GastronomíaYumee. Cocina de encuentro
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Desde el corazón de Manacor, Zero nos ofrece una variada y deliciosa selección de recetas plant base y vegetarianas.
Autor: Cristian Rodríguez Domínguez
Fotógrafo: Travel To Zero
Hoy nos hemos levantado un poco culturetas, con ganas de descubrir un poco más de nuestra historia. Así que ni cortos ni perezosos decidimos desplazarnos hasta la comarca del Levante, más concretamente a Manacor. Y es que nos ha llamado la atención el Museo de Historia de Manacor, situado en un edificio del S.XIII, la Torre dels Enagistes. En él podemos encontrar y descubrir cómo era la vida, la fauna y la flora del municipio desde la prehistoria. Una experiencia cultural enriquecedora y que bien merece desplazarse hasta esta zona de Mallorca.
Decidimos a la salida acercarnos al centro de la ciudad, se va acercando la hora de la comida y no sabemos muy bien todavía donde podríamos parar para saciar nuestro apetito. Nos encontrábamos contemplando la parroquia de la Mare de Déu Dels Dolors, cuando en uno de sus laterales nos llamó la atención una coqueta terraza situada a los pies de la basílica, justo en la plaza Weyler. Nos acercamos a curiosear y vemos unas pizarras situadas en la pared exterior, en las cuales, en letras grandes, se puede leer “Productos locales, comida casera”. Enseguida captan nuestra atención. Descubrimos el letrero con el nombre del restaurante, Zero, así que decidimos entrar.
Entramos bajando un par de escalones y nos encontramos ya en una coqueta y acogedora sala. Nada más poner un pie en suelo firme nos recibe con una gran sonrisa Maribel. Pedimos mesa y nos indica una situada cerca de la barra. Tomamos asiento y mientras leemos la carta nos comenta que todos los días, además de sus platos habituales, preparan lo que ellos llaman un “Combo”, compuesto de un entrante y un plato principal que va variando todos los días. Mientras nos trae la bebida, releemos la carta y le seguimos dando vueltas a la sugerencia. Cuando nos sirve ya lo tenemos claro; un combo y un entrante de la carta, así tendremos la oportunidad de probar un poco de todo.
Llega el primero de nuestros platos, una crema fría de ajo blanco. Servida en un cuenco, esta sopa ligera y refrescante, con un sabor predominante del ajo pero sin llegar a ser excesivo es un refrescante y sabroso comienzo. Le acompañan un generoso chorro de aceite y cebolleta picada que le otorgan un toque delicioso. En un abrir y cerrar de ojos ya tenemos el recipiente vacío. Es el momento de dar cuenta a nuestro segundo entrante. Nada más y nada menos que unas estupendas croquetas de espinacas y puerro caseras. Con unas formas irregulares, indicador inequívoco que están hechas a mano, un tamaño perfecto y un dorado perfecto. El relleno cuenta con una bechamel ligerita, sabrosa, nada empalagosa y que no acapara demasiado el espacio interior, que se lo cede gentilmente a unas sabrosas verduras. Bocados que nos saben a gloria.
Es el turno de nuestro principal. Servido en un plato hondo, nos encontramos dos falafels, acompañados de una ensalada verde, un arroz salteado y un poco de salsa tzatziki. Como ya pasaba con las croquetas, los falafels son caseros. Crujientes por fuera y tiernos por dentro, con un gran sabor, que mojados en la salsa griega, nos transporta hasta la mismísima Atenas. Los acompañantes no se quedan atrás. Una ensalada de brotes, zanahoria y tomate cherry aderezado con un aliño clásico y certero. Y el arroz, con una cocción perfecta, salteado con cebolla, zanahoria, col china y cebolleta, que lo elevan en gusto y textura, nada que ver con esos arroces blancos aburridos e insípidos. Un plato completo y variado, que nos da la oportunidad de probar un poco de todo y a la vez saciar nuestro apetito.
Cerramos como vienen siendo habitual con un rico café con leche, aprovechando para reposar la comida y repasar mentalmente todas las sensaciones y sabores que se desprendían de la comida. A nuestra salida nos despedimos de Rafel, chef y propietario de Zero, agradeciéndole su esfuerzo y buen hacer en la comida. Le deseamos toda la suerte del mundo. De esta manera ponemos punto y final a nuestro día cultureta y gastronómico. Ha merecido la pena el desplazamiento.
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