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Raimundo Burger

Hamburguesas que ganan premios

El producto es siempre del mercado y fresco; se declaran enemigos acérrimos de los precocinados y congelados.

Autor: Joan Ramis Boscana

Muchas y muchos gritamos de júbilo cuando se tomó la decisión de peatonalizar el carrer Blanquerna. De un tiempo a esta parte, la calle ha pasado a convertirse en el epicentro de una ferviente actividad. Los automóviles ya no circulan por una vía libre de contaminación. A cambio, la gente se agolpa en las numerosas terrazas que caldean un ambiente siempre animado. Nosotros acabamos de salir de la librería Rata Corner, donde nos han aplicado un descuento de diez euros en el último libro que nos hemos comprado. Nos hemos acercado también a la tienda de segunda mano de la Fundació Deixalles y luego, ya en plena hora de papear, nos hemos dirigido al Raimundo Burger porque tenemos una reserva de la que ni se nos ocurre escapar.

La carta de presentación del Raimundo está compuesta por una ristra de premios y buenas críticas. Durante un par de años casi seguidos – 2018 y 2020 –, dos de sus delicias fueron condecoradas con el primer premio de The Battle of Burger: La Francesa y La Canadiense. Con esos galardones en nuestra cabeza, la boca se nos derrite por el camino hasta que el Raimundo se planta ante nosotros. Ya de entrada, el trato de los camareros es de lo más encantador y servicial. Hemos tenido que llamar por teléfono porque cabía la posibilidad de que llegáramos un pelín tarde. Por toda respuesta, nos han comunicado que problema no hay ninguno; incluso nos han propuesto pedir la comida de antemano por si la cocina hubiese cerrado. Finalmente, conseguimos llegar puntuales porque queremos disfrutar del banquete tanto tiempo como podamos.

El Raimundo Burger de calle Blanquerna es algo más espacioso que el de la plaza Raimundo Clar, pero ambos guardan el mismo parecido estético: una pátina de pintura blanca colorea una pared de ladrillo cuando accedes al local; el resto de su interior es un homenaje al estilo que se estila en buena parte de las hamburgueserías: el industrial, gobernado por techos, paredes y columnas negras. Desde nuestra mesa, colocada sobre un rectángulo de suelo con baldosas hidráulicas, podemos ver la amplia terraza de la que goza este segundo establecimiento que abrió sus puertas en julio del año pasado. Su eslogan lo dice todo: Nou local, mateixes burgers. Que mantengan el mismo espíritu culinario en su nuevo proyecto es un logro que celebramos cerrando el puño debajo de la mesa, no vayamos a llamar demasiado la atención. La carta del Raimundo es corta porque solo así consiguen potenciar sus hamburguesas, elaboradas con carne picada de aguja de ternera gallega. El producto es siempre del mercado y fresco; se declaran enemigos acérrimos de los precocinados y congelados. Y nosotros, amantes de la buena cocina, coincidimos con ese credo.

Las burgers en las que se han especializado en el Raimundo son siete. Seis de ellas han sido apodadas con un gentilicio. Aparte de las dos ganadoras que ya hemos alabado antes, también tenemos La Mexicana, La Italiana, La Argentina y La Americana. La única que no se engloba en ningún país porque su bandera no entiende de patrias es la vegana, una opción que hace sonreír a los que comulgan con esa creencia y a quienes queremos probar otras cosas. Sin embargo, a nosotros nos cae del cielo La Mexicana. Es decir: ciento ochenta gramos de ternera poco hecha que, al morderla, ofrece un tono rosado en su interior. El sabor de esta carne, libre de conservantes y colorantes, es intenso. La masticamos con lentitud porque somos unos golosos. El pan brioche, rociado con unas semillas de sésamo negro cosechadas en Mallorca, ligeramente tostado, se une en matrimonio con la textura caramelizada de la carne. Esta hamburguesa es un portento que no le dice que no al queso, que combina cheddar con feta sin complejos. La cebolla morada y el guacamole – recordemos, su origen es mexicano – le aportan un escozor sutil y fresco. Todo acompañado por media ración de boniatos salpicados con lima y patatas espolvoreadas con romero. Una fantasía perfectamente balanceada.

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