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Esment

Crear comunidad para una sociedad más inclusiva

Autor:
Aina Coll
12.19.2022
Esment nació con el propósito de llenar un vacío con el que topaban, una y otra vez, las personas con discapacidad intelectual y sus familias en Mallorca en la década de los 60 del siglo pasado y se ha convertido en una organización que atiende, acompaña y forma a más de mil personas cada año en la isla. La formación profesional, la inserción laboral y el ocio son algunas de las áreas que abarca este proyecto en constante transformación.

En Mallorca, esment significa cuidar, atender a alguien, prestar atención con cierto mimo, y la verdad es que no se nos ocurre un término más idóneo para describir el trabajo que esta organización lleva haciendo por y para las personas con necesidades de apoyo y sus familias desde hace seis décadas. Como tantas otras, la asociación nació de una necesidad compartida: varias familias con algún miembro con discapacidad intelectual no disponían, por aquel entonces, de un acompañamiento específico ni de un lugar en el que disfrutar de momentos de ocio y decidieron unir fuerzas para impulsar actividades y crear espacios compartidos. Un camino de asombrosa evolución acababa de empezar.

Esment, siempre atenta a las demandas de la sociedad, está en constante transformación y se alimenta de su vocación: velar por el bien común y el bienestar de las personas. Como explica Aliccia García Serrano, la responsable del departamento de comunicación que nos recibe en Casa Esment, «al principio, los perfiles que atendíamos eran personas con discapacidad intelectual a partir de 16 años, pero ahora acompañamos a personas con otras necesidades de apoyo, desde la infancia hasta la vejez. Toda una vida».

«Si de algo estamos orgullosos es de las sinergias que hemos creado con los usuarios, con otras asociaciones, con nuestros clientes y, por supuesto, con las familias».

Toda una vida porque el equipo humano de Esment tiene el don de detectar necesidades y poner en marcha la maquinaria necesaria para cubrirlas. Así es cómo se ha ido extendiendo un proyecto que resulta imposible resumir en hitos: en 1991 ofertó por primera vez cursos de formación y en 1996 inauguró su primer café en la plaza Es Pes de sa Palla (ahora ya cuentan con cinco establecimientos). En 2008, abrió las puertas de los primeros hogares para mayores; en 2014, nació Esment Escuela Profesional y en 2019, Esment Infància. Y así, hasta la actualidad. De hecho, el año pasado, Esment abrió otro café en Inca e inició un programa de formación dual para las personas con necesidades especiales de la comarca del Raiguer.

«Si de algo estamos orgullosos es de las sinergias que hemos creado con los usuarios, con otras asociaciones, con nuestros clientes y, por supuesto, con las familias», confiesa García Serrano. Porque sí, aquí se respira cierto aire de familiaridad, entre usuarios y trabajadores, pero los lazos van mucho más allá. Para que todos estos proyectos funcionen, la colaboración y el compromiso de los implicados es vital y, en Esment, la red de personas comprometidas es inmensa. Usuarios, familias, clientes y trabajadores –novecientos, en la actualidad- forman parte de una comunidad que se retroalimenta como un círculo perfecto siempre en movimiento.

Una buena muestra de ello es la actividad comercial, que nació en los años ochenta con el objetivo de impulsar la inserción laboral de las personas con discapacidad intelectual. En el restaurante Es Pes de sa Palla, por ejemplo, aprenden y trabajan, en cocina y en sala, los usuarios que preparan platos a partir de productos frescos del huerto que han cultivado y cosechado, a su vez, otros usuarios que se forman en la actividad agrícola. Además, la comida también se sirve para llevar y se envuelve en paquetería preparada en la propia imprenta de Esment.

La imprenta, que tenemos la oportunidad de conocer de primera mano en nuestra visita, se creó hace más de cuarenta años y en ella se unen formación y empleo, tecnología y artesanía, trabajadores y usuarios para ofrecer servicios de artes gráficas a clientes de sectores muy dispares. La idea es que los alumnos pasen por los diferentes procesos de trabajo para adquirir competencias en toda la cadena y, por supuesto, adaptar cada eslabón al perfil de la persona que se está formando. Inserción, profesionalidad y una relación muy cercana con el cliente son las premisas que marcan el ritmo del taller.

«Nos gusta saber que nuestros clientes acuden a nosotros por la calidad de lo que ofrecemos y porque saben que así contribuyen a seguir impulsando la labor que hacemos».

Los clientes, por su parte, son una pieza fundamental para que este intercambio de valor no se detenga. Hasta Esment, además de los comensales de los restaurantes, llegan empresas en busca de una cesta de Navidad -que elaboran con sus propios productos-, o bien para imprimir materiales corporativos e incluso celebrar eventos –acompañados de un catering que preparan y sirven los usuarios- en una de sus salas multidisciplinares con vistas al campo. «Nos gusta saber que acuden a nosotros por la calidad de lo que ofrecemos y porque saben que así contribuyen a seguir impulsando la labor que hacemos», cuenta Aliccia.

Mientras paseamos por las instalaciones de Casa Esment, recién inaugurada, numerosos alumnos trabajan en el huerto. Unos siembran, otros cuidan las plantas aromáticas y algunos se toman un descanso bajo la sombra de un árbol. Como explica García Serrano, «valoramos con detalle cada perfil con todo nuestro equipo de profesionales, pues cada persona es un mundo. Algunos usuarios pueden pasarse horas en el invernadero y otras necesitan más descansos y tareas específicas. Cada actividad se adapta a cada persona».

Y sí, esto también es tenir esment: empatizar, escuchar y acompañar. Palabras bonitas para una sociedad en la que todos tenemos cabida si creamos oportunidades. Palabras bellas que aquí se demuestran con hechos.