No todos los días tenemos la suerte de conocer un proyecto de primera mano en alta mar. Gonzalo, al frente de Medvolt Marine, es el responsable de que pudiésemos disfrutar de esta aventura marítima, pues no invitó a dar un paseo por la Bahía de Alcúdia con un llaüt eléctrico que la empresa ha fabricado para el hotel Playa de Muro Village *****.
Con el mar como telón de fondo, Gonzalo nos explica cómo surgió esta iniciativa: «durante la pandemia, no sólo nos planteamos cómo construir un barco eléctrico, sino también qué hacer con él». El turismo sostenible fue la respuesta: «somos pioneros como astillero en la isla, pero Europa pide descarbonizar y ahí vimos una oportunidad». Empezaron construyendo un llaüt para las fiestas populares de Sóller y al constatar que la idea era viable, acudieron a la Conselleria para que ésta tramitara las ayudas europeas que pueden hacer posible este cambio de paradigma.
Con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y los fondos Next Generation en mente, desde entonces, han reconvertido cinco embarcaciones y han vendido, en poco más de año y medio, seis llaüts fabricados ad hoc para empresas chárter. Los dos primeros años, cuenta Gonzalo, los invirtieron en desarrollo e investigación, pues aunque «la sostenibilidad en el turismo está creciendo muchísimo, en el mar no había nada».
Actualmente, construyen tres modelos: uno de siete metros, otro de cinco y una tercera propuesta, de nueve metros, que cuenta con una cabina que permite pernoctar. Tardan unos veinte días en crear un llaüt desde cero y tres semanas para afrontar una remotorización. En lo que se invierte más tiempo, dice, «es en el papeleo, mucho más que en la parte técnica, y en los numerosos controles de calidad». No obstante, nada frena a estos emprendedores que ven cómo sus clientes particulares son, mayoritariamente, del norte de Europa, «donde el uso del coche eléctrico particular es mucho más habitual así como el barco eléctrico para navegar en lagos». Sin embargo, reconoce, «tanto en Cataluña como en la Comunidad Valenciana hay mucho interés por el llaüt».
«Navegar rápido es estresante e incómodo; la satisfacción es inmediata pero a largo plazo no tiene sentido».
El formato es, sin duda, el alma de este proyecto. El llaüt es una embarcación típica de las islas concebida para la pesca por su practicidad, pero que hoy día se utiliza como barco de recreo. Además de su marcada identidad mediterránea y su pasado humilde, está alineado con la filosofía de empresa que sustenta Medvolt, que no es otra que: «enseñar a los turistas la isla con la cultura de aquí», esa que respeta los tiempos y no entiende de prisas y, para eso, «no te hace falta mucho motor».
Las bondades de una embarcación eléctrica son numerosas: sin apenas ruido -que no solo molesta a las personas sino también a la fauna marina-, sin emisiones, sin olor, sin incidencias y sin renunciar a la comodidad. De hecho, el barco en el que damos este agradable paseo cuenta con una nevera, una ducha y un pequeño camarote en el que resguardarse. Además, como subraya Gonzalo, el mantenimiento también es muy diferente al de un barco con motor: «para un chárter apenas hay mantenimiento más allá de tener que enchufarlo al amarre».
El coste es otro punto a favor de estos llaüts eléctricos. Aunque la inversión inicial es alta, claro está, por el precio de las baterías, el CEO de Medvolt echa cuentas: «una navegación de ocho horas en una barco como éste puede costar cuatro euros, mucho menos de lo que cuesta navegar con un motor de combustión». A esta larga lista de beneficios a tener en cuenta, se añade otra nada baladí: la independencia energética que supone no tener que estar sujetos al valor de mercado, siempre oscilante, del petróleo. Lo saben bien los pescadores de la isla que, recuerda Gonzalo, «el año pasado, cuando subió tanto el petróleo, tuvieron que quedarse en tierra porque les salía más barato no salir a faenar».
El llaüt puede personalizarse al 100 % en el astillero que Medvolt tiene en el polígono de Can Valero: desde los colores hasta los cojines pasando por la madera, eso sí, con la premisa de que los materiales escogidos sean respetuosos. Para fabricar este ejemplar en el que salimos a navegar, por ejemplo, se ha apostado por teca sintética. «La teca natural, que proviene de países tropicales, está muy buscada y resulta muy difícil tener garantías de que se ha cogido con permiso». Además, por cada metro adquirido de esta teca, cuenta, se planta un árbol. «Cada barco es un reto», sentencia Gonzalo.
A nadie se le escapa que la sostenibilidad de las baterías eléctricas está en el punto de mira constantemente. Gonzalo, consciente de ello, apunta al falso mito de su falta de reciclabilidad. «Al crearse cada vez más alternativas sostenibles, ya se están organizando empresas de reciclaje óptimo», asegura. Además, la vida útil de una batería es de tres mil días garantizados sin que conlleve más del 20 % de su capacidad. Ellos mismos, como distribuidores, se comprometen a dar una segunda vida a las baterías de sus clientes cuando dejan de funcionar.


«No tiene sentido ir a una cala y llevar la contaminación a dónde vas para disfrutar».
En una sociedad en la que impera la velocidad, Medvolt reivindica el placer de navegar lento y disfrutar de la experiencia por encima de la posibilidad de llegar rápido al destino: «navegar rápido es estresante e incómodo; la satisfacción es inmediata pero a largo plazo no tiene sentido. Es un lujo malentendido» dice este apasionado del mar que considera que con su empresa han demostrado que a la gente le interesa conocer la isla de forma responsable ante un cambio climático que es ya una emergencia. Con la mente en los incendios de Grecia y Tenerife, reflexiona: «los pocos que no creían en el cambio climático deben haber entendido ya que ésto no es cosa del futuro, es del presente, y la administración tiene que comprometerse».
El ser humano siempre ha navegado -aquí, principalmente, en velero- pero con el petróleo los barcos empezaron a priorizar la velocidad. Renunciando a las prisas, Gonzalo recuerda que apenas se necesitan cuarenta minutos para llegar a Es Coll Baix y diez para alcanzar la isla de Alcanada desde el puerto de Alcúdia en llaüt eléctrico, a la vez que uno puede conversar, contemplar las vistas, vivir el trayecto.
Conscientes de que el suyo es un camino apasionante que no pueden recorrer a solas, Gonzalo preside la Asociación Nacional de Barcos Eléctricos (ANBE), que reúne varias empresas que, como la suya, desean animar tanto al sector como a los particulares a apostar por una forma alternativa de navegar. Al final, resume, «vivimos del mar y nos sentimos responsables de cuidarlo y respetarlo. No tiene sentido ir a una cala y llevar la contaminación a dónde vas para disfrutar».



