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Sa Ferreria

Arte gastronómico

Decimos sí a un plato de puerros con requesón y almendra que, desde la sencillez de sus ingredientes, reivindica su cuota de protagonismo. No hay debate: se lo concedemos porque el plato es una maravilla.

Autor: Aina Coll

Fotógrafo: Jaume Oliver

Nada más poner un pie en Sa Ferreria, en Campos, uno ya intuye que acaba de acceder a un lugar muy especial. Reformada sin estridencias y respetando la arquitectura original, esta antigua ferrería es ahora un restaurante que conserva la pátina del antiguo oficio que albergaba. Pronto confirmamos nuestra sospecha de la mano de Aina, quien capitanea el proyecto junto a su hermano y se ofrece a acompañarnos en un tour improvisado por el local.

Mesas altas y bajas de terrazo, paredes de piedra vista, un banco de obra y vestigios de la antigua ferrería conforman el diseño del interior de la sala principal, que con cierto aire rústico abraza el minimalismo e irradia buen gusto, sobriedad y elegancia. Si la primera impresión es decisiva, estamos ya bastante seguros de que esto nos va a gustar.

Justo al lado de la mesa en la que nos vamos a sentar, una puerta conduce a la terraza -otro encanto más de Sa Ferreria- que deja penetrar la luz natural entre plantas y unas pocas mesas. Aquí, subimos por una escalera hasta una habitación que acoge exposiciones temporales y, en ocasiones, talleres de yoga. Hoy, ingeniosas piezas de vidrio soplado invaden la sala gracias a la creatividad y la maña de la artista mallorquina Raquel Pou. Como nos cuenta Aina, organizar exposiciones es su forma de contribuir a agitar y promover la vida y el arte en el pueblo.

De vuelta al piso inferior, bajo las vigas originales de madera, tomamos asiento con la intención de comprobar cómo se traslada el concepto de Sa Ferreria a la mesa, así que con la llegada de los primeros comensales escrutamos una carta concisa que rebosa cariño y se atreve a interpretar recetas de aquí y de allá con ingredientes que nos resultan más que familiares.

Pedimos una Neipa, una cerveza IPA de Adalt para refrescarnos las ideas y, ahora sí, abordamos la carta: cocas artesanas del día -las de hoy son de tomatitos cherry con queso y de sobrasada con cebolla-, croquetas de ternera y jengibre, patatas bravas con una pinta espectacular -no podemos evitar seguirlas con la mirada mientras van de la cocina hasta una mesa vecina- y tacos de cordero con salsa de yogur son algunas de las propuestas de Sa Ferreria que, hoy, completan dos platos fuera del habitual menú: carpaccio de ternera con verduras y queso azul y alcachofas aderezadas con salsa romesco.

La elección se ha puesto complicada para dos apasionados de la gastronomía que aman investigar y saborear platos por primera vez, pero Sa Ferreria nos invita a jugar y este plan, seamos sinceros, nos encanta. Así que, sin más demora, comenzamos con unas gyozas al vapor -con un toque de plancha- muy a la mallorquina, pues están rellenas de lomo con col, sobrasada y pasas, una receta clásica e imperecedera en el recetario de esta isla cocinada en una versión sorprendente (y riquísima) para nuestros paladares.

Como muy a menudo nos dejamos convencer por las sugerencias de los chefs -¿a quién íbamos a escuchar si no?- decimos sí a un plato de puerros con requesón y almendra que, desde la sencillez de sus ingredientes, reivindica su cuota de protagonismo. No hay debate: se lo concedemos porque el plato es una maravilla.

A continuación, apostamos por el tartar de salmón con wanton, un plato refrescante que encaja a la perfección en este caluroso día de mayo y que nos va genial como prólogo del último plato que nos llevamos a la boca y que se avecina potente: un brioche casero de panceta asada. Sí, un colofón sin remilgos que amalgama el dulzor del pan francés -pero hecho en Mallorca- con el sabor algo amargo de la panceta condimentada con cebolla morada y pepino.

Conscientes de que el juego se nos ha ido de las manos, pero de que estamos ganando -porque esto es una fantasía-, decidimos rematar la partida con un postre que, todavía hoy, no podemos olvidar: una tarta de zanahoria regada con crema de naranja que recomendaremos a cualquiera, de ahora en adelante, sin margen para el error.

Nos vamos absolutamente maravillados con la cocina de Sa Ferreria y agradecidos por la amabilidad de Aina, que a nuestra partida sonríe mientras un señor se relame y le confiesa que el carpaccio de ternera que se acaba de zampar es el mejor que ha catado en su vida. No miente, estamos seguros de ello. Él también ha ganado.

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