que sería importante a nivel mundial. Creo que se va a posicionar como el cacao y que podremos difundir el mensaje de la algarroba como un producto clave de nuestra dieta».

«La algarroba es un producto histórico abandonado. No se había valorado, lo hemos tenido en nuestro entorno y no lo hemos sabido aprovechar», continúa Joana que, lejos de resignarse, adopta un discurso positivo y esperanzador. Algo que quizás ha heredado de su abuelo, que hace más de ochenta años empezó este camino con entusiasmo, y de su padre, agricultor. Ella, que ha aprendido de ambos, siente que el proyecto -nada más y nada menos que crear una empresa con un producto que no existía- «nació para innovar y transformar» y, como ellos, se considera una visionaria. «En 2012 visualicé que sería importante a nivel mundial. Creo que se va a posicionar como el cacao y que podremos difundir el mensaje de la algarroba como un producto clave de nuestra dieta.»

Combatir este desconocimiento ha sido -y es todavía hoy, aunque en menor medida- parte del día a día de Es Garrover, que avanza con un propósito firme: «que la algarroba de Mallorca sea uno de los productos más significativos y que la gente local lo consuma. Este es nuestro trabajo. Ha sido arduo, pero la parte nutricional nos ha ayudado a potenciar nuestros productos». Tanto es así que, en las redes sociales, es ya habitual encontrarse con usuarios compartiendo las recetas que elaboran con la gama de Es Garrover de Mallorca, un altavoz que entusiasma a Joana. «Me encanta que la gente haga comunidad».

Desde que empezara a producir harina, el abanico de productos no ha parado de crecer: crema de algarroba, café, jarabe o salsa son algunos de sus éxitos, pero la gama deportiva, reconoce, ya ha rebasado incluso la venta de harina, su producto estrella hasta hace poco. Barritas y batidos sin azúcar, ecológicos y locales que ha creado en una alianza con la empresa llosetina Mega Raw. «Ha funcionado muy bien y queremos ampliar la gama. Coincidimos en ferias y compartimos filosofía de vida. La combinación de nuestras empresas ha hecho que sea un éxito porque nos entendemos a la perfección». 

 

 

«Lo que me gusta es el contacto con las personas, poder transmitir».

Más allá de los productos -que pueden encontrarse en su tienda de Llucmajor, en ferias, online y en grandes superficies- el concepto de Es Garrover de Mallorca ha ido también transformándose. En 2019 empezaron a gestar El museu de Sa Garrova, un proyecto que se paralizó durante la pandemia, pero que ahora acoge experiencias como un menú orquestado por el chef Miquel Serra y las visitas acompañadas.

La que disfrutamos hoy es una buena muestra de lo que esperar de ellas: el encuentro comienza con un paseo por Ca S’Hereu, un viaje por la historia del fruto y sus variedades locales, y culmina con un desayuno con gató, pan con sobrasada, ensaimada rellena de crema de algarroba -que se cuecen en un horno del pueblo- y la cata del Garrovinet, una bebida elaborada de forma artesanal a partir del proceso de fermentación de la algarroba. Un festín de lujo, saludable y cien por cien local.

En estas jornadas, los participantes entran en contacto con el entorno, saborean las mil formas de la algarroba y, además, conocen un mundo que para muchos es desconocido. Algo que a Joana le apasiona. «Me he paseado por ferias y mercados, pero con los niños me he enfocado a que la gente venga aquí y a crear experiencias. Lo que me gusta es el contacto con las personas, poder transmitir». Tiene todo el sentido, pues nada está más alineado con su propósito que acercarnos a un cultivo mediterráneo sostenible plagado de posibilidades. A su historia y a su esencia. Y hacernos partícipes de lo que está por venir.

Nosotros, de momento, ya tenemos claro que cuando la algarroba se convierta en un ingrediente ineludible en nuestra dieta podremos decir que estábamos avisados. Que gracias a Joana lo vimos venir.

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