Tonia Fuster empezó a estudiar arquitectura en Barcelona, pero al año lo dejó por el diseño industrial. Especializándose en producto en la Escuela Superior de Diseño de las Islas Baleares, se enfrascó en un proyecto en el que tuvo que desarrollar una lámpara de madera y el proceso, de investigación y diseño, se acabó transformando en una colección que se alzó con el primer premio Art Jove.
La propia diseñadora mallorquina es quien nos cuenta, en su nuevo taller de Palma, sus inicios. Experimentaba y diseñaba por su cuenta mientras trabajaba en IKEA hasta que decidió dejar su empleo. «A través de Instagram, otra gente veía mi trabajo y me llamaron para participar en la exposición Made in Mallorca, en Es Baluard». Involucrándose en este proyecto -que reunió once artistas, artesanos y creativos locales en una muestra colectiva que también se expuso en Londres-, Tonia comprendió que tenía que plantear algo que encajara con el propósito compartido -productos pensados, diseñados y producidos en las Islas Baleares, y comprometidos con la sostenibilidad-.
Con esta idea, empezó a diseñar y vio, relata, que «la cerámica era lo que más encajaba», así que se lanzó a por ello. Diseñó cuatro lámparas y dio con la tecla: «fue dar en el clavo. Empecé a producir porque tenía demanda». Desde entonces, abraza con creatividad y mucho sentido el mundo de la iluminación en su proyecto Studio Islas, con el que crea lámparas estéticamente atemporales y un diseño que honra, con profunda sensibilidad, la esencia de las Baleares -lo sencillo, lo rural, lo genuino de este lado del Mediterráneo-.
El campo, las teles de llengües y los elementos constructivos de Mallorca inspiran a esta diseñadora que repite, en más de una ocasión durante nuestra charla, que ella no es ceramista. «Yo no soy ceramista, soy una diseñadora industrial a la que le gusta trabajar con las manos, y la cerámica ha sido un material que he descubierto y se me ha dado bien».
«La cerámica es de todo el mundo».
No es falsa modestia ni tampoco una consecuencia del llamado síndrome del impostor, una etiqueta con la que Tonia no comulga porque cree a pies juntillas en el poder de que «cada uno haga lo que le guste». «La cerámica es de todo el mundo», afirma convencida mientras reflexiona en voz alta. «Paparkone es arquitecto y mira qué cerámica hace. Porque es muy minucioso, va mucho al detalle, se lo toma muy en serio». Habla con el entusiasmo contagioso de quien disfruta haciendo su trabajo. «Me sale natural y me gusta experimentar a escala pequeña, formas, maquetas».
Con el paso del tiempo y la experiencia, su proceso creativo ha ido evolucionando, irremediablemente. «Al principio, cuando empecé a diseñar, era muy largo. Búsqueda de información, mucho dibujo, mucha maqueta… Con el tiempo te conoces a ti misma, conoces a la gente y al material, así que te lanzas a la prueba. La cerámica es así: una idea y probarla porque ya llevamos muchos años experimentando».
Habla en plural porque, aunque empezó en solitario, Studio Islas es un proyecto en equipo. Mercè se encarga de la producción junto a Tonia, que también asume las tareas de gestión, y Joan, del montaje de cada pieza.


«Soy de centrarme en algo y mejorarlo hasta que me sale muy bien, así que pensé que me iría bien especializarme en solo una cosa».
La experimentación no está reñida, ni mucho menos, con un proceso, arduo y minucioso, de perfeccionamiento. De hecho, tras sus formas orgánicas y una aparente simplicidad estética, se esconden muchas horas de trabajo para alguien que se define como monotemática: «soy de centrarme en algo y mejorarlo hasta que me sale muy bien, así que pensé que me iría bien especializarme en solo una cosa». Además, cada lámpara requiere sus tiempos de elaboración. El proceso dura, al menos, dos semanas entre las diferentes fases que siguen al diseño: producción, cocción en horno circular, secado y pulido.
Desde que empezara su andadura, las piezas de Studio Islas han cautivado a arquitectos e interioristas, y también al cliente directo -extranjeros, españoles y locales-. De hecho, cuando visitamos el taller, el equipo está inmerso en la producción de unas lámparas que acabarán iluminando un local en California. Parte de este éxito se debe, seguramente, a su manera de entender y practicar el diseño a través de un lenguaje que busca «reducirlo a la máxima esencia, que encaje con los espacios de ahora, simplificar la idea a la mínima expresión. Ese es el proceso. Nuestra forma de pensar».
La venta se realiza por correo electrónico, Instagram o a través de la página web. Primero se elabora un presupuesto y, una vez aceptado, se empieza la lámpara. Para Fuster, este es el sistema válido porque le permite conocer el cliente y sus necesidades más allá de «un botón de comprar dos unidades. El trato es más cercano».
En la actualidad y por el momento, la arcilla que utilizan para dar vida a las lámparas de Studio Islas es valenciana porque, explica Tonia, «el barro de aquí tiene unas características muy concretas y se puede crujir en una lámpara, y quizá no en un objeto más pequeño como un bol». No obstante, no se cierra a experimentar con otros barros ni con otras formas. Ahora, de hecho, se encuentra inmersa en la creación de un portavelas que, reconoce, le ha causado alguna que otra inseguridad. Sin embargo, «en cerámica, pruebas y después ves si te gusta o no. No te gastas miles de euros probando».
Abiertos a los cambios, el equipo de Studio Islas no descarta explorar las posibilidades del color. Aunque por ahora una de sus señas de identidad es esa búsqueda de la naturalidad del barro -blanco o terracota-, Fuster nos avanza que están «introduciendo diferentes texturas, acabados y esmaltes… pero requiere mucha experimentación». Prueba, ensayo, error y, sobre todo, sentido.
El futuro de Studio Islas se presenta, precisamente, como un horizonte plagado de posibilidades. Aunque la idea es seguir con el formato híbrido de showroom y taller, ya piensan en una pequeña tienda en un lugar más comercial, en incorporar personal y, por qué no, en ampliar la gama de materiales, más allá del barro. «Quizá alguna colaboración con gente que hace vidrio, por ejemplo». Crecer, al fin y al cabo, pero sin perder su esencia. Seguir siendo una empresa que se inspira y produce en la isla a través de un diseño contemporáneo y artesanal que homenajea la luz mediterránea.



