GastronomíaYumee. Cocina de encuentro
Marcar como favorito

Santosha es el nombre que recibe un restaurante que nos invita a entrar por la propuesta de su menú, expuesto en código vegetariano.
Autor: Joan Ramis Boscana
Los interiores adoptan una importancia capital cuando en Palma ya arrecia el frío. El invierno está llamando a nuestra puerta para aliarse con la humedad, una combinación climática que se hace notar. Los abrigos inundan los escaparates de las tiendas, la gente pulula por la calle envuelta en bufandas y las luminarias se extienden sobre el asfalto. Eso es lo que percibimos cuando salimos de una exposición del Casal Solleric, un centro que siempre promete planes culturales que superan las expectativas. Enfilamos Jaume III bajo sus soportales y buscamos un sitio donde comer. Torcemos por el carrer del Metge Matas y una banderola negra restalla ante nosotros: Santosha es el nombre que recibe un restaurante que nos invita a entrar por la propuesta de su menú, expuesto en código vegetariano en la entrada del establecimiento. ¿Cómo vamos a decirle que no?
Escogemos una mesa situada junto a la puerta. La perspectiva que tenemos del local es casi panorámica, nos permite observar el eclecticismo decorativo del lugar: paredes de piedra vista de las que asoman plantas colgantes, cuadros con motivos marinos que manchan el espacio de azul y unas vigas de madera que casan con el parqué. Una bicicleta eléctrica Bonneville pintada en granate – una maravilla de las cero emisiones – custodia un arco que invita a pasar a otro ambiente. Ahí es donde se ubica la barra del Santosha, enfrentada a un banco empotrado a la pared con un montón de cojines. La ambientación de este restaurante es el resultado de los viajes que Ruth y Eran, sus propietarios, realizaron a lo largo de los años. Ambos recorrieron mundo y en 2016 decidieron crear un espacio que concentrara el resumen de su periplo. Un deseo más que cumplido.
Aunque para cumplidos también está su carta, que da fe de la variedad de esos viajes a partir de su cocina. Su menú nos ha ganado desde que lo hemos visto escrito en una pizarra, una oferta que incluye una copa de vino, dos platos y un postre que engatusan nuestro estómago con espíritu sano. Tenemos que reprimir las ganas de tomar alguna cerveza elaborada en Mallorca – Toutatis, Broll, Llop – porque el menú no las incorpora en su propuesta. Una tarea pendiente que tendremos que abordar el día que volvamos al Santosha, que esconde una sala ubicada en sus traseras que puede reservarse para eventos privados. Un espacio multifuncional que exuda intimidad donde celebrar fiestas, almuerzos o cenas. ¿Qué más puede pedirse?
Pues la comida, qué va a ser. Un primer plato de cuchara ideal para este frío de noviembre. Una crema de zanahoria y lentejas acompañada por dos trozos de pan. Una elaboración con un sabor potente, menos espesa de lo que esperábamos. Emana un calor reconfortante y está rematada por unas pinceladas de perejil. La música del local, basada en éxitos de los sesenta, acompaña nuestras cucharadas y nos transporta a una época donde el movimiento hippie ya se preocupaba por su dieta. Pero si hablamos de éxitos no podemos pasar por alto el segundo plato: una ensalada templada en la que bulgur, feta y tahini juguetean con la calabaza asada. Una virguería que también deja espacio para la almendra laminada y algunos brotes verdes. A pesar de su aspecto liviano, el plato cunde lo suyo. El origen del bulgur nos hace volar hasta Oriente Medio, un desplazamiento al que Eran y Ruth nos empujan a través del gusto para sentirnos en otro lugar.
Al cabo de un rato, una porción de pastel de plátano pone la guinda a un menú que nos hace ver que Palma, con el paso del tiempo, se está convirtiendo en una ciudad con una gastronomía saludable. El Santosha sabe aportar su granito de arena a este propósito. Su significado en sánscrito equivale a estar contento con el momento, y así nos sentimos.
Opciones sugeridas