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Àlex Mestre

Y se hizo la luz

Producto Local
Autor:
Aina Coll
Fotógrafo:
Jaume Oliver
03.16.2026
Entre la voluntad artesanal y el conocimiento industrial se mueve el trabajo de Alex Mestre, siempre impregnado de identidad propia y filtrado por el pensamiento crítico. El diseñador explora las posibilidades de la materialidad, priorizando el origen local, en un entorno privilegiado rodeado de naturaleza.

Solo la puesta en marcha de la maquinaria rompe el silencio más absoluto que reina en el taller de Alex Mestre a las afueras de Costitx, un espacio seguro para este licenciado en ingeniería industrial por la Universitat Politècnica de Catalunya que, sin embargo, halló su verdadera vocación mientras cursaba un máster en diseño de mobiliario en Elisava.

Emprender su propia marca no entraba, inicialmente, en sus planes. No obstante, recapitula, la empresa Milan Iluminación colocó en su catálogo uno de sus proyectos universitarios y surgió la necesidad de crear una firma para la editora. Así fue como empezó, sin darse cuenta, la historia, que no deja de ser un pequeño homenaje a sus raíces familiares: sus bisabuelos regentaban la Fusteria Mestre, en la calle Industria, y a pesar de que su abuelo ya no era carpintero, Alex creció rodeado de madera y de la maquinaria que su padre conservaba.

Tras curtirse en Barcelona y ya de vuelta en Mallorca, trabajó en los sectores ebanista y naútico aunque fue, reconoce, su paso por Amarar -que fomenta la autosuficiencia con la fabricación de muebles a partir de madera de la gestión forestal de Baleares- lo que marcó un antes y un después en su manera de concebir el diseño. “Es el proyecto más potente en el que me he formado. Mi forma de pensar ya estaba en esa sintonía, pero me gustó mucho poder trabajar no solo en diseño, sino también en la recuperación de oficios y de la Serra de Tramuntana”.

“Como pequeño artesano, me llama mucho más el trabajo por encargo en series reducidas”. 

Más que a la reinvención, la visión de Alex Mestre responde a la voluntad de poner en valor lo que nos rodea. Una perspectiva que comparte, además de con Amarar, con sus compañeras de Llanatura y la mítica fábrica de vidrio soplado Lafiore, con quien también ha colaborado. No es de extrañar, pues, que la materialidad tenga un gran peso en sus piezas, que produce en series limitadas. “Como pequeño artesano, me llama mucho más el trabajo por encargo en series reducidas y, además, es un reto tener un cliente que quiere un proyecto a medida de diseño y producción”. 

Especializado en mobiliario e iluminación, Mestre disfruta especialmente con el diseño de lámparas porque en él encuentra la oportunidad de ir más allá de la funcionalidad y enfocarse en la percepción de estas piezas que habitan nuestros hogares. “Es muy interesante ver que cuando una lámpara está funcionando parece una cosa y cuando está apagada, cuando pierde la funcionalidad de iluminar, te tiene que dar algo más. Tiene que transmitir, no puede pasar desapercibida, y eso me llama muchísimo. Es un reto muy guay”, afirma entre herramientas y restos de serrín.

“Es importante entender por qué esta madera de pino a pesar de que el color no esté de moda o por qué lana de Mallorca y no otra, pues esto es lo que nos separará de la globalización”

El contacto humano, entablar sinergias y dar vida a piezas a partir del briefing de un arquitecto o un interiorista son otros de los factores que alimentan su día a día. Por ello, colabora con profesionales de diferentes disciplinas, trabaja con proveedores que intenta conseguir en la isla y participa en proyectos con clientes que se acaban convirtiendo en compañeros, como el diseñador Adrian Escarfullery. “Al final, son tres pilares de trabajo que enriquecen el resultado”.

Los servicios de Mestre abarcan el diseño, el desarrollo de producto, la producción y el asesoramiento en la fabricación de prototipos, pero el proceso creativo nace siempre en la materia. “No soy un diseñador que coge papel y lápiz ni se sienta delante del ordenador a dibujar. A mí me gusta diseñar con los materiales en las manos”, cuenta, rodeado de maderas, retales de piel y rollos de lana que confirman sus palabras. “No puedo diseñar sin saber los elementos que utilizaré. Es casi casi como un juego. A mí, un trozo de madera y una sierra es lo que me llama”. 

Luego, una vez aprobado el prototipo, se enfrenta al desarrollo: proporciones, proveedores, acabados… y la producción, siempre artesanal, para conseguir su objetivo: “que el producto comunique por sí solo”. Y es que, para Mestre, el desafío es que el cliente entienda, nada más ver el producto, sus orígenes, y eso pasa intrínsecamente por crear una cultura del material y meditar cada elección. 

“Es importante entender por qué esta madera de pino a pesar de que el color no esté de moda o por qué lana de Mallorca y no otra, pues esto es lo que nos separará de la globalización. Este es el reto real”, sentencia, en un discurso coherente que demuestra que conceptos como local, proximidad y reutilización son, más que una moda pasajera, una forma de crear objetos anclados a nuestro entorno; muebles y lámparas contemporáneas, precisas y con sentido.