GastronomíaYumee. Cocina de encuentro
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Como reza el lema de Na Petra, ‘Compartir es vivir’, el concepto de su cocina está pensado para ser compartido y en sus propuestas prima el producto local.
Autor: Aina Coll
Fotógrafo: Jaume Oliver
Una reformada casa de piedra con persianas mallorquinas esconde una terraza con espectaculares vistas. Es Na Petra Gastrobar, un restaurante situado en la primera línea del paseo de Porto Petro, un pequeño pueblo pesquero que pertenece a Santanyí. La arquitectura de su fachada, donde se encuentra la entrada delantera, nos recuerda a las típicas casas isleñas, esencialmente mediterráneas. En su interior, ventanas verdes, sillas de cuerda, escaleras de piedra, mesas de madera y lámparas de yute nos hacen sentir como en casa porque, para nosotros, Mediterráneo es hogar.
Entramos por Cristòfol Colom y el interior de esta antigua vivienda reconvertida en un restaurante singular nos sorprende: con diferentes alturas, cada una de ellas acoge mesas para los comensales que quieren disfrutar de una experiencia gastronómica que pinta realmente bien.
La otra entrada -quizá la secundaria, pero a todas luces espectacular- se encuentra en la parte posterior, en Passeig des Port, y alberga una terraza plagada de mesas para los que no pueden, como nosotros, renunciar al placer de comer frente al mar. Ubicados en el exterior de Na Petra, algo embobados por el entorno, descubrimos una inmensa carta de cócteles -algunos clásicos de toda la vida, otros originalmente innovadores, que diseña la barman del restaurante- zumos de fruta, smoothies y batidos. La selección de vinos reúne bodegas de aquí y de allá, y nos encanta descubrir que podemos saborear el fresco rosado de Can Axartell.
Como reza el lema de na Petra, ‘Compartir es vivir’, el concepto de su cocina está pensado para ser compartido y en sus elaboraciones prima el producto local sin renunciar a un toque culinario particular y muy actual. La carta, de hecho, no deja lugar a dudas: ses patates de Sa Padrina -con patatas de s’Horta y huevos de gallinas camperas-, tabla de quesos con chutney casero de trufa, pan de cristal con tomate de ramellet… conforman su variada propuesta de entrantes.
Para los principales, tres opciones a gusto de todos los paladares: una carta de raw food -con carpaccio de gambas y aliño de lima, tataki de atún con alga wakame y ensalada de tomate confitado, burrata y rúcula, entre otros-, una de pescado -la lubina fileteada a la plancha con verduras de la temporada y arroz cremoso de caldereta de marisco son solo dos de sus apetitosas opciones- y una de carne -compuesta por sugerencias como entrecôte de ternera mallorquina fileteado, magret de pato con salsa de frutos rojos, salteado de setas y patató, y unas albóndigas caseras de ternera y sobrasada en salsa de tomate ahumado y vino tinto que, si no es hoy, algún día tendremos que catar-.
Para ir abriendo boca, comenzamos con pan con alioli -una clásico entre los clásicos del verano- y continuamos con una opción de pescado. Nuestra elección es bien local y con sello de la casa: bacalao a la mallorquina, Na Petra. Un plato imprescindible en el recetario tradicional de la isla que se elabora con verduras -la acelga es innegociable-, tomate, piñones y pasas.
Con tan solo el primer bocado ya nos cautiva la textura -tierna, suave y con la cantidad perfecta de aceite- del bacalao, que descansa sobre un lecho de patatas y verduras en una curiosa cazuelita. Su confirma lo que hemos sentido nada más llegar: definitivamente, estamos en casa, pues este es, sin lugar a dudas, un plato que podría haber preparado nuestra abuela y esto, claro, nos fascina.
Para terminar el almuerzo, caemos en la tentación de probar un postre. Con una predilección reconocida por los dulces caseros, elegimos la tarta de queso con frutos rojos. Una delicia con sabor equilibrado que, lejos de empalagarnos, entendemos como el colofón perfecto a nuestra visita a Na Petra Gastrobar.
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