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Temple Natura

Un paraíso en la tierra

Por suerte no hay mucha gente el día que comemos en el Temple Natura, que cuando asoma el buen tiempo se convierte en un enclave solo apto para disfrutones.

Autor: Joan Ramis Boscana

El casco antiguo de Palma deviene en uno de los mayores atractivos de la isla, un reclamo que tanto lugareños como extranjeros conocen bien. Los vemos deambular por las callejas del centro histórico, consultar un mapa para guiarse a través del laberinto urbano que forman sus fachadas. Nosotros acabamos de salir una tienda que justo se inauguró hace pocas semanas: Estiu Concept Store. Un espacio en el que se imparten talleres creativos y donde puede adquirirse la obra de numerosos artistas locales. Un lugar que despide gusto y elegancia, cerca del Museo de Mallorca, y del que salimos obnubilados. Lo que ocurre cuando alargamos nuestras caminatas es que el hambre, sin previo aviso, nos hace saber de su existencia. Cuando levantamos la cabeza, nos damos cuenta de que un cartel nos saluda desde las alturas. Su nombre lo dice todo: Temple Natura, un oasis de la cocina vegana que es de todo menos un espejismo.

Pasamos bajo el dintel de la puerta y un fresco pintado sobre la barra ya nos avisa de algo: el Temple Natura no es un lugar cualquiera. Las plantas que se enredan en un biombo de madera, ubicado en la entrada, son el preludio de lo que vamos a encontrarnos en su jardín, la joya de la corona de un lugar que nunca hubiésemos imaginado. Cruzamos una estancia llena de mesas donde un buda bañado en oro bendice el espacio. Unos escalones nos invitan a subir, atraídos por la claridad del mediodía. Es ya en el exterior cuando entendemos lo que nos acaba de decir el camarero: en el Temple Natura las cosas ocurren en el patio. Y qué patio. Un mandarino gigantesco preside un enclave sumergido en la vegetación. Mesas de madera cubiertas por toldos, algún platanero que también ofrece sombra, estatuas de piedra no exentas de misticismo y un pozo que cuenta con una edad avanzada. Por un momento, nos tienen que recordar que estamos en el centro de Palma; la escenografía indica otra cosa. 

A pesar del síndrome de Stendhal del que casi somos víctimas, el hambre no remite. La carta es una especie de declaración de amor a la gastronomía saludable. Una propuesta con alma mediterránea y destellos colombianos. Se nos hace la boca agua al leer todos sus platos, cobijados en un vergel de una belleza exuberante. Por suerte no hay mucha gente el día que comemos en el Temple Natura, que cuando asoma el buen tiempo se convierte en un enclave solo apto para disfrutones donde se celebran conciertos impregnados de intimidad. Nuestra mesa es blanca, de hierro forjado y adornada con una maceta en la que habita un pequeño ficus. Lo único que echa en falta es la comida, que no tarda en llegar después de que el camarero nos haya tratado amablemente.

Empezamos con algo de picar y pedimos un pan especial con alioli vegano y aceitunas negras. Un clásico de los aperitivos mediterráneos que en el Temple Natura adquiere otro significado. Tal y como su nombre indica, el pan es de lo más especial. Tostado, crujiente, listo para tirarse de cabeza en un alioli que está de vicio. El trino de los pájaros es la banda sonora de una escena que se desarrolla casi en la naturaleza. Al cabo de un rato, lo único que dejamos en el cuenco son los huesos de las aceitunas, porque lo demás ha desaparecido. 

Menos mal que aparecen de golpe dos maravillas llamadas burrito tingano y chili vegano. Su presentación es de lo más apetitosa, con colores muy vivos, y lo primero que nos hace abrir los ojos es el tamaño de las recetas. La cantidad de comida es copiosa. El burrito está preñado de un salteado formidable de heura, pimiento, tomate, lechuga y cebolla. Todo bien bañado por una salsa de yogur de soja y mostaza. Los ingredientes se funden con armonía en cada bocado, ayudados de cuchillo y tenedor. El chili vegano tampoco se queda corto, antes todo lo contrario. La soja texturizada encuentra su lugar en un tomate triturado que le hace sitio a los granos de maíz y los tropezones de pimiento. Brotes de soja y de cilantro han hecho cumbre sobre un montón de arroz al que no le faltan rodajas de aguacate y boniato. ¿Que qué tal la mezcla? Un espectáculo.

Si el Temple Natura nos ha gustado a la luz del día, iluminado de noche tiene que ser una gozada. 

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