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Mesquida Mora

Vinos con arraigo

La cata es el punto culminante de nuestra visita. Como hace un día estupendo, la haremos fuera, en una mesa de madera que utiliza una enredadera a modo de sombrilla, para poder estar resguardados del sol.

Autor: Cristian Rodríguez Domínguez

Fotógrafo: Jaume Oliver

Bienvenido a un viaje sensorial a través del mundo de la vid, donde cada copa es un portal hacia la riqueza de aromas, sabores y experiencias que solo el vino puede ofrecer. En el encantador enclave de Porreres, nos sumergimos en una cata que trasciende lo ordinario, explorando la diversidad y la excelencia vinícola que esta región tiene para ofrecer.  

Iniciamos esta experiencia una mañana soleada de febrero, cuando estacionamos el coche en el aparcamiento del celler. Pronto nos recibe Bàrbara, alma mater de la bodega, quien será nuestra guía y desvelará todos los secretos de este proyecto tan arraigado al territorio. El punto de partida de nuestra visita es el huerto circular de autoconsumo, donde nos sumergimos en la rica historia del proyecto familiar que se remonta a cuatro generaciones atrás, hasta 1945, cuando su bisabuelo inició la elaboración de vino y la plantación de albaricoques, una tradición muy vinculada con Porreres.  

Pero el proyecto Mesquida Mora nace en 2012 como un punto de inflexión, una nueva oportunidad para ella de continuar con el legado vitivinícola. Bàrbara nos cuentan cómo, sin un sitio donde ubicar la bodega, pero con una profunda conexión con la tierra, decidió embarcarse en esta aventura junto a su hermano para darle un nuevo impulso a esta empresa. Finalmente conseguiría el espacio, una  antigua vaquería que pertenecía a la familia desde hacía tiempo.  

Continuamos con el recorrido que nos lleva por los viñedos, donde la variedad monastrell (abundante en el mediterráneo) es la predominante, pero también hay plantado un poco de la otra variedad: callet. Ambas se cultivan con esmero siguiendo prácticas sostenibles. Aquí aprendemos el sistema de plantación en vaso, que prioriza la calidad sobre la cantidad, y es un método que necesita de menos agua, recurso este cada vez más escaso. Otra técnica que se utiliza es la plantación de cubiertas vegetales, que se pueden ver entre las hileras de viñedo y ayudan a evitar el uso de pesticidas.

Nos dirigimos ahora al edificio principal, donde se encuentran la bodega. El espacio no es muy grande, pero la idea era que fuese algo rápido de montar para ponerse en marcha cuanto antes. El espacio lo componen ocho tanques de aluminio y uno de madera, donde se deposita el vino una vez procesado. Al  fondo de lo que queda de la vaquería original se encuentran Carlos y Sebastián, que en ese momento están bombeando vino de los tanques hacia barriles de madera más pequeños porque están preparando el coupage de Sincronía tinto.  

La cata es el punto culminante de nuestra visita. Como hace un día estupendo la haremos fuera, en una mesa de madera que utiliza una enredadera a modo de sombrilla para poder estar resguardados del sol. Antes de llegar la primera de las botellas que vamos a saborear, Bàrbara nos trae una tabla de madera, repleta de comida para acompañar el maridaje: panades, uvas, fresas, Quelys, pan con camaïot y sobrasada, entre otras delicias. 

Empezamos con Sincronía blanco, el más vendido. Una mezcla perfecta entre premsal y giró de viñas jóvenes y un coupage de chardonnay. Con notas afrutadas, es un vino suave y ligero con un final denso pero fresco. El segundo de los vinos es Acrollam, otro blanco, pero en este caso con un cincuenta por ciento de variedad premsal (obtenido de tres elaboraciones: maceración carbónica, fermentación con piel y prensado directo) y otro cincuenta por ciento de variedad giró (en este caso, esta variedad injertada en cepas de merlot). Nos encontramos aquí con un sabor más profundo, gastronómico, con un punto salino.  

El tercero de los blancos es Premsal des camí de Felanitx. Premsal cien por cien, plantado sobre arcilla roja, cerca de donde nos encontramos, entre Porreres y Felanitx. De elaboración sencilla (directamente  prensado, con muy baja cantidad de sulfitos), es un vino delicado, fino y ligero. Entran en escena los  tintos: Sòtil y Trispol. Trispol (2021) compuesto por tres variedades: callet, syrah y cabernet. Esta última la irán sustituyendo por gorgollasa, ya que apenas queda cabernet. Es un vino ligero, gustoso y con  cuerpo. Y, por último, Sòtil. Elaborado en su totalidad con callet, es más más florido, etéreo, más fino.  

De esta forma ponemos punto final a nuestra visita y cata de vinos en Mesquida Mora, no sin antes hacer acopio de una botella de Sincronía blanco y agradeciéndole a Bàrbara todo el tiempo que nos ha dedicado en esta experiencia que esperamos repetir.

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