Un seregall es una zona rocosa y pedregosa, originada tras un desprendimiento. De estos materiales, durante siglos, los payeses han creado bancales, zonas de cultivo y canalizaciones de agua a lo largo de la Serra de Tramuntana. Que la finca de la familia Gual Pons, en Fornalutx, se llame Es Seregalls no es casualidad: estas construcciones trazan su paisaje junto con los 500 olivos que, desde 1994, han ido recuperando de este olivar antes abandonado.
Joana se remonta hasta dos décadas atrás, cuando en esta finca había todavía mucho trabajo por hacer para devolverle todo su esplendor, mientras dispone platos, cubiertos y pa amb oli para berenar a media mañana. Nos recibe alegre y hospitalaria, con ganas de contarnos la historia de Es Seregalls, su evolución y su esencia, veinte años después: «Somos una explotación agrícola que ha abierto sus puertas».
En el día a día y a lo largo de todo el año, en Es Seregalls se cuidan los olivos, se recoge la aceituna cuando llega octubre y se entrega a la Cooperativa de Sóller, de la que la finca forma parte, para que se encargue de elaborar la aceituna de mesa y el aceite de oliva virgen extra. Con el fruto que se descarta, se produce aceite que no se comercializa, «un aceite muy popular entre las familias del campo que sirve para cocinar». La dinámica, pues, se asemeja bastante a la de cualquier campo de olivos de la isla.
«Lo fundamental no es el valor económico, sino mantener el árbol y el cultivo».
Sin embargo, el propósito del proyecto ha ido un paso más allá porque, como cuenta Joana, «lo fundamental no es el valor económico, sino mantener el árbol y el cultivo». Con esta visión, y con la experiencia de haber trabajado en el sector del producto local, en Es Seregalls se han propuesto dar a conocer el producto y el entorno, el paisaje y su historia.
«Vemos gran cantidad de personas que atraviesan la Sierra de Tramuntana, pero seguramente nadie les ha explicado qué ven, así que optamos por hacer paneles informativos desde el punto de vista del payés». La idiosincrasia de la olivera mallorquina y su morfología, el vocabulario arraigado al campo, pero también la historia de los muros de pedra en sec, la geología, la botánica y la ornitología de la Serra a disposición de todo aquél que visita la finca con ganas de saber más sobre aquello que nos rodea o, como bien define Joana, «sabiduría popular que da a entender la riqueza del olivar».
La iniciativa empezó el pasado junio e invita, a locales y a visitantes a tomarse una pausa. A observar, a descubrir y a entender la vida del olivar de montaña desde una perspectiva que fomenta el turismo sostenible. «Turismo sí, pero respetuoso, y para que sea así tienes que mostrar lo que eres. Si no, no dejas de ser una franquicia», afirma Joana, contenta porque, a pesar del poco tiempo transcurrido y de que arrancaron en los meses de más calor, la respuesta ha sido positiva. «El turista disfruta al descubrir este rincón del mundo y el local parece que se pregunta ‘qué me han contado hasta ahora, que no había entendido nada'».


«Me parece maravilloso tener sinergias con otros proyectos con conceptos parecidos al nuestro. Es Seregalls se ha abierto para ser generoso».
Esta es la clave: la voluntad de transmitir información atraviesa la razón de ser de Es Seregalls, que también cuenta con un pequeño museo de oficios, el Porxo petit, ofrece visitas guiadas -que pueden reservarse directamente en su página web- e imparte talleres, como el que orquestaron junto con Licors Tramuntana o el más reciente, con el que han enseñado a secar higos al sol, como se ha hecho tradicionalmente en la isla. «Es importante para nosotros recuperar y conservar costumbres y tradiciones. Al final, nuestra idea es que todo el mundo pueda tener acceso a esta información y valore lo de siempre».
Mientras catamos por primera vez en nuestra vida una serva, reflexionamos con Joana sobre conceptos tan en boga como sostenibilidad o slow food, coincidimos en la importancia de desentrañar las múltiples capas del producto local y de crear vínculos con empresas con filosofías similares. «Me parece maravilloso tener sinergias con otros proyectos con conceptos parecidos al nuestro. Es Seregalls se ha abierto para ser generoso».
Con la vista puesta en el horizonte de un paisaje bellísimo que dibuja la Vall de Sóller, Joana fija los objetivos de la finca: «que el que visite la Serra se lleve un conocimiento más amplio del lugar que ha transitado y que las personas que viven en Mallorca puedan saber más de nuestra tradición y de nuestra cultura».
Cuando la UNESCO declaró la Serra de Tramuntana Patrimonio Mundial en la categoría de Paisaje Cultural en 2011 se basó en dos conceptos: el paisaje y el cultivo. Parece lógico, pues, que todos compartamos la responsabilidad no solo de mantenerlo, sino también de aproximarnos a sus entrañas, a su historia, a sus particularidades. Y por supuesto, de transmitir esta sabiduría a los que viven aquí y a los que están de paso, generación tras generación. No hay mejor homenaje posible a nuestro entorno.



