Naturacavall es una idea preciosa ejecutada con nobleza. No hay muchas otras formas de definir con palabras más precisas un proyecto que nació de la pasión por los caballos y se comprometió, desde sus inicios, a mejorar la calidad de vida de los equinos. Su andadura nació en 2019 pero, en realidad, Joan Ferrer es un enamorado de estos animales desde niño.
Ya de adulto se introdujo en el mundo de las carreras, aunque pronto se desvinculó de él. Algo no encajaba. Con el tiempo y con el regreso de su hijo Xavi a la isla tras concluir sus estudios, planearon emprender algo juntos sin tener muy claro el qué, pero sí el vehículo conductor. Pronto, «cada vez más gente contactaba con ellos porque no podía hacerse cargo de sus caballos», cuenta Silvia, miembro de la familia y, desde hace tres años, parte del equipo de guías.
Entonces, Xavi y su padre fueron dándole forma a la idea inicial. «Siempre hemos hecho excursiones como hobby, con la familia y con los amigos, pero quisimos hacer algo más. Readaptar caballos que lo necesitasen e incorporarlos a las excursiones», completa Xavi. Corría el año 2020 y, debido a las restricciones dictadas por la pandemia, el proyecto fue al ralentí, pero con el regreso a la normalidad y las ganas compartidas de disfrutar de la naturaleza «vino el boom. Pasamos de tener cinco caballos a casi cincuenta».
La mayoría de los equinos viene del mundo del trote. Caballos que ya no cumplen con la función que se les encomendaba, pero también acogen ejemplares desatendidos o enfermos, como una yegua ciega que no montan, pero que quisieron salvar del sacrificio. «Hay gente que mata animales porque ya no les sirven», zanja Silvia, sin juicios, pero con rotundidad.
«Nuestro objetivo es que todos puedan llevar a una persona que no haya montado nunca, y cada caballo es un mundo y necesita su tiempo».
Sea cual sea su historia y los motivos por los que los propietarios deciden no hacerse cargo de ellos, todos los caballos que llegan hasta esta finca de Manacor necesitan una ayuda que encuentran en Naturacavall. «Les damos acogida para que empiecen una nueva vida. Los rehabilitamos con excursiones y aventuras. Un cambio brutal para que entiendan que no vienen a hacer una carrera, sino a disfrutar de una ruta», explica Silvia, que también reconoce, muy a su pesar, que no siempre pueden dar respuesta a todos los avisos que reciben, ya que asegurar la viabilidad económica del proyecto no es un tema menor.
Sea cual sea su raza, todos los caballos conviven y pastan al aire libre y a placer. El lunes es día de descanso y el resto salen -los que pueden- tres veces a la semana, como máximo, de excursión, aunque «se adaptan las rutas que pueden asumir según sus condiciones físicas».
Darles una segunda oportunidad, una vida mejor, es el propósito de Naturacavall, y lo cumplen ofreciendo excursiones de dos horas o de incluso días. «Las rutas en invierno son en la montaña. Vamos hasta Lluc en cuatro días. También en la playa, a la que solo se puede entrar desde noviembre hasta abril». Calas, montañas, viñas, santuarios; en costa o en interior, aquí se adaptan al nivel del excursionista y a sus preferencias para dar a conocer «Mallorca desde otro punto de vista, desde un animal tan noble que nota cómo te sientes. Un caballo dócil, si tienes un día malo, lo percibe».
A pesar de la calma y el sosiego que se respira en un entorno como este, la actividad en Naturacavall no cesa durante nuestra visita. Mientras algunos clientes emprenden su excursión, otros visitan a sus caballos, que viven en la finca gracias a un servicio de pupilaje que cubre la alimentación y el mantenimiento de los equinos y, a veces, el entreno, «siempre en convivencia con el resto».
De hecho, esta temporada la actividad ha sido bulliciosa. «A partir de abril, las reservas suben mucho y el calendario se aprieta hasta octubre, aunque este invierno también ha sido intenso», afirma Silvia. Si el trabajo baja, invierten el tiempo en el entreno, «nuestro objetivo es que todos puedan llevar a una persona que no haya montado nunca, y cada caballo es un mundo y necesita su tiempo».


«Lo que nos hace más felices es que la gente disfrute. Que no vea el caballo como un animal peligroso sino como un mundo al que todos pueden acceder, a cualquier edad».
Y es que, además de su programa de excursiones y el servicio de pupilaje, con cuatro guías de ruta en plantilla y un grupo de voluntarios, en Naturacavall también entrenan a los equinos de otros propietarios. A veces en programas personalizados, a veces en grupo de hasta ocho personas. Son clases en las que la técnica es importante, pero el respeto y el entendimiento con el animal lo son más. Al fin y al cabo, aseguran, «no nos consideramos un centro profesional. Hemos aprendido a montar de forma natural porque Joan nos ha enseñado. Esto no es un centro de hípica».
Recorremos la finca, de la mano de Silvia, que nos enseña el campo, las cuadras y las gallinas de la abuela de Xavi, que vive, como él, en el terreno familiar de unas veinticuatro hectáreas. Los perros se acercan a nosotros, olfateándonos con curiosidad, mientras Silvia confiesa, con entusiasmo y honestidad, la mayor gratitud de formar parte de Naturacavall. «Lo que nos hace más felices es que la gente disfrute. Que no vea el caballo como un animal peligroso sino como un mundo al que todos pueden acceder, a cualquier edad».
Gracias a este equipo, los caballos a los que antes les deparaba un futuro incierto gozan de una segunda oportunidad. Aquí cuidan de ellos, los alimentan y los entrenan para relacionarse con las personas más allá de la competición. Así, residentes y visitantes podemos explorar Mallorca desde otro prisma -y con otra mirada-. Todos, porque en Naturacavall colaboran con Aproscom Fundació y Estel de Llevant, dos asociaciones que atienden a usuarios con discapacidad intelectual y velan por la salud mental. Otra demostración más de que la red que tejemos, entre humanos y animales, puede ser inmensa, solidaria e integradora. Una red que nos hace ser una comunidad, una isla, mejor.



