«De proximidad, sostenible y local», así define Miriam Ferré Mediterranean Pöppy, el proyecto profesional con el que diseña, estampa y confecciona prendas para bebés, niños y adultos. El concepto se mantiene férreo desde que empezó su andadura en Barcelona, aunque su marca se ha transformado después de aprender, gracias a la sabiduría de los maestros artesanos, el oficio de la llata.
El fin de una etapa laboral impulsó a Ferré a trabajar por su cuenta a través de Poppy Kids, una marca con la que producía ropa para los más pequeños desde una mirada sostenible y con mucha creatividad. Sin embargo, una estancia en Mallorca modificaría su rumbo. Con ansias de aprender, se trasladó a la isla y descubrió cómo producir complementos de palmito: «mi máster fue encontrar a la persona que me enseñase directamente. Para mí cursar un máster era tener un papel más y decidí invertirlo así».
Tras un periodo de aprendizaje y un flechazo insoslayable con esta tradición artesanal, aunó ambas disciplinas y ahora, afincada en un pueblo del interior de Mallorca, crea prendas de ropa y complementos de palmito desde una visión muy particular. ¿Su factor diferencial? No trabaja con stock, aquí todo se produce bajo demanda.
«La llata es un instrumento que te enseña quién eres. Al final, es como quien hace punto o croché».
En un planeta en el que se desechan 39.000 toneladas de ropa, para Ferré era vital trasladar sus principios a su negocio. «Entonces medité, ¿en el marco de mis recursos qué puedo hacer? Primero pensé en diseñar tallas estándar y que alguien produjera las piezas, pero creía que este concepto debía cambiar. He estudiado diseño, sé coser, así que decidí que todas las prendas serían bajo pedido».
Ahora crea piezas para bebés, niños y adultos -«muchos padres al ver los estampados para niños me pedían una prenda de su talla», afirma con orgullo- de principio a fin. Por su cabeza y por sus manos pasa todo el proceso, desde la inspiración -en la que la naturaleza juega un papel imprescindible- hasta la confección. Investiga tejidos, juega con los colores, diseña y estampa, y entonces solicita a su patronista de confianza el patrón de la prenda que ha ideado.
Cuando este llega al taller, todo está listo para la confección, solo falta, eso sí, el encargo. Al trabajar cada prenda bajo pedido, Miriam evita un exceso de estocaje, pero también logra aprovechar cada centímetro de tela, cada retal, porque «de una tela sin cortar -dice- se pueden hacer mil cosas».
Sus diseños atemporales no entienden de etiquetas y sus coloridas prendas son, también, respetuosas con la piel y el entorno. «Siempre intento escoger materias primas naturales, lino o algodón orgánico. Con los calcetines todavía no lo he conseguido, pero es mi próximo objetivo», afirma con convicción.
Trabajar según un sistema pre-order implica un tiempo de espera -de tres a cinco días, por lo general-, algo que su público, local, nórdico e italiano principalmente, entiende porque practica «otro modo de consumir», alejado de los tiempos que impone el fast fashion, «y busca diseño, exclusividad y calidad».


«Ahora que hay más restricciones para trasladar excedentes a África y que cada vez tomamos más conciencia de lo perjudicial que resulta quemar excedentes con materiales sintéticos, las grandes empresas deberán, también, ir por este camino».
Esta manera de entender la moda, quizá una rareza todavía, cree Miriam, es el futuro porque «ahora que hay más restricciones para trasladar excedentes a África y que cada vez tomamos más conciencia de lo perjudicial que resulta quemar excedentes con materiales sintéticos, las grandes empresas deberán, también, ir por este camino».
Las prendas de ropa comparten protagonismo, en Mediterranean Pöppy, con el palmito. Con la vocación de contribuir a la permanencia de esta artesanía arraigada al levante mallorquín, aprendió el oficio al lado de artesanos de Capdepera, Artà y Pollença, y descubrió que cada par de manos sigue una técnica y que el resultado es siempre único. «La llata es un instrumento que te enseña quién eres. Al final, es como quien hace punto o croché».
Su pasión por el diseño, cuenta, la interpela a trasladarlo al palmito y generar, así, piezas artesanales pero más actuales. De este modo, Ferré ocupa sus tardes tejiendo llata y las horas de la mañana las dedica al textil. Decidida y segura de estar trabajando en lo que le gusta desde la perspectiva que dictan sus principios, Miriam acude a pop ups y ferias especializadas -como el Rata Market- y también cuenta con una tienda online que funciona, a su vez, de escaparate.
Este modo de producir y de vender le permite estar en contacto, directo y humano, con el cliente, e incluso abrir las puertas de su taller si alguien siente curiosidad por saber dónde y cómo se confecciona la prenda que va a vestir. «Entregar el pedido en mano, los comentarios que recibo y saber que lo que hago es para alguien concreto me llenan», afirma con una sonrisa tímida.
La sostenibilidad, que atraviesa los cimientos de Mediterranean Pöppy de forma transversal, también atañe al packaging que envuelve las prendas: cajas recortables que se pueden reutilizar porque, si algo tiene claro Ferré desde que cursó sus prácticas curriculares, es que existen muchos modos de aprovechar los recursos que nos rodean.
Enfrascada en su proyecto, Miriam sabe que está donde quiere estar y que su vocación va más allá de vestirnos o de crear una cesta con sus manos. Su deseo, cuenta, es compartir su forma de entender el diseño y la moda, y contribuir a que reflexionemos sobre nuestro modo de consumir. Sin moralismos ni lecciones, sino haciéndonos partícipes de los procesos. Por eso, ahora planea impartir un curso monográfico y enseñar lo que ella aprendió a su llegada a la isla. El objetivo es noble y doble: que la artesanía no se desvanezca y que todos contribuyamos, con nuestros actos, a hacer de este un planeta más amable.



