GastronomíaYumee. Cocina de encuentro
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Encandilados por las elaboraciones de La Velo, pero no saciados con la primera ronda, pedimos con curiosidad una Weiss de trigo que desprende un ligero deje de plátano.
Autor: Aina Coll
Fotógrafo: Jaume Oliver
Los tres míticos molinos que flanquean la siempre animada calle Indústria de Palma son un emblema del barrio de Santa Catalina. Forman parte de su postal desde el siglo XIX y conviven con la oferta gastronómica del barrio, que no ha parado de crecer en los últimos años.
En la calle, el bullicio que empieza a notarse hacia las 18:00 h de la tarde anticipa el ambiente que va a ir, in crescendo, según avance la noche, pero a esta hora todavía uno puede tomarse una cerveza con tranquilidad en La Velo, una fábrica de cerveza, street food y burgers, como anuncia, claro y directo, su cartel. ¿Qué mejor plan para un caluroso jueves de julio afterwork?
Mesas altas y taburetes, sofás y sillas de diferentes colores, suelo de microcemento y un techo negro dibujan la estética del local, un espacio un poco retro, un poco grunge, que recuerda a una fábrica o a un garaje, pero es una cervecería o, mejor todavía, las tres cosas a la vez porque, nada más entrar, tras la cristalera descubrimos los enormes tanques donde elaboran su propia cerveza.
Con Gorillaz como banda sonora -Dreams aren't bad, our heads are mad, I love the girl, but God only knows it's- observamos, algo perdidos, los diez tiradores que reinan en la barra y que cambian de forma regular. La oferta del momento, anunciada en la pizarra, nos sitúa ante un universo de brebajes que queremos catar: summer lager, brown ale, fruit sout, session IPA, schwartz, Munich lager, Hazy IPA, doppelbock, neipa y Weiss, pero optamos por pedir consejo. Siempre será una buena idea dejarse recomendar por la sabiduría de los expertos.
Somos cuatro -porque a un lugar como este se debe ir bien acompañado- y, tras las explicaciones pertinentes, nos lanzamos a la piscina. Empieza la cata. Comenzamos con una hazy IPA, una cerveza muy cremosa y amarga, seguramente la más dura de las que probamos. Session IPA es el contrapunto: suave y con sabor afrutado, entra fácil y es disfrutona; summer lager es ligera y refrescante -ideal para los que prefieren ir sobre seguro- y la Múnich lager es, simplemente, difícil de describir con palabras por todos los matices que presenta, pero una apuesta muy especial que nos sorprende y encanta a partes iguales.
Encandilados por las elaboraciones de La Velo, pero no saciados con la primera ronda, pedimos con curiosidad una Weiss de trigo que desprende un ligero deje de plátano. Increíblemente buena y muy distinta a todo lo que habíamos bebido antes, no había mejor forma de terminar nuestra primera experiencia aquí.
Las cervezas artesanas nos gustan por muchos motivos, pero seguramente uno de los más notables es que nos recuerdan el goce que supone saborear lento. Retener el sorbo. Tratar de descifrar cada matiz. Captar los distintos aromas. Y todo mientras compartes un rato entre risas y conversaciones pintorescas con tus amigos. Suena bien, pero sabe mejor.
Mientras catamos las birras, picamos unas palomitas y curioseamos la carta de la microfábrica: patatas fritas caseras de Sa Pobla, fingers de pollo con queso maonés DOP, ensaladas y una larga lista de hamburguesas smash de carne de vacuno nacional. Además, el menú cuenta con algunas opciones veganas apetitosas, una de ellas, con queso de Bon Bessó.
Lo mejor de descubrir un lugar y no degustarlo todo es que sales del sitio con ganas de más. Nosotros nos marchamos de La Velo contentos y satisfechos, pero con muchas ganas de volver. Cerveza artesanal de calidad, trato exquisito y buena compañía. No, no había mejor plan para hoy. ¡Benditos jueves!
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