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Mel caramel

Biodiversidad extraordinaria, asombrosa miel

Producto LocalEcológico
Autor:
Aina Coll
Fotógrafo:
Jaume Oliver
04.03.2025
El clima mediterráneo, la diversidad floral y la localización de cada apiario son algunos de los factores que determinan las propiedades organolépticas de las mieles de Mel Caramel. Cada cosecha es diferente, pero hay dos claves innegociables para Martí Mascaró: la calidad y la pasión por una afición que se convirtió en profesión.

A veces el azar, una coincidencia o una semilla de curiosidad que va alimentándose y creciendo puede transformar nuestras vidas. Algo así le sucedió a Martí Mascaró cuando su por entonces jefe le empezó a hablar de sus colmenas de abejas. Encandilado por su entusiasmo, un día, Martí le pidió que se las enseñara… y se hizo la magia.

Lo que empezó hace ya treinta años como un hobby de fin de semana se convirtió en una nueva e inesperada vida laboral. «Nunca hubiese pensado que sería apicultor profesional», reflexiona ahora, «pero hace siete años se dieron las condiciones para abandonar el sector turístico y dedicarme a la apicultura».

Desde entonces, de apiario en apiario -ya cuenta con veintidós- Martí ha dibujado un mapa de delicioso sabor y aroma dulzón que recorre la isla, sobre todo la Serra de Tramuntana, desde Fartàritx, en Pollença, hasta la possessió de Mosset, en Escorca; desde Monnàber Vell, en el municipio de Campanet, hasta el Puig de Galatzó. De estos puntos emblemáticos sale su miel: Mel Caramel.

La ubicación de las colmenas no es aleatoria, todo lo contrario: su localización es clave en la idiosincrasia del proyecto porque, para conseguir la certificación ecológica, los apiarios deben estar, al menos, en un radio superior a los tres kilómetros de cualquier actividad agrícola industrial. No obstante, más allá de la certificación, para Martí también es cuestión de principios: «los pesticidas que utilizan matan a las abejas y yo siempre me he querido alejar de eso».

Así, con las ideas bien claras, una visión sostenible que atraviesa cada una de sus decisiones y el saber hacer artesanal, Mascaró investiga y trata de entender la riqueza del entorno y la diversidad de los ecosistemas de la isla para conseguir que cada miel que produce sea única, diferente, excelsa, consciente de que, como en toda actividad agrícola ecológica, hay factores imposibles de controlar, como la climatología.

«La apicultura es la ramaderia más difícil porque dependes totalmente de la climatología y además tenemos muchas especies invasoras»

«En Mallorca tenemos un clima mediterráneo que supone o lluvias torrenciales o épocas de sequía que determinan la producción de la miel», explica, porque «la falta de lluvia afecta al sistema, pero el cuándo también. Lo ideal es que llueva antes de la floración porque si llueve cuando todo ya ha florecido, el agua lava el néctar de las flores».

«La apicultura es la ramaderia más difícil porque dependes totalmente de la climatología y además tenemos muchas especies invasoras», sigue explicándonos Martí, a quién le preocupa especialmente la vespa velutina -una especie del sur asiático que se come las abejas para alimentar sus larvas- que ya hizo estragos el año pasado y se ha convertido en «un gran problema que tenemos en el horizonte. Los apicultores estamos muy preocupados».

«Hay miel que se compra en el exterior y que luego se envasa aquí como miel mallorquina»

A pesar de las dificultades, Mascaró ha hecho de una afición, su profesión y de su profesión, un modo de vida y, aunque no es el único que produce miel certificada como ecológica en la isla, su proyecto ya es un referente en el sector a pesar de que la producción no deja de ser limitada. Una palabra, la producción, clave para el apasionado apicultor que recalca la importancia de que los consumidores diferenciemos entre producir y envasar. «Hay miel que se compra en el exterior y que luego se envasa aquí como miel mallorquina».

Sea como sea, más allá de la cantidad, a Martí le obsesiona, desde siempre, la calidad de sus mieles, un esfuerzo que le ha llevado a recoger sus frutos: desde 2017 participa en el concurso de mieles ecológicas Biomiel, en el que un jurado internacional analiza, cada año, muestras de alrededor del mundo en términos de sabor, aroma, color y textura. En 2024, Fartàrix ganó una medalla de oro y seis variedades más de Mel Caramel consiguieron una medalla de plata.

La calidad y el reconocimiento local e internacional avalan la producción de Mel Caramel, pero también la imagen y el packaging de la marca, profesional e inspiradora, cuidada al detalle, así como la venta, que prescinde de intermediarios: la miel, por ahora, solo puede comprarse directamente en la web o en las ferias artesanales a las que Mascaró acude personalmente.

Alejadas de la civilización, las abejas de Mel Caramel trabajan en localizaciones de la isla con una extraordinaria biodiversidad que se plasma en las propiedades organolépticas de cada tarro. Un lujo artesanal para nuestro -dulce y gustoso- deleite.