GastronomíaYumee. Cocina de encuentro
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En el Vegan Bistró se hace todo al momento. No hay nada congelado. Un planteamiento que aplaudimos y nos hace salivar.
Autor: Joan Ramis Boscana
Hace ya unos años que el barrio de Santa Catalina se puso bajo la lupa de muchos jóvenes y extranjeros. El aspecto pintoresco de sus casas atrae como un imán, un magnetismo que se manifiesta en todo su esplendor en las terrazas de sus bares y en los puestos del mercado. Un bullicio humano con toques exóticos en el que también conviven las personas que llevan décadas habitando la zona. Percibimos ese ambiente cuando cruzamos su arteria principal: San Magí. Una calle que desemboca en una avinguda Argentina repleta de restaurantes y locales. Pero hoy vamos con un rumbo muy fijo, pues hemos oído hablar de un tal Vegan Bistró al que no le faltan piropos, y que está ubicado en un lugar donde palpita un ajetreo efervescente.
El establecimiento ya nos mete en su bolsillo al observar su decoración, que combina con armonía un suelo ajedrezado con sillas y sofás tapizados en verde. El tono mostaza se alterna en sus paredes con un blanco luminoso, una tonalidad que subraya la belleza de un lugar que se duplica gracias al reflejo de un espejo alargado. Servicial y detallista, José se acerca a nuestra mesa para preguntarnos si deseamos algo para beber. Nos informa de que disponen de La Virgen, una cerveza artesana elaborada en un Madrid que algunos conocemos bien, y que es sinónimo de añoranza y alegría. El Vegan Bistró nos seduce desde su preámbulo. La suma entre la península y Baleares ya es empezar con buen pie.
Nos descargamos su carta y los platos desfilan ante nuestros ojos. De repente, elegir se convierte en una tarea para la que no estamos preparados; sus descripciones son demasiado sugerentes. No obstante, se nos antojan dos propuestas que suscitan nuestra atención porque queremos probar cosas distintas, cada una de su padre y de su madre. José se acerca de nuevo y le comunicamos nuestra elección: un risotto de boletus y trufa negra y unos canelones de espinaca y calabaza. José asiente como si hubiésemos dado en el centro de alguna diana, y nos dice que el risotto tardará un ratito en salir porque en el Vegan Bistró se hace todo al momento. No hay nada congelado. Un planteamiento que aplaudimos y que nos hace salivar.
Durante la corta espera, José nos obsequia con un paté de aceitunas a las finas hierbas acompañado de unos picos. Y como por aquí somos amantes de mojar y untar, el tentempié nos sabe a pequeña delicia de tonalidad teja que se comunica con nosotros: nos dice que esto es solo el principio, que lo gordo viene ahora. A pesar de que el Vegan Bistró esté ubicado en Palma, la conjunción formada por el tapenade y La Virgen nos traslada a las entrañas del Madrid que tanto amamos, donde un cuenco de aceitunas se convierte en un elemento indisociable a cualquier mesa donde descansen un par de birras.
Volvemos a la realidad cuando nuestra petición hace acto de presencia sobre unos hules donde los picos y el paté ya son historia. El plato que a simple vista reclama nuestro interés es aquel que por estética huye de lo típico; jamás unos canelones se nos habían presentado con unas pintas tan sofisticadas. La cremosidad de la calabaza está envuelta en un pliegue de espinaca de textura espesa, una composición que sostiene una ricota de anacardos que se deshace al tacto, acompañada de salsa de tomate. Intentamos que todos los ingredientes nos quepan en el tenedor. En nuestra boca explotan con suavidad y una ligerísima dulzura.
Entonces nos acordamos del risotto, que humea sobre la mesa para decirnos que no nos olvidemos de que está ahí. Hincamos el tenedor en el plato. Lo hundimos en el arroz y nos cuesta sacarlo de ahí dentro, atrapado por la melosidad de una receta que llega a superar – y eso es difícil – a unos canelones que ya habían dejado el listón muy elevado. ¿Habíamos probado antes esta combinación? Sí. ¿Había sido alguna vez tan gustosa? No. Es como si el boletus, la trufa y el arroz no se hubieran visto nunca y celebraran su alianza con el ímpetu de las primeras veces. Una primera vez como la nuestra en el Vegan Bistró, donde repetiremos sin dudarlo.
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