Entre el ir y venir de aviones que sobrevuelan las proximidades del aeropuerto de Palma, Jessica Cilione observa, en su taller, la madera que ha recolectado de playas, bosques y podas como quién observa un camino plagado de bifurcaciones y, en cada una de ellas, detecta una oportunidad. El espacio, discreto, humilde y casi oculto, no es fácil de encontrar, pero alberga todo lo que necesita para dar rienda suelta a su creatividad.
Residente en Mallorca desde 2018, Jessica llegó desde Alemania, pero en realidad su tierra natal es Sicilia. Allí vio durante toda su niñez como su padre, «en el tiempo libre, trabajaba la madera», pero, como reconoce, «nunca me lo transmitió ni a mí me llamaba la atención, quizá por un tema cultural. Sin embargo, creo que lo tenía dentro y encontré mi propio camino».
Este camino es el de alguien que crea objetos -tablas, fruteros, llaveros, portavelas y sobre todo lámparas- a partir de madera reutilizada en su propio proyecto, Coco Wood Art, una recorrido que comenzó a gestarse durante el confinamiento. «Tuve mucho tiempo para pensar y analizar sobre mí. Siempre he sido muy creativa y en aquel momento tuvimos que aprovechar lo que teníamos y valorarlo».
Con la pandemia como catalizador, su cabeza hizo un «clic» -como ella misma lo define- disfrutando de un día en la naturaleza aún con restricciones. Un tronco con forma curiosa fue su primera inspiración y entonces descubrió su vocación: «quería transmitir a la gente que desde algo que a lo mejor no tiene utilidad se puede sacar un provecho».
«Quería transmitir a la gente que desde algo que a lo mejor no tiene utilidad se puede sacar un provecho».
Con estudios en moda y en diseño de interiores, reutilizar lo que tenía a su alcance y darle otra vida en un momento económico difícil fue el objetivo. Y fue a por él: con muebles desechados, a través de la pintura y también iniciándose en el mundo de la iluminación, algo que aprendió «de forma autodidacta, viendo vídeos, probando y fracasando mucho».
Cualquier lugar de esta isla, en la que se instaló en 2018, le parece un buen escenario para encontrar materiales inspiradores. Calas y playas -sobre todo tras una tormenta-, bosques, podas y árboles caídos. Tras recolectarlos, trata de visualizarlos y llevarse sólo aquello que cree que va a utilizar porque la idea, lo que anhela crear, a veces precede al tronco y, en otras ocasiones, tras encontrar el tronco, surge la idea.
De vuelta al taller, empieza el proceso de secado. Aquí viene cada día a trabajar desde que el patio de su casa se le quedó pequeño y sintió que comenzaba a molestar a los vecinos. Aquí ha encontrado todo lo que necesita por ahora. «Está cerca de casa, del colegio de mis hijas y rodeado de campo» en el que ha sembrado un huerto para el autoconsumo familiar.


«Como mujer, me siento empoderada y creo que le estoy dando un buen ejemplo a mis hijas. Lo que quieran hacer lo podrán hacer si ponen esfuerzo y empeño».
Con sus propias manos y la maquinaria imprescindible para dar forma a sus originales piezas, que demuestran que el reciclaje no está, ni mucho menos, reñido con la elegancia ni la belleza, crea a partir de pino, olivo y abeto objetos artesanales que hacen que una casa sea más hogar gracias a, como lo define ella misma, «una mezcla entre amor por la naturaleza y diseño».
Jessica contempla pasar los aviones mientras habla de su futuro, con cautela e ilusión. «Me gustaría ampliar el taller, quizá tener un showroom, entablar sinergias con marcas coherentes con mi filosofía…», afirma. Pero su cabeza está en el presente y su agradecimiento en aquellos que han creído en ella y la han acompañado, como su marido, «una persona fundamental en este proyecto».
Bien acompañada, con unas cuantas dosis de buen gusto, un toque de diseño y un profundo respeto por la naturaleza, Jessica ha ido escribiendo su propia historia a través de objetos, la mayoría creados bajo encargo, que capturan y transmiten su saber hacer sostenible y una mirada sensible que ensalza la belleza de lo que nos rodea.
Casi cuatro años después de ese día en el que su cabeza hizo clic, ahora reflexiona sobre aquello que llamamos logros, una suerte de metas alcanzadas: «Como persona me siento muy orgullosa de mí. Años atrás no hubiera ni pensado dejar el trabajo y empezar de la nada. Como mujer, me siento empoderada y creo que le estoy dando un buen ejemplo a mis hijas. Lo que quieran hacer lo podrán hacer si ponen esfuerzo y empeño». No se nos ocurre una recompensa mejor.



