GastronomíaYumee. Cocina de encuentro
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Y es que no hemos podido resistir la tentación de catar una ensaimada elaborada como jamás lo habíamos visto antes: cubierta de deliciosos pimientos asados y exquisitos trozos de bacalao y pasta de aceituna negra.
Autor: Aina Coll
Fotógrafo: Jaume Oliver
A los pies del Puig de Randa se cocina, con producto local, un homenaje a la gastronomía mallorquina. Las recetas de la tradición culinaria de la isla, en versiones de siempre y en alguna que otra adaptación tan inesperada como sorprendente, son las protagonistas de Sa Tanqueta, un restaurante recientemente reformado que alberga una casa fiel a la arquitectura mediterránea.
Nada más llegar nos acomodamos en nuestra mesa, cerca de una ventana que nos permite curiosear las fachadas de las casas vecinas y admirar la inmensidad del Pla de Mallorca en un ambiente en el que reinan la paz y la calma.
Entre nuestras manos tenemos ya la propuesta del lugar. Frito de pulpo, ensaimada con pimientos a la brasa, lechona asada, burballes, arròs brut y bacalao con alioli y trempó lucen con un contorno de la la isla, una seña que indica a los despistados que estos platos son típicos de nuestra gastronomía. No obstante, la oferta la completan carnes a la brasa, que se cocinan en una parrilla humeante ubicada al fondo del local.
Deseosos de probar distintos platos y con la emoción de las primeras veces, resolvemos hacer una -nada fácil selección- y pedir tres propuestas para compartir. Debatimos un rato y decidimos ir a por la ensaimada, las croquetas y las sopas mallorquinas. Una elección autóctona que anticipamos como un viaje a través del sabor y el producto arraigado. Para beber, pedimos agua y un vino que conocimos, no hace mucho, y nos encandiló al primer sorbo: el blanco Origens de Blanca Terra.
El ir y venir de numerosos grupos de ciclistas que hacen ruta por Randa nos entretiene hasta que llega el primer plato: las croquetas de sobrasada y queso mahonés. Redondas y del tamaño perfecto para disfrutarlas de un solo bocado, tan potentes por dentro como crujientes por fuera, los dos ingredientes se ensamblan a la perfección y se respetan gracias a una bechamel que los equilibra.
La ensaimada es nuestro segundo asalto. Y es que no hemos podido resistir la tentación de catar una ensaimada elaborada como jamás lo habíamos visto antes: cubierta de deliciosos pimientos asados y exquisitos trozos de bacalao y pasta de aceituna negra. Una combinación novedosa que sorprende al paladar por la combinación inesperada de sabores, pero que nos entusiasma. La combinación de dulce y salado, en perfecta armonía, maravilla nuestras papilas gustativas. Una grata sorpresa que, sin duda, recomendamos a quienes quieran acercarse hasta aquí.
Después de este manjar, llega a nuestra mesa una generosa ración de sopas mallorquinas, un plato tradicional que suele cocinarse, sobre todo, en invierno y que jamás pasará de moda por méritos propios. En el punto justo de cocción, este humilde plato, sencillo pero sabroso, remata un almuerzo que estamos disfrutando y que decidimos redondear con un postre.
Ahora sí, nos ponemos de acuerdo enseguida y compartimos una textura de chocolate. Servido en un bol, un trozo de brownie, esponjoso y suculento, acompañado de una bola de helado de chocolate blanco, una mousse de chocolate -nada empalagoso, por cierto- y coronado con crocantes de chocolate -claro- conforman una mezcla de texturas que son el sueño de todo goloso.
La cocina de Sa Tanqueta logra alcanzar el equilibrio entre la cocina humilde pero ejecutada con sentido. Sin pretensiones y con producto de proximidad, en un local precioso que conserva la estética mallorquina, se revela como un lugar ideal en el que volver a conectar con nuestra gastronomía para los que la amamos y conocemos, y en el que aproximarse a ella y descubrirla para los que visitan, por primera vez, la isla.
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