Marcar como favorito

Forastera

Cerveza de aquí con gente de allá

Producto Local
Autor:
Joan Ramis Boscana
10.21.2022
Existe en Mallorca una cerveza artesana cuyo nombre brilla con personalidad propia: Forastera. Marta y Sven son los fundadores de un proyecto ecológico que suma ya casi diez años. Su conciencia sostenible es la base de su fermentación. Los amantes de los lúpulos encontrarán su fábrica en el corazón de la isla, en Alaró.

Los accidentes pueden ser dolorosos, dejar una marca indeleble, interrumpir el avance hacia un objetivo determinado. Todo eso lo sabemos de sobra. ¿Pero qué ocurriría si le diésemos la vuelta a su significado? Algunos accidentes propician cambios positivos, otorgan una amplitud de miras que antes del infortunio ni siquiera albergábamos. Los accidentes nos obligan a pararnos para reflexionar, a hacer un alto en el camino y así encender una antorcha. Según se miren, pueden alumbrar oportunidades. 

Eso fue lo que un día le ocurrió a Sven Gohdes, que hace unos años tuvo la mala suerte de romperse el tobillo. Una lesión que le dejó impedido durante un tiempo sin poder ejercer su profesión de cervecero. Una fractura que le mantuvo en casa y que le llevó a experimentar, desde el interior de su cocina, con un líquido que conocía bien. Forastera es una marca de cerveza mallorquina afincada en Alaró, un proyecto que Sven regenta junto a Marta, su pareja. Es ella quien nos recibe en su fábrica, un local que también hace las veces de tap room. «Nos sentimos muy orgullosos de nuestro producto». Esta es la carta de presentación que nos ofrece nada más sentarnos en unos taburetes, cerca de la barra, entre el plateado de los depósitos y el brillo de los vasos. Un establecimiento espacioso que se ha convertido en todo un santuario donde degustar lúpulos.

Marta se expresa con convicción cuando describe su cerveza. Su voz se impregna de unos valores que pone en alza con notas románticas a la par que reivindicativas. «Lo que queríamos era hacer un trabajo artesano. Queríamos huir de las grandes corporaciones, de todas estas estructuras que están destruyendo el planeta. Lo importante era hacer algo auténtico para devolver el sabor a los paladares». En ese momento, Sven accede al local y nos saluda animadamente. Con un marcado deje germano en su forma de hablar, nos sirve una Sa Roqueta. Un trago nos basta para comprender a qué se refiere Marta con la recuperación de sabores. Estamos ante una pils que sabe a gloria, ligera. Una rubia refrescante con un aroma que nos ancla en la tierra de la que procede. Su contenido atesora las propiedades del campo.

 

«Escogimos Mallorca porque a medidas que te haces mayor, te das cuenta de que te quedan menos veranos por vivir».

Después de un segundo sorbo, Marta se remonta a la Edad Media. Un viaje al pasado en el que podemos vislumbrar cómo algunas madres, en virtud de sus beneficios, alimentaban a sus criaturas a base de cerveza artesana. «Eran bebidas de muy leve graduación. Tenían todos los nutrientes de la malta y el agua era depurada. Antiguamente se condimentaba con hierbas medicinales como cilantro o romero. Por lo tanto, se les daba a esos niños un cóctel de salud muy bueno». 

Marta se explaya sobre la historia de la cerveza mientras Sven faena entre la maquinaria. Los dos se conocieron en Berlín, una de las cunas mundiales de la cultura cervecera. Fue ahí donde ella estuvo unos años trabajando como ingeniera. Nos cuenta que cuando volvía a su casa después de una ardua jornada laboral, montada en su bicicleta, algunos días se detenía en Hops & Barley. Ese era el nombre del local que Sven y su socio acababan de abrir, una fábrica de cerveza en la que también vendían su propio producto. La relación de Marta y Sven no fue la única que se fraguó entre los muros de ese tap room. «De repente acabé siendo la más aburrida en las fiestas. O bebía cerveza artesana o bebía zumos». Desde que se zambulló en las atractivas complejidades de lo artesanal, Marta vivió un romance sin estabilizantes ni conservantes con las birras de proximidad.

Pero Sven tenía un sueño que no se proyectaba en Berlín, sino en el panorama de Mallorca. La caída del muro produjo un cambio político a escala planetaria, y Sven pudo traspasar por primera vez las fronteras de su país. Su rumbo fue la isla. Su tío le regaló el pasaje, un presente que aprovechó para alquilar una moto y recorrer un lugar que le cautivó. Siempre quiso regresar. Marta, leonesa de nacimiento y con los ojos puestos en la aventura, también ansiaba dar un giro copernicano a su vida. «Escogimos Mallorca porque a medida que te haces mayor, te das cuenta de que te quedan menos veranos por vivir. Entonces es mejor irse a un sitio donde los veranos sean más largos». 

El año en que empezó su nuevo periplo fue 2013. La zona donde Forastera vio la luz fue El Molinar. En medio de ese viejo barrio de pescadores cuyas callejas desembocan en el mar, Sven y Marta elaboraron una cerveza que los catapultó al estrellato local. Una cerveza con otro olor, otro cuerpo, otra textura. «Tuvimos la suerte de que nuestro producto gustó, y en 2016 vimos que la fábrica de El Molinar se nos quedaba pequeña. Entonces empezamos la búsqueda y encontramos este sitio aquí, en Alaró». En la actualidad, el catálogo de Forastera se limita a diez variedades. Marta nos confiesa que si fuese por la creatividad inagotable de Sven, esa cifra sería mucho mayor. Pero prefieren acotar la producción a la decena, que consiste en cinco principales y otras cinco de temporada. «Cuando estamos en ferias es muy bonito ver cómo la gente se acerca sin preguntar qué tenemos. Directamente nos piden una Sa Roqueta y una Another Fucking IPA». El público conoce y reconoce su trabajo. Lo que vendría a ser la recompensa al esfuerzo.

 

 

«Quienes hacemos cervezas artesanas somos negocios pequeños y locales, con lo cual estamos contribuyendo a la sostenibilidad de todo el entorno».

Casi una década después de su inauguración, Forastera cuenta con un buen puñado de puntos de venta: tiendas gourmet, centros comerciales, bares y restaurantes distribuidos por toda la isla. Aunque es cierto que cuesta encontrar un resquicio de visibilidad entre la dominancia de las marcas industriales. «Forastera es una cerveza artesana llevada por dos personas. Es un proyecto pequeño y todos nuestros gestos se dedican a cuidar la biodiversidad». Esa es su seña de identidad. El agua que descarta su filtro de osmosis es usada para regar, parte del mobiliario lo han obtenido de la Fundació Deixalles, han cedido su establecimiento para realizar intercambios de ropa y la malta resultante del proceso de elaboración la donan a ganaderos de la zona.

Marta considera que en Forastera practican una economía semicircular porque «lamentablemente nuestra malta aún no es balear. Es que no la hay. APAEMA realizó un estudio y concluyó que la cebada autóctona no tiene la calidad suficiente para elaborar cerveza con ella». Ese lamento, sin embargo, viene acompañado de un mensaje optimista: asegura que se puede traer la semilla del norte de Europa para cultivarla en el clima mallorquín. La mitad del camino, por lo tanto, ya se ha recorrido. El trecho que resta tiene que ver con el proceso de malteado, y en Forastera han realizado sus pesquisas. Saben cómo realizar el germinado y el secado para preparar el grano, pero al ser dos personas no cuentan con la capacidad para cumplir ese cometido. Necesitan una tercera parte implicada en esa faceta del proyecto. Por eso hacen un llamamiento a quien se anime a colaborar con ellos. 

En Forastera consiguen los granos del cereal de una empresa familiar en Alemania. Un proyecto a años luz de las multinacionales. Por otro lado, la época de la pandemia les sirvió para poner en marcha los trámites burocráticos y así conseguir el certificado ecológico. Lo tienen desde 2020. Esta es la historia de dos personas de fuera, forasteras, que llegaron a este archipiélago para esforzarse en la elaboración de una cerveza con rasgos mallorquines. Una preciosa mezcla. «Quienes hacemos cervezas artesanas somos negocios pequeños y locales, con lo cual estamos contribuyendo a la sostenibilidad de todo el entorno. Y eso es más saludable para todos».

Sven se acerca en ese momento y nos pregunta si queremos otra cerveza. El accidente que sufrió fue de lo más oportuno.