«Va de bio es la consecuencia de una cooperativa de productores que se formó en 2012. A raíz de la crisis de 2008, la gente se concienció y la demanda de productos locales y ecológicos creció». Quién nos pone en antecedentes es Manel, que entre el trajín de cajas y pedidos, nos recibe en su almacén ubicado cerca de Pere Garau y Son Gotleu. Socio del proyecto, rememora el nacimiento de la iniciativa: «hace 16 años, diferentes payeses formaron Això és vida y fueron de los primeros en vender en el mercado ecológico de Plaça Patins».
Con su ímpetu, esta cooperativa apoyó a productores que habían empezado recientemente y que, gracias a este impulso, pudieron crecer. El problema surgió porque Això es vida podía vender solo una cierta cantidad de producto no propio, un límite que se superaba porque en algunas temporadas el producto cosechado en la isla, sobre todo la fruta ecológica, es escaso. Ante la necesidad de ampliar el catálogo y dar mayor salida a las hortalizas, se creó Va de bio, una comunidad de bienes que sigue hoy comprando a los mismos payeses pero que, además, puede despachar alimentos ecológicos que apenas se cultivan en los campos de Mallorca.
De este modo, Va de bio en la actualidad se nutre de productores locales afianzados como Sa Teulera, en Petra; Son Durí, en Vilafranca y Son Cànaves, en Llucmajor, de pequeñas empresas de fuera de la isla y también de payeses -algunos jóvenes y otros experimentados- que cuentan con finca propia y, semanalmente, envían su producto al almacén de Va de bio.
El producto que concentran Manel y Teo, los socios, se almacena en el 14 de Nicolau Calafat de la capital y, desde aquí, sale todos los días una furgoneta eléctrica con pedidos que reparte por la ciudad. Para abastecer la demanda de los clientes de alrededor de Mallorca, cuentan con un calendario que divide la isla en zonas por días de reparto.
«Cada vez hay más empresas grandes que potencian lo local, pero hace diez años nadie pensaba en este producto y menos en el ecológico».
Aunque Això es vida repartía, sobre todo, a particulares, ahora Va de bio también vende sus productos a profesionales (La Molienda y Cafè Riutort son algunos de sus fieles clientes). Son conceptos capitaneados por «gente joven con cierta sensibilidad con la alimentación sana y con ganas de potenciar el producto local», cuenta Manel.
Los particulares, por supuesto, también son parte fundamental de este proyecto. Su sistema de venta es sencillo: cualquiera puede entrar en su página web y seleccionar lo que le apetece añadir a la cesta o bien solicitar una caja cerrada, que contiene hortalizas, frutas o ambas según la temporada. Luego, solo queda agendar la entrega y esperar en casa.
Además de la tienda online, Va de bio cuenta con una parada en el mercado de Alaró, que fue en realidad su primer punto de venta. «Siempre ha ido muy bien», explica Manel. «Empezó con una paradita pequeña de cuatro metros y ahora ya tiene doce. Funciona muy bien y tenemos muchos clientes extranjeros, sobre todo alemanes e ingleses». El otro lugar en el que se puede comprar directamente su producto es en el Mercat del Olivar, donde se establecieron en 2019 y que, de cara al futuro, quieren potenciar.
Fiel a su propósito, la carta de productos de Va de bio ha ido ampliándose considerablemente con el tiempo. Ahora, en su web, encontramos producto fresco y seco, y elaboraciones con sello mallorquín, como los quesos veganos de Bon Bessó, la crema de algarroba de Johannis o la Kombucha Isla. Todos, claro, con el mismo denominador común: la certificación ecológica, que Manel considera que está «muy controlada. Y tiene que ser así».
En un momento en el que cada vez más personas se interesan por el origen de los alimentos y su lugar de procedencia, en busca de productos cercanos y cultivados con respeto por las personas y el entorno, Manel echa la vista atrás y pone sobre la mesa la evolución que ha vivido el sector: «Cada vez hay más empresas grandes que potencian lo local, pero hace 10 años nadie pensaba en este producto y menos en el ecológico».


«Intentamos comprar siempre directamente al productor, pero el problema de Mallorca siempre es el transporte».
Una trayectoria positiva que, sin embargo, no está exenta de obstáculos. El transporte es uno de ellos. «Intentamos comprar siempre directamente al productor, pero el problema de Mallorca siempre es el transporte que, a veces, encarece mucho el producto si el pedido es pequeño». Sin embargo, en este inconveniente, Manel halla la otra cara de la moneda: «cada vez hay más demanda de producto local y creo que estaremos obligados a comerlo porque el transporte, dependiente del combustible fósil, será cada vez más caro».
Sin dejar de mirar al futuro con optimismo, Va de bio ha alquilado un segundo local que cumple la función de almacén porque «cuando hay picos de trabajo -sobre todo en primavera y otoño- en éste no cabemos. Queríamos comprarlo y acondicionarlo, pero no ha sido posible por un tema de capital». Además, con más espacio, la empresa, cree, podrá «comprar más y un poco más barato, aumentar el catálogo de productos y llegar a más público».
Tras hablar con Manel, rodeados de melones, cebollas y especias, nos vamos a casa con una certeza. Va de bio es una iniciativa necesaria que surgió de una crisis que, de algún modo, no nos resulta muy lejana. Después de la derivada de la COVID 19, volvimos a toparnos con la misma realidad: apoyar el producto local y a los productores de la isla es imprescindible. Ojalá no necesitemos más crisis para comprender -y actuar en consecuencia- de que ésta no es una cuestión de futuro. Es la realidad de nuestro presente y nos involucra a todos.



