CAN PA, en colaboración con Jasper Morrison, en Palma; Tiffany Wonder, con OMA, en Tokio, y Camper Lab, en París, son algunos de los últimos proyectos en los que ha participado Huguet, una de las fábricas de baldosas hidráulicas y de terrazo más icónicas del panorama actual. Su historia, familiar, pero también de revisión y reinvención, es una demostración de que volver la vista atrás y regresar a los orígenes puede ser, además de coherente, la clave del éxito.
Corría 1933 cuando Biel Huguet fundó, en Campos, una pequeña empresa de fabricación de piezas de cemento, elementos fundamentales en la construcción isleña del momento. Tras su fallecimiento, su mujer Margalida, se involucró en la gestión de la empresa hasta que su hijo Damià, en 1962, asumió el liderazgo de la empresa. Eran tiempos boyantes para el sector turístico y el crecimiento urbanístico, un factor que dictó un cambio determinante en el sector: la artesanía perdió fuerza ante la producción masiva y las demandas del mercado relegaron la producción de hidráulicas a un plano más que residual.
«Creo que Huguet ha destacado porque, ante una propuesta, de entrada siempre es un sí».
Sin embargo, la familia Huguet conservó su maquinaria, una decisión clave que facilitaría la vuelta atrás, en los 90, cuando Biel Huguet -nieto del Biel, el fundador-, emprendió una nueva etapa que retomaría la artesanía y la producción personalizada con un valor diferencial: apostar, encarecidamente, por el diseño. Esta historia, que sigue escribiéndose hoy, adopta patrones y formas geométricas, dibuja colores mediterráneos y toma forma en moldes que Isabel, técnica del departamento de diseño y producto de Huguet, nos enseña en una mañana cualquiera de producción en la fábrica.
Creo que Huguet ha destacado porque, ante una propuesta, de entrada siempre es un sí’, reflexiona, consciente de que el diseño ha sido clave en la reinvención de la empresa en un sector altamente competitivo. «Experimentamos y hacemos baldosas muy personalizadas, que no ofrece casi nadie porque, además, el trabajo manual se está perdiendo» . Así es como las baldosas de Huguet visten hogares, comercios y showrooms; y dan forma a bañeras, mesas, lavabos y muebles en Barcelona, París y Berlín, en Tokio en Nueva York, y, por supuesto, también en la isla. «Nos gusta ver nuestras baldosas en proyectos de todo el mundo, pero también valoramos muchísimo que la gente de aquí cuente con nosotros.»
En una visión empresarial que huye de tendencias, apuesta por la personalización y abraza el diseño contemporáneo, en Huguet también cuentan con una línea estándar que venden a través de su tienda online, una vía que les permite llegar a más público y más diverso, desde alguien que va a «reformar una casa familiar antigua en un pueblo de la isla y quiere el mismo patrón y colorido»hasta a alguien «de Australia que desea una mesa personalizada».


«La esencia de Huguet se basa en la voluntad de ofrecer el oficio y esta tradición a los diseñadores y arquitectos actuales e intentar poner al día algo tan nuestro».
Conscientes de que su materia prima es el cemento, desde hace años la empresa explora caminos para encontrar alternativas más sostenibles, como la cal, el barro y la tierra compactada, e incluso experimenta con restos derivados de obras y de zapatos que suman, más valor si cabe, a través de alianzas creativas. Es el match perfecto: poner en las manos de un artista la sabiduría de un oficio tradicional. «La esencia de Huguet se basa en la voluntad de ofrecer el oficio y esta tradición a los diseñadores y arquitectos actuales e intentar poner al día algo tan nuestro».
Han dado en el clavo, desde luego, como demuestran sus apariciones en prensa (en AD, en Wallpaper*, en ICON Design o en el New York Times) y los innumerables premios que coleccionan (galardones ADI FAD por doquier y reconocimientos a su estrategia empresarial), pero, como señala Isabel, «el mayor éxito de Huguet es que trabajamos con artistas y diseñadores destacados de todo el mundo que son top en su sector» al mismo tiempo que han sido capaces de crecer sin alterar su sistema, sin renunciar a su esencia. De hecho, reivindicando el pasado -lo que fueron como fábrica, lo que fuimos antes del boom-. Y así, con maquinaria heredada de 1933, siguen fabricando belleza artesanal. De Campos al mundo.



