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Cabra Verde

Casero es sabroso

Saboreamos el ensamblaje de texturas y sabores, y disfrutamos cada bocado.

Autor: Aina Coll

Fotógrafo: Jaume Oliver

Tras un viaje por la historia de Mallorca gracias a nuestra visita a los jardines y la possessió de Raixa, estamos hambrientos pero con ganas de disfrutar un ratito más de Bunyola. Con el deseo de saciar nuestro apetito, nos desplazamos hasta la plaza del pueblo y allí nos encontramos las terrazas abarrotadas de comensales que, claramente, se nos han adelantado. Sin embargo, nos topamos con una -la única- mesa vacía de Cabra Verde. Enseguida llama nuestra atención y preguntamos, apresurados, si puede ser nuestra. Respuesta afirmativa: la mejor de las noticias.

Acomodados en nuestra mesa, pedimos agua y una copa de vino blanco para la que nos dejamos recomendar y mientras esperamos que nos sirvan, echamos un vistazo a la carta. La propuesta es sencilla pero apetitosa: carpaccio de remolacha y carpaccio de ternera, cinco tipos de ensaladas -con queso de cabra, con pollo, con gambas, la mítica caprese y una de quinoa-, una selección de pasta fresca con diferentes salsas -verduras y pesto, boloñesa, crema de trufa y parmesano, con gambas y alla puttanesca- y, para acabar, gnocchi alla norma, almejas con ajo  y chile, ceviche y un plato de carne y pescado del día.

Mientras estudiamos la carta, la mesa de al lado se queda libre y un gato blanco, precioso, se acomoda en una de las sillas. Parece que también desea catar los platos que salen de la cocina, pero nosotros tendremos más suerte. De entrante optamos por el carpaccio de ternera y como principales, pedimos la ensalada de queso de cabra y los gnocchis, que desde la casa nos ofrecen combinar con la salsa que más nos apetezca de la carta. Elegimos boloñesa.

No pasa mucho tiempo hasta que llega a nuestra mesa el carpaccio de ternera, servido con helado de mostaza y miel, pesto, queso rallado y tierra de oliva negra deshidratada. Una combinación novedosa y sorprendente para nosotros a primera vista, pero que combina a la perfección en nuestro paladar. Saboreamos el ensamblaje de texturas y sabores, y disfrutamos cada bocado.

A continuación llegan los gnocchis caseros, que llaman nuestra atención por su gran tamaño, bañados en una salsa boloñesa también fresca y sabrosa. Enseguida detectamos que, como las bolitas de patata, también la salsa se cocina en los fogones del restaurante. La ensalada tampoco nos defrauda: servida con queso de cabra caramelizado con mermelada de arándanos, trozos de manzana roja, aguacate, tomate, pepino y perejil fresco, está regada con salsa de miel y mostaza. Una explosión de sabores refrescantes que funciona como un engranaje perfecto.

Cuando llega la hora del postre, nos ofrecen gató, tarta de zanahoria y crema catalana. Decidimos compartir un clásico entre los clásicos de la repostería mallorquina y optamos por el gató de almendra, que nos sirven con helado de vainilla. Esponjoso y con numerosos trozos de este fruto seco emblemático de la isla, resulta el final perfecto para esta comida improvisada.

Mientras observamos cómo los niños que salen del colegio atraviesan la plaza camino a casa y los ciclistas hacen una parada para recobrar fuerzas a la sombra, pensamos que, al final, improvisar suele ser un buen plan. Desde luego, para nosotros, el pasado de Raixa y el presente de la Cabra Verde han resultado ser una combinación inesperadamente perfecta.

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