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Vins Nadal

Una charla con Esperança Nadal, enóloga de Vins Nadal

GastronomíaProducto LocalSostenibilidadVino
Autor:
Aina Coll
Fotógrafo:
Jaume Oliver
01.21.2026
Esperança Nadal, enóloga y cuarta generación al frente de Vins Nadal, impulsó la transición de la bodega familiar hacia la viticultura regenerativa. Según ella, más que un ejercicio de voluntad, fue un acto de coherencia respecto a una necesidad imperiosa: regenerar el suelo y controlar las emisiones de CO2. Charlamos con ella en Binissalem, en el corazón de un celler con casi cien años de historia.

Vins Nadal es una bodega familiar fundada en 1932, ¿cómo dirías que ha evolucionado en casi cien años?

Estos cien años de trayectoria demuestran que hemos tenido la capacidad de adaptarnos a cada situación. Hemos pasado de elaborar únicamente vino a granel de variedades autóctonas en el pueblo; después, a producir volumen para atender el boom turístico de los años 60, 70 y 80. En los años 90 apostamos por la DO y por defender nuestra identidad, y en los últimos años hemos hecho una gran apuesta por la sostenibilidad y la viticultura regenerativa.

De hecho, sois un referente en Baleares en viticultura regenerativa. ¿Por qué este es vuestro modelo de producción?

La respuesta es sencilla: no nos sentíamos identificados con ningún otro tipo de agricultura. La viticultura regenerativa regenera, y tenemos que regenerar porque hemos degradado el suelo durante muchos años y ya no es capaz de almacenar carbono ni de tener materia orgánica. La agricultura convencional depende en gran medida del mundo del petróleo y de productos químicos, y la ecológica suponía dejar de aplicar tratamientos químicos sistémicos para usar otros ecológicos, pero se olvidaba del suelo. La viticultura regenerativa dio sentido a lo que estábamos buscando.

El cambio climático afecta directamente a vuestro sector. ¿Qué pasos se están dando y cuáles quedan por dar para que el trabajo en el campo siga siendo viable?

La coyuntura mundial no entiende que se trata de una necesidad imperiosa. Creo que sería muy importante que el crecimiento de un país no dependiera solo de valores económicos, sino que tuviera en cuenta muchos factores, como la calidad de vida de las personas. El planeta no tiene un problema; el problema lo tenemos nosotros, porque no tendremos las condiciones para subsistir. Lo que nos anima es ver que hay otros proyectos, que no eres un grano de arena. En cuanto a las medidas, necesitamos regenerar el suelo agrícola, transformar la energía… Existen proyectos, pero también debe haber voluntad.

Creo que sería muy importante que el crecimiento de un país no dependiera solo de valores económicos, sino que tuviera en cuenta muchos factores, como la calidad de vida de las personas.

En nuestra primera charla, hace cuatro años, nos dijiste: «cuanto más local es el mercado, más sostenible eres». ¿La proximidad es el futuro?

Yo creo que sí. Es imprescindible apostar por el producto local, porque la huella de carbono que genera traer un producto desde la otra punta del mundo hasta aquí es inmensa. Al sector hotelero le resulta mucho más barato importar vino de la península, pero le interesa que nosotros sigamos trabajando el paisaje, que es patrimonio. Hay capacidad de crecer, pero si no hay mercado, el agricultor no hará el trabajo para quedarse el producto en casa.

Llevas el timón de un negocio en un sector con mucha presencia masculina. ¿Cómo ves el papel de la mujer en la viticultura?

Sí, es un sector muy masculinizado, y cuando empecé aún lo era más, sobre todo en la parte comercial. Ha mejorado, pero debemos seguir reivindicando el feminismo. Mientras haya muertes, acoso y países donde las mujeres no tengan derechos, debemos continuar con la reivindicación. Me he encontrado con algunas situaciones, pero he sido capaz de defenderme y dejar las cosas claras. El sector es masculino, pero el futuro es femenino. Ya somos mayoría en las universidades. El futuro irá cambiando.

Organizáis catas y algunos eventos que hacen que vuestro vino y la música dialoguen. ¿Es una manera de actualizarse en una sociedad que demanda experiencias?

Cuando empecé en la bodega, podíamos tener las puertas cerradas; solo venían comerciales. Ahora fomentar el enoturismo es una necesidad, pero creo que vinculándolo con el producto local y haciendo que venga el residente. Debemos ser conscientes de que el público joven quizá no gastará dinero en una botella de vino, pero sí en vivir una experiencia. Estas actividades cambian la percepción del vino si la gente conoce dónde se hace y quién lo hace.

 

El sector es masculino, pero el futuro es femenino.

En los últimos años han surgido pequeñas bodegas en Mallorca y nuevas generaciones toman el relevo de otras con dilatada trayectoria. Con tu experiencia, ¿qué consejo darías a quienes se adentran en este mundo?

El consejo es que se formen y se adapten a la situación. Y también animarlos, porque el mundo del vino es lento. Se aprende mucho y es muy diverso, pero los resultados no llegan de un día para otro. Paciencia y mucha ilusión. Por otro lado, en los últimos años también ha aparecido inversión especulativa que rompe el mercado. En veinticinco años hemos pasado de quince a cien bodegas en Baleares. Hay que tener las ideas claras y un horizonte.

Si el futuro es más inmediato que nunca, ¿cómo ves el futuro de Vins Nadal?

La siguiente generación aún es muy joven, pero si continúa, el futuro será femenino y será imprescindible seguir una línea de sostenibilidad medioambiental. Es presente y un futuro imperioso si queremos tener una bodega viable.