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Bella Verde Jardín Gastronómico

Olimpiadas gastronómicas en el jardín

En una oferta culinaria 100% vegetal, que aboga por el producto de proximidad, un mundo de posibilidades -y de nuevo, de color- se expande ante nuestros ojos golosos.

Autor: Aina Coll

Fotógrafo: Jaume Oliver

A solo dos calles del mar que abraza la costa del Port de Pollença se encuentra un inesperado jardín cobijado por mágicas y majestuosas higueras que impregnan, con su aroma dulce, el ambiente del lugar. Es Bella Verde, un restaurante a todo color por su naturaleza frondosa, por el azul de sus persianas mallorquinas y por su propuesta gastronómica.

Atraídos por su filosofía plant based y una terraza que encandila a cualquiera que pase por aquí delante, nada más cruzar la entrada nos enamoramos de las enormes hojas que proveen de sombra todo el patio y las mesas que empiezan a ocuparse a la hora de la cena. Una vez acomodados, pedimos dos copas de vino blanco de la bodega pollencina -hoy todo se queda en casa- Can Axartell y rendidos al encanto que nos rodea, nos dejamos llevar. Algo nos dice que aquí jugamos hoy una suerte de olimpiadas gastronómicas.

«Nada como un pica pica si es vuestra primera vez aquí», nos comenta uno de los atentos camareros del local, así que hacemos caso a la sugerencia y abrimos la carta dispuestos a explorar: en una oferta culinaria cien por cien vegetal que aboga por el producto de proximidad, un mundo de posibilidades -y de nuevo, de color- se expande ante nuestros ojos golosos: chips aliñadas, setas crispy con salvia y mayo de chipotle, hummus de guisantes, papas con ají amarillo, aguacate y garbanzos; boniato asado con crema de anacardo, tacos de jackfruit mechada y tostas de puerros y semicurado de anacardos son los platos de la opción para picar y compartir.

Además, la carta de Bella Verde cuenta con sugerencias que fusionan ingredientes y sabores de diferentes culturas gastronómicas como el tiradito vegetal, la berenjena asada, el curry thai o el canelón de setas, entre otras recetas apetitosísimas que hoy no vamos a probar porque nos lanzamos al pica pica, deseosos de catar cuantos más platos, mejor.

Casi a suertes, elegimos cuatro propuestas: setas crispy, boniato asado, tacos y tostas, que empiezan a llegar a nuestra mesa en una explosión colorista que merece que nos entreguemos al momento y lo disfrutemos a través de todos los sentidos. El partido, al fin y al cabo, no ha hecho más que empezar.

Las setas crispy resultan ser, en realidad, una bomba crujiente gracias a un rebozado espectacular bañado por una deliciosa mayonesa de salvia y mayo de chipotle que nos hace estallar el paladar del gusto. Un plato merecedor de un puesto en lo más alto del podio.

Con ganas de más, vamos a por el boniato asado que, acompañado de crema de anacardo, parmesano vegetal y majado de hierbas, resulta ser un plato contundente que ensambla, en equilibrio, el dulzor del boniato y del anacardo a través de dos texturas diferentes que combinan a la perfección. Un brillante triple salto mortal que merece nuestro entregado aplauso.

El jackfruit es el protagonista estrella -como Simone Biles lo es y lo será para siempre de la gimnasia artística- de los tacos de Bella Verde, coronados de la tradicional salsa venezolana guasacaca y cebolla encurtida. Un plato que nos sorprende en cuanto a textura, pues recuerda a la carne, pero que combinado con la cebolla y la salsa -algo picantona- resulta muy fresco y vibrante.

La prórroga que nos auto concedemos nos regala una alegría que sabe a triple en el último segundo: una tosta de pan de cristal con semicurado de anacardos y mermelada de pimientos -que cambia según temporada- e higos frescos. ¡Bien jugado!

Nos declaramos fans del pica pica de Bella Verde y, entregados al goce, decidimos redondear nuestra primera -pero, segurísimo, no última- visita con un parfait de maracuyá,  una crema de fruta de la pasión con un toque ácido y muy refrescante, acompañado de crumble y merengue quemado. Un final redondo. Chapeau. Set y partido.

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