GastronomíaYumee. Cocina de encuentro
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El restaurante tiene un encanto sencillo con ecos hogareños. Y lo mismo podríamos decir de su comida.
Autor: Joan Ramis Boscana
Dicen que para conocer una ciudad debes perderte en ella. Una desorientación que suele darse al vagar por el centro histórico de Palma, donde cientos de callejuelas se entrecruzan en multitud de intersecciones que llevan a zonas distintas. Hoy hemos acabo en Sa Gerreria, un barrio con muchísima solera que está sufriendo un nuevo impulso y donde los bares, uno de sus reclamos, sientan en sus terrazas a jóvenes que quieren picar algo y echar un rato agradable con sus amigos. Entramos en la plaça de la Quartera, donde el Bar Flexas o la Tortillería, al caer la tarde, son dos de los centros de animación por excelencia. Hoy el tiempo no acompaña demasiado porque está lloviznando, y el clima nos empuja a buscar resguardo en el Plaer Natural, un vegetariano ubicado al lado de la tienda Flamingos Vintage Kilo. Un local que se distingue por unos platos caseros y sanos. Una combinación irresistible.
El calor nos envuelve justo al poner un pie en el restaurante, que a mano derecha tiene una barra que se enfrenta a un ventanal desde que el podemos observar la lluvia mojando la plaza. Se está a gusto en el Plaer Natural, un local que tiene un tamaño a simple vista engañoso. Parece estrecho y de proporciones discretas, pero sus tres alturas luego indican lo contrario. Si dejamos atrás la barra y nos dirigimos al fondo del restaurante, un par de escalones nos hacen bajar a una estancia abierta y ubicada en un nivel ligeramente inferior, poblada por algunas mesas. En una esquina del local, unos peldaños incitan a subir para poder comer en la planta de arriba, arrimados a una barandilla. Hay un elemento arquitectónico que se hace recurrente en Plaer Natural, y es el arco. Lo podemos ver para estructurar el restaurante en distintos ambientes, para subir por una escalera o para escudriñar el interior de una cocina que huele que alimenta. Y a ella nos debemos.
La camarera nos sienta en la planta de abajo, donde la sensación de cobijo en un día como hoy se acrecienta aún más. Un grupo de amigas está acabando sus platos, con una botella de vino presidiendo la mesa. Se las oye animadas. La chica que nos ha atendido nos pregunta si preferimos un lugar más tranquilo, pero la excitación de su charla no nos importa. Lo que nos importa es la segunda opción de menú que ofrece el Plaer Natural – la primera es algo más breve –, que consta de tres platos y postre. La razón que nos lleva a elegir esa alternativa, más allá de nuestro apetito, es que queremos probar cuanta más comida mejor. Le comunicamos nuestra comanda a la camarera, que se marcha hacia la barra caminando sobre un suelo hidráulico. El restaurante tiene un encanto sencillo con ecos hogareños. Y lo mismo podríamos decir de su comida.
El primer plato nos llega en forma de ensalada. ¿Sus ingredientes? Una quinoa que junto a la rúcula hace de sostén para soportar un pequeño ejército de garbanzos, cuya textura arenosa se confronta con la ligereza del cilantro y el pepino. Una mezcla que es de todo menos pesada, mediterránea, y que nos han servido sin frivolidades. La frescura de esta apuesta se coordina con la calidez del segundo, que es una interpretación vegetariana del fricandó, que en lugar de carne lleva cortes de seitán mezclados con arroz basmati, guisantes, zanahoria y patata. Un guiso que podría haber preparado nuestra madre, con un espesor que llena sin empachar y una temperatura que indica que acaban de retirarlo del fuego. La cuchara se regodea en el cuenco hasta limpiar sus bordes.
Cuando casi pensamos que la fiesta se iba a acabar, un taco de un volumen que no esperábamos – grande lo es un rato – se presenta ante nosotros con un relleno de champiñones, mozzarella y humus gochujang, que a diferencia del más convencional, se fermenta con soja y pimientos picantes. La tortita está crujiente, un tacto que crepita en nuestra boca para chocar de frente con la esponjosidad del humus. En algún momento, recurrimos a cuchillo y tenedor porque el interior del taco se derrama por el plato. Nos valemos del pan moreno que nos han servido de entrante para no dejar ni rastro de nada.
Nos encantaría hablarte del postre: un pastel de algarroba bañado en salsa de arándanos. Pero esa maravilla deberás probarla tú mismo.
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